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Dominical

Imaginario de Ibiza: Ponerle puerta a ses Portes y peinar el viento

Pasado el muelle de sa Canal, en el último núcleo de varaderos, alguien ha construido una estructura con postes de sabina que parece enmarcar el paso de es Freus. Basta con sentarse junto al refugio y fijar la vista en ella, para experimentar la sensación de que no existe paisaje más relevante que aquel que encuadra

Es Freus vistos desde una caseta varadero de la punta de ses Portes. / X.P.

Es Freus vistos desde una caseta varadero de la punta de ses Portes. / X.P.

@xescuprats

Cuando llegó la noche, las olas blancas iban acompasadamente de acá para allá a la luz de la luna, y el viento trajo a los hombres de la playa el sonido de la gran voz del mar, y ellos sintieron que ahora podían ser sus intérpretes (Stephen Crane).

Al final de la playa de Ondarreta, en el paseo marítimo de Donostia, aguarda el conjunto escultórico conocido como ‘El peine del viento’, obra del celebrado artista vasco Eduardo Chillida (1924-2002). Lo componen tres piezas de acero de diez toneladas cada una, que se incrustan en la costa rocosa, azotada por las olas del Cantábrico.

El escultor terminó esta obra en 1976 y, junto a ella, se habilitó una plataforma sostenida sobre los escollos, con varias perforaciones en el suelo, a través de las que ruge el aire y emerge el agua con furia, casi transformada en polvo por la fuerza con que el mar rompe contra la piedra.

Esta suerte de garfios o garras oxidadas, a la intemperie de tan abrupto paisaje, generan la ilusión de peinar el viento, que es una expresión que también se emplea como metáfora de lo quimérico, demostrando que a veces las empresas imposibles se sustentan en las emociones que provocan.

No hace mucho, durante un paseo por el poblado de sa Canal y los alrededores del muelle salinero, me acordé de la primera vez que contemplé ‘El peine del viento’ y pude percibir el magnetismo de sus formas e intenciones. En una de las últimas casetas varadero que se alinean al sur, más allá de las rampas de la salinera, donde antiguamente quedaban varadas las barcazas que trasladaban la sal a las goletas que por calado no podían fondear en la costa, se asienta una especie de puerta. El marco lo conforman dos postes y una traviesa, todos de sabina escasamente pelada y con su característica superficie rugosa, surcada de nudos y nervaduras.

Sin intenciones escultóricas

Dicha abertura al aire, a diferencia de los peines de Chillida, no alberga intenciones escultóricas ni conceptuales, sino que, según se puede deducir de los hilos de alambre que la engarzan con uno de los refugios marineros, sirve de mero sostén para el toldo que en las jornadas festivas proporciona sombra a los usuarios del varadero. Un soporte más elaborado y contundente que los que habitualmente se instalan con tal objetivo, pero mera estructura al fin y al cabo, sin otros alardes ni intenciones.

Basta con sentarse en perpendicular al centro del marco, con la espalda apoyada en la entrada de la caseta, y observar el paisaje constreñido por los puntales. Abarca desde la punta de ses Portes, con su torre, a los escollos d’en Terra, en Caragoler y sa seca de sa Barqueta más en primer plano, continuando después hacia el paso des Freus, los islotes des Penjats y des Porcs, con las atalayas bicolores de sus faros, s’Espalmador, s’Espardell y, algo más lejos, Formentera, con el perfil ensombrecido por la bruma.

Como si fuera del marco no pudiera existir un paisaje más trascendental. Tan irreal y tangible, al mismo tiempo, como peinar el viento.

La evolución toponímica de es Freus

Antiguamente, hasta el siglo XVI, según se explica en la Enciclopèdia d’Ibiza i Formentera, el paso des Freus era conocido como ses Portes. Con el paso del tiempo, el topónimo quedó reducido exclusivamente al cabo que cierra Ibiza por el sur y la torre de defensa costera erigida sobre él. Es Freus probablemente sea el único accidente geográfico en estado líquido que se percibe casi como un cuerpo sólido, por el choque de corrientes que aguarda a medio camino entre el puerto de la capital ibicenca y el de la Savina. Aquel navegante que dude de su existencia, sólo tiene que ir y atravesarlo.

(*) Cofundador de www.ibiza5sentidos.es, portal que recopila los rincones de la isla más auténticos, vinculados al pasado y la tradición de Ibiza

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