Imaginario de Ibiza

De ruinas y miradas cambiantes

De niños, los edificios en construcción o abandonados constituían un campo de juegos tan ilusionante como peligroso. Hoy, su presencia reiterada durante décadas únicamente produce repulsión.

Esqueleto de un edificio inacabado en Punta Xinxó.

Esqueleto de un edificio inacabado en Punta Xinxó. / Xescu Prats

@xescuprats

Heredamos la esperanza, regalo del olvido. Verás cómo entre ruinas damos a luz niños (Wisława Szymborska).

Esta fotografía del esqueleto de un edificio inacabado en Punta Xinxó se tomó hace justo tres años, aunque podría ser de ayer mismo, dado que el lugar conserva idéntico aspecto. A pesar de la repulsión que produce un mamotreto de tales dimensiones al lado de un paisaje tan excepcional como el de la bahía de Portmany —invisible desde esta perspectiva, pero justo en frente—, también ilustra la extraña fascinación que las estructuras abandonadas ejercen sobre algunas personas.

En ella puede verse a cuatro adolescentes o a punto de serlo, charlando apaciblemente mientras aguardan el atardecer. Contextualizada, la imagen aún resulta más simbólica, al trasladar, de alguna forma, el ansia de libertad y de espacios abiertos que entonces padecíamos, tras un año y varios meses marcados por los confinamientos, las fases de desescalada, los toques de queda, las ausencias de la familia y las amistades, las inquietudes laborales y demás angustias generadas por la pandemia. En ese arranque de verano de 2021, aunque ellas y él no las lleven, la gente aún andaba con mascarilla por la calle.

Sensación de seguridad

Tres están sentados con las piernas colgando desde un cuarto piso, sin protección alguna. Sin embargo, probablemente por el efecto óptico que produce la estructura más cercana al objetivo, que rellena la inmensa caída que en realidad tienen por debajo, la sensación no es de peligro inminente sino de serenidad y reencuentro.

En la infancia, no existía mejor campo de juegos que los edificios en ruinas o las estructuras en obras. Entonces, los albañiles no llevaban casco ni arnés de seguridad, y las construcciones tampoco se vallaban para impedir que niños y curiosos pudiesen herirse con bloques y varillas, o precipitarse entre las oquedades. Se trepaba tomando carrerilla por proyectos de escalera aún carentes de peldaños —rampas desnudas y resbaladizas—, y podías asomarte al vacío desde las alturas, como los adolescentes de Punta Xinxó. Jugar al escondite entre las gradas melladas del Festival Club constituía una aventura impagable y, ya de más mayores, cuando las descubrimos, las ruinas de Cala d’en Serra nos parecieron el paraíso.

Sin embargo, la edad prioriza el sentido estético y la seguridad por delante de las posibilidades de aventura, y la mirada experimenta un giro de 180 grados. El Festival Club sigue pasando desapercibido porque está de paso a ninguna parte, pero la estructura de Cala d’en Serra constituye una pústula impresentable y peligrosa en el paisaje inmaculado del norte de la isla, al igual que esta mole de hormigón, hierro oxidado y ladrillos lo representa, como tantas otras, para el entorno de Cala de Bou y el resto de la bahía de Portmany. Desmerece por completo un entorno turístico y residencial ya de por sí avejentado y obsoleto, tras tantas décadas de dejación y falta de inversiones.

No resulta difícil imaginar la inquietud de las familias que viven en los alrededores, al observar cómo sus hijos pueden acceder a semejante peligro, y tampoco deducir el rechazo que produce en los turistas que veranean por allí. Aún no se entiende cómo los sucesivos equipos de gobierno no lo han echado abajo, pero lo cierto es que los vericuetos de la legislación se lo impiden o dificultan enormemente. Cuando las leyes no funcionan hay que cambiarlas y precisamente para eso están la política y los parlamentos.

Punta Xinxó

La mole inacabada de Punta Xinxó es la de mayores dimensiones que existe en la bahía de Portmany y una de las grandes aberraciones urbanísticas de la isla. Está situada en primera línea de mar, ocupando una gigantesca manzana delimitada por las calles Es Caló, Huelva y Jaén. La planta del edificio tiene forma de ‘M’ y alcanza una altura de seis pisos en determinadas áreas. Se inició para albergar un complejo hotelero de 4 estrellas, denominado Bahía del Mediterráneo, con más de 250 habitaciones y varias suites. La licencia es de 2006 y desde entonces se han producido varios cambios de propiedad y promesas de terminarlo. De momento, todas incumplidas.

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