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Cuando Ibiza era otra fiesta

Eric Burdon, un imprevisto regalo de navidad

El gran músico ofreció un extraño concierto en Ibiza en las navidades de 2001 a beneficio de los damnificados de Afganistán

Eric Burdon en la rueda de prensa que ofreció en Ibiza. VICENT MARÍ

Supongo que, salvo a los que pintamos canas hace ya tiempo, el nombre de este señor músico británico de altos vuelos no le debe decir mucho, o más bien nada. Pues, resumiendo, sólo señalar que en la llamada década prodigiosa de los 60 era el cantante de una de las bandas británicas de rock y pop más apreciadas por la crítica y los aficionados exigentes: The Animals, que tampoco es que frecuentaran las listas de éxitos, pero tuvieron algunos, pocos, pelotazos. Sobre todo por su versión de un tema clásico del folk norteamericano: ‘The house of the rising sun’, que imitábamos todos los que en los 60 intentábamos aprender a tocar la guitarra. Una triste historia que se desarrolla en un prostíbulo de New Orleans y que me aprendí de memoria. Como otro de sus éxitos, ‘Don’t let me be misunderstood’. Vale. Pero qué pintaba en Ibiza Eric Burdon en las Navidades de 2001; y para dar un concierto benéfico a favor de los damnificados de Afganistán?

Eso mismo me pregunté yo, sorprendido y encantado, cuando recibí la convocatoria de la rueda de prensa para los medios de la isla, casi en el Día de los Inocentes. Pero no, no era una inocentada. Allí estaba el ya entonces talludito Eric Burdon, dispuesto a contestar nuestras preguntas. Por la mañana, y con una generosa copa de coñac en las manos. Lo que chocaba un poco en un rockero (y bluesero) de toda la vida, la verdad. A ver, al parecer la idea había salido de un grupo de veteranos músicos residentes en la isla, como Jon Michel, Rafa Peletey o Chris Lee. Y como por aquel entonces Eric Burdon estaba muy sensibilizado con la cosa social y tal, le gustó la idea y aceptó. Apenas conocía la isla, dijo. Había venido en el verano del 66 para una visita turística breve; y sólo había hecho lo que solían (y suelen) hacer sus paisanos británicos: playa y fiesta; porque el tema discotecas no estaba aún muy desarrollado. O igual ya estaban abiertas Pacha y Amnesia... Ahora no tengo ganas de ir a comprobar el dato. Ventajas del periodista jubilado, je.

Un venerable abuelo muy activo

He tenido que recurrir, claro, a la hemeroteca para recordar de qué hablamos con Eric Burdon en aquella extraña mañana navideña. Y con el lío de la lengua, traducida y tal en la mayoría de los casos, porque los plumillas no solemos ir por ahí presumiendo de idiomas. Y bueno, la cosa resultó de calado vario y diverso. Desde enterarnos de que ya era un venerable abuelo de tres nietos; de que seguía muy activo, tanto en la música como colaborando con causas sociales que le tocaran el corazoncito; tal era la que le había movido a venir a Ibiza en unas fechas tan poco propicias como la Navidad. Hasta escribir algún libro y dar su opinión sobre la situación política internacional, con opiniones críticas a los países poderosos del mundo; como correspondía a un músico más bien comprometido y algo contestatario desde su juventud. Desde luego, mucho más que otros colegas de oficio y país, tales como The Beatles, Rolling Stones o The Kinks, entre otros. Grupos con los que The Animals se codeaban en aquellos años, aunque no frecuentaran tanto las listas de éxitos como ellos. “Buen tipo, y con ideas muy claras sobre temas de interés social. Algunos tan delicados como las drogas en esta sociedad hiperdesquiciada: mantener el miedo como factor de cohesión entre represor y reprimido; a la vez que se defienden, claro, los intereses de todos los poderes fácticos más o menos fascistoides que controlan las grandes potencias”. Palabras que encuentro no en mi crónica periodística, sino en mi diario personal, una buena costumbre que he tenido, y aún tengo (de manera intermitente) para compensar mi poca y mala memoria. Añadiendo: “Nos dijo que había sido muy amigo de George Harrison, el menos brillante pero el mejor de los Beatles. Nos queríamos”. Y concluyendo así mi valoración de una rueda de prensa, que, por edad, por nivel de inglés y por la cosa generacional de afinidades varias, capitalicé mayormente: “En fin, un encuentro agradable de dos viejos amigos separados por más de treinta años, que aunque nunca se habían visto antes, se reconocieron enseguida”. Toma ya. Je, me ha hecho gracia leerme dos décadas después y comprobar una vez más que mi condición de periodista accidental no interfería con la otra, la de poeta. Esa que a veces despertaba en las circunstancias menos esperadas; como fue el caso, tan imprevisto, de estar frente a frente con uno de los ídolos de mis lejanas adolescencia y juventud.

En un principio, estaba previsto que el concierto navideño de Eric Burdon en Ibiza se celebrase en Las Dalias. Así lo aconsejaban la personalidad y la tradición del lugar, pues era de esperar que la velada atrajese a un público más bien madurito y con cierto toque nostálgico, como correspondía a una leyenda de los 60 como él. Pero después se decidió que la cosa tendría lugar en un espacio que, de entrada, no iba para nada con su estilo y características musicales, El Divino, un sitio más bien de esparcimiento veraniego conocido por presentar espectáculos de cierto brillo de papel couché. ¿La razón? Ya no la recuerdo, y leyendo las breves crónicas periodísticas, no se da ninguna explicación. Igual, supongo, fue la capacidad del local; más grande, creo, que la del local de Sant Carles. Lo que sí recuerdo con emocionada ilusión es el buen rato que pasamos aquella noche del 30 de diciembre de 2001. Y la sorpresa que me llevé a ver la cantidad de gente que había en la moderna sala. Más de la que esperaba, y con un amplio muestrario de edades, abundando, claro, más la de los melómanos con pedigrí, curtidos en las bandas y solistas con más solera del universo rock, blues y algo del pop más clásico.

Como también me sorprendió el buen nivel musical y de compenetración con Burdon que mostraron los cinco intérpretes de la isla. Se notaba la solera y la solvencia de todos ellos, así como el buen trabajo de ensayo que habían estado realizando en los días que el músico británico había estado en la isla; supongo que una semana o así. Unas singulares vacaciones de Navidad, desde luego, que quedaron archivadas en el recuerdo íntimo de los pocos regalos de lujo que la vida nos depara. Y para que quede constancia de su mérito y entrega, copio aquí los nombres de los cinco (aunque ya adelanté alguno al principio de este capítulo), tal como vienen en la hemeroteca de este Diario: Chris Lee y Jon Michel en las guitarras; Rafa Peletey al bajo, Vinnie Vincent en los teclados y Pep Llucia en la batería.

En cuanto al repertorio musical, fue variado y con momentos de intensidad emotiva; sobre todo con los temas más conocidos y recordados, que no fueron tantos. Y tampoco importaba, una vez metidos en la gracia y la magia del momento musical envolvente. Cuando el respetable ya ha conectado con el escenario y se produce el chispazo del buen feed back entre los músicos de arriba y la peña entregada de abajo. Aunque en lo personal, me llevé una grata sorpresa al escuchar un tema que no esperaba y que para mí tiene una notable importancia en mi biografía emocional: ‘When I was young’. Lo he recordado porque así lo apunté en mi diario personal, anotando una de sus estrofas más queridas: ‘My faith was so much stronger then,/ I believed in fellow men,/ and I was so much older then,/ when I was young’. Sí, querido Eric Burdon, mi fe acaso fuera más fuerte entonces, cuando creía en la humanidad. Aunque la verdad es que me sentía mucho más viejo de la edad que tenía en aquel tiempo, cuando era joven.

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