Coses Nostres

La babosa malva del Mediterráneo

La flabelina violeta es, probablemente, el nudibranquio más abundante de las islas, y a mediados de los años 70 ya estaba citado en Ibiza

‘Flabellina affinis’ fotografiada en s’Espartar sobre los hidrozoos de los que se alimenta. / CAT

‘Flabellina affinis’ fotografiada en s’Espartar sobre los hidrozoos de los que se alimenta. / CAT

@territoriocat

La primera vez que se observa a un nudibranquio ramoneando sobre algas, esponjas o hidrozoos, balanceándose con la corriente, sorprende tanto su forma como la intensidad de sus colores; es difícil explicarse cómo la evolución ha llegado hasta allí. Y, a pesar de la costumbre —de que estas criaturas no son raras en las costas y es fácil verlas en cualquier inmersión, incluso haciendo esnorquel a poca profundidad—, nunca dejan de fascinar como el primer día. Ni siquiera al pensar que son simplemente caracoles sin concha —babosas, aunque marinas—, pierden ni un ápice de su fulgor inicial de misterio de las profundidades.

Probablemente, la más abundante en el Mediterráneo y también en aguas de Ibiza y Formentera sea la flabelina violeta (Flabellina affinis). Sus colores malva y rosado, su cuerpo traslúcido, sus ceratas con toques de tono naranja y puntas blancas y sus rinóforos anillados son sus señas de identidad. Respecto a su abundancia, hay que señalar que esta especie compite en este aspecto con otro nudibranquio del mismo grupo, la hervia peregrina (Cratena peregrina), muy similar pero de color blanco y naranja. Sin embargo, un repaso de algunos estudios puntuales realizados en diferentes zonas del Mediterráneo occidental permiten concluir la preponderancia de Flabellina affinis, teniendo en cuenta que tanto la flabelina como la hervia son especies de nudibranquios relativamente grandes (entre tres y cinco centímetros) y hay taxones que apenas miden unos milímetros y pasan más desapercibidos.

Su alimentación

Como la mayoría de los nudibranquios eolidáceos, esta babosa violeta se alimenta de hidrozoos (una clase de animales que a menudo parecen algas, dentro del mismo grupo que las medusas). En concreto, la flabelina violeta se alimenta de hidrozoos del género Eudendrium, por lo que habitualmente la encontramos sobre sus colonias. Y esta conexión aporta una de las características destacadas de la flabelina, ya que, aunque puede encontrarse durante todo el año, es en pleno verano cuando se desarrollan las colonias de Eudendrium, por lo que es esta época en la que aumenta también la presencia de flabelina, que también deposita sus huevos (una especie de cordón de tono malva claro) sobre los hidrozoos (principalmente Eudendrium ramosum).

Respecto a la profundidad a la que puede encontrarse la flabelina (flabelina lila en catalán), suele situarse entre los cinco y veinte metros, y aunque es común en el Mediterráneo, también está distribuida en algunas costas del Atlántico y está presente en Canarias. Su nombre científico, Flabellina affinis, significa ‘similar a un abanico’.

A mediados de los 70, con los primeros estudios sobre la fauna de opistobranquios (grupo que incluye las liebres de mar) de las islas, la especie Flabellina affinis ya fue citada en Ibiza. El biólogo Manuel Ballesteros, autor de alguno de esos trabajos iniciales para el conocimiento de la diversidad de babosas marinas del Mediterráneo occidental, tiene una página en internet, OPK Opistobranquis, donde él y otros dos expertos aportan información muy interesante sobre estos curiosos animales y pistas para saber identificar todas las especies.

Los llamativos colores que suelen mostrar nudibranquios como la flabelina violeta advierten de su toxicidad, que adquieren, precisamente, de los hidrozoos de los que se alimentan. Los hidrozoos, como animales cnidarios que son (al igual que las medusas) poseen cápsulas de veneno llamadas cnidocitos, pero los nudibranquios disponen de unos gránulos de quitina que les permiten eludir las toxinas y al mismo tempo aprovecharlas para su propia defensa.

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