Coses Nostres | Las margaritas de Fibonacci
En las Pitiusas, la común y famosa margarita mediterránea recibe el nombre de ‘bolitx’ y es una planta que puede comerse como una verdura

La margarita mediterránea. / CAT

Margarita es un nombre genérico —demasiado genérico— en el que se integran incluso especies de varios géneros distintos, como Anacyclus, Bellis, Leucanthemum, Anthemis o Chrysanthemum. Y todas ellas se caracterizan por tener flores compuestas amarillas y blancas o de un uniforme color amarillo. Pero la margarita más famosa, probablemente la margarita por antonomasia y la más habitual en los campos pitiusos, es un crisantemo, Chrysanthemum coronarium o Glebionis coronaria, y es conocida por el nombre de bolitx o bòlitx (en la Enciclòpedia d’Eivissa i Formentera figura la forma bolig). «Cuando nos imaginamos una flor, todos pensamos en una margarita. Pero cuidado, no se trata de una flor sino de una inflorescencia, es decir, una estructura formada por muchas flores».
Lo explicaba unos días atrás el GOB Mallorca en su página de Facebook, usando la forma margalida, más común en el resto del archipiélago. Efectivamente, la flor más célebre de los campos de primavera ni siquiera es una flor, sino un conjunto de flores, un capítulo floral. En el centro amarillo de la margarita mediterránea se concentran decenas de pequeñas flores, que se van abriendo en círculos concéntricos desde el exterior, de manera secuencial, una estrategia destinada a reducir la autofecundación y favorecer polinización cruzada de los insectos. Y, además, puede observarse que en la periferia se encuentran flores liguladas, con largas lígulas blancas que conocemos como pétalos sin serlo y que sirven como corola que conduce a los insectos hacia el círculo de diminutas flores. Esas lígulas son las que se arrancaban una a una en el tradicional juego de ‘me quiere/no me quiere’. Este juego se basa en el hecho de que las margaritas no tienen todas el mismo número de pétalos (de falsos pétalos, en realidad), pero sí tienen una característica común muy especial que une la botánica con las matemáticas; y es que el número de pétalos sigue siempre la sucesión de Fibonacci. Es decir, el número de pétalos de las flores de todas las margaritas —sean Bellis o crisantemos— es una cifra de la sucesión de Fibonacci, que se va formando por la suma de los dos números anteriores y que se inicia así: 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34... En realidad, esta sucesión puede encontrarse en muchos procesos de la naturaleza, incluyendo la estructura de los caparazones espirales de algunos moluscos y en el crecimiento de muchas plantas. Además de las margaritas, también las alcachofas y los girasoles tienen pétalos en números de la serie de Fibonacci.
Margaritón
Aunque el común nombre de margarita es el más usado para referirse a esta planta de ámbito mediterráneo, también es conocida como manzanilla de flor dorada, antimonia, ojo de buey, margaritón o incluso flor de muerto.
Esta margarita mediterránea, que puede comerse como verdura (incluso las flores), contiene calcio y ácido fólico, y propiedades antisépticas, aunque sus usos medicinales y gastronómicos no están extendidos en las islas. Y aunque existen dos tipos de flores diferentes, una bicolor y otra totalmente amarilla, en la citada enciclopedia se señala que en la zona de Sant Rafel domina la variedad con lígulas totalmente amarillas. La más común es, sin embargo, la margarita amarilla y blanca.
Aunque el común nombre de margarita es el más usado para referirse a esta planta de ámbito mediterráneo, también es conocida como manzanilla de flor dorada, antimonia, ojo de buey, margaritón o incluso flor de muerto.
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