El arma del jardín biológica

Dos arañas del género ‘Araneus’, conocidas generalmente como arañas de jardín, son grandes depredadores comunes en Eivissa y Formentera que mantienen sanos los ecosistemas

Un ejemplar especialmente rojizo de Araneus angulatus.

Un ejemplar especialmente rojizo de Araneus angulatus. / CAT

Cristina Amanda Tur

Cristina Amanda Tur

Entre las arañas más grandes que pueden encontrarse en las islas están varias arañas de jardín del género Araneus, principalmente A. diadematus (la araña de la cruz) y A. angulatus (o araña angulosa). Y a pesar de su nombre común general, lo cierto es que su hábitat es mucho más amplio que un jardín y pueden verse ejemplares en el campo y en los claros de los bosques. Son las típicas arañas que tejen grandes telas circulares y que a menudo acechan a sus presas en el centro de sus telarañas. A partir del mes de abril, además, es fácil encontrar, incluso en las macetas, entre las hojas y aferradas a los hilos de seda, grupos de centenares o miles de pequeñas arañas recién salidas de los huevos. Son ninfas de color naranja con dibujos en el abdomen con los que podría identificarse la especie y que permanecerán unos días agrupadas antes de dispersarse.

Un ejemplar especialmente rojizo de Araneus angulatus.

Un ejemplar especialmente rojizo de Araneus angulatus. / CAT

«Las arañas que tejen telarañas circulares son las más importantes, porque las redes de algunas tienen una malla tan tupida que pueden atrapar toda clase de insectos voladores. Una red grande (de hasta 40 centímetros de diámetro) de la araña de la cruz o de jardín lleva unos 120.000 nódulos adhesivos en sus hilos». Puede leerse en el libro ‘Primavera silenciosa’, de Rachel Carson, un libro de cuya publicación se cumplen ahora 60 años y que fue la inspiración de los actuales movimientos ecologistas. Nos recordaba Carson la importancia de estos arácnidos y su valor como agentes de control biológico añadiendo que «una sola araña puede destruir en su vida de 18 meses un promedio de 2.000 insectos». En la actualidad, existen datos que apuntan a cantidades mayores, pero el mensaje sigue siendo el mismo. Asimismo, citando al doctor Ruppertshofen, señala que las crías «finas y delicadas de las arañas que tejen telas circulares que aparecen en primavera son especialmente importantes porque tejen en equipo una telaraña sombrilla sobre los brotes más altos de los árboles y, de esta manera, protegen a los brotes jóvenes de los insectos voladores».

Ejemplar de Araneus diadematus, araña de la cruz.

Ejemplar de Araneus diadematus, araña de la cruz. / CAT

La conclusión es que un jardín sano debe tener depredadores y que matar a las arañas es un grave error si se quiere mantener el equilibro del ecosistema y evitar plagas de mosquitos o moscas.

Por otra parte, si bien es cierto que prácticamente todas las arañas poseen algún tipo de sustancia tóxica, la picadura de las arañas de jardín citadas no es peligrosa para los seres humanos. En el caso improbable de que una de ellas decida atacar a un animal tan grande, el efecto será un dolor leve y una igualmente ligera hinchazón en la zona afectada; las picaduras de los mosquitos que una sola de estas arañas puede comerse en un año podrían resultar bastante más peligrosas.

Ninfas de araña de jardín.

Ninfas de araña de jardín. / CAT

El tamaño

Las hembras de las citadas Araneus son más grandes que los machos y pueden medir más de un centímetro y medio (sin contar las patas). Son venenosas, como la mayoría de las arañas, pero no peligrosas. 

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