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PCR en Ibiza: más allá del coronavirus

Para el laboratorio de microbiología del hospital can misses la pandemia del coronavirus ha traído no sólo muchísimo más trabajo sino, también, una tecnología que llevaban tiempo deseando, pidiendo y ansiando: la pcr

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PCR: más allá del coronavirus

La tuberculosis es una enfermedad mortal con unas consecuencias epidemiológicas importantes porque es muy transmisible. Más que el covid», detalla Javier Segura, microbiólogo del Hospital Can Misses. Tras la llegada del coronavirus, pueden confirmar un caso de tuberculosis en menos de 24 horas. Con una PCR. Si no fuera por la pandemia, es posible que todavía, para diagnosticar a una persona de tuberculosis, desde el laboratorio del hospital ibicenco tuvieran que enviar las muestras a Son Espases, lo que podría demorar la confirmación de esta contagiosa enfermedad varios días. «Con la PCR podemos dar resultados en 24 horas y eso implica que pueda iniciar el tratamiento», comenta el microbiólogo, que recalca que la tuberculosis, lejos de la idea de poética enfermedad del siglo XVIII, está muy presente en la isla: «A veces da la sensación de que no existe, o que es una dolencia del pasado o del tercer mundo. Pero Baleares, en 2020, fue la cuarta comunidad en casos e Ibiza somos la isla con más incidencia. Así que de los siglos XVIII y XIX, nada. Es una enfermedad muy patente y era un problema histórico de equidad del Hospital Can Misses no poder hacer un diagnóstico rápido de tuberculosis. Era un problemón para los compañeros clínicos».

Detalle de unas pruebas en una de las salas de Microbiología del hospital público. Toni Escobar

Poder confirmar o descartar contagios de coronavirus ha sido la excusa perfecta para contar con la ansiada tecnología de las PCR en el laboratorio de Can Misses. La excusa para contar con una sección de biología molecular «que permite mejorar el diagnóstico de una serie de enfermedades, diagnósticos que salvan vidas», comentan, casi al tiempo, los profesionales del servicio. «Las situaciones de crisis evidencian de forma muy notoria las carencias que tienes. De repente llega algo y se hace mucho más patente lo que te hacía falta y no tenías», explica Dori Hurtado, responsable de Microbiología. «Es lo que ha pasado con la pandemia, que cosas que llevábamos tiempo necesitando mejorar las hemos conseguido ahora. Llevábamos detrás de estas tecnologías mucho tiempo», continúa la jefa del servicio, que detalla que antes de la pandemia habían conseguido hacer mediante técnicas moleculares «los diagnósticos de gripe y de virus respiratorio sinticial». «No es que lo molecular sea una moda. Lo que aporta al diagnóstico esa tecnología es lo que impacta», comenta Susana Ramón, microbióloga. «En microbiología lo que se nos pide es que seamos cada vez más rápidos y más precisos. Que si es posible dar un resultado en minutos o en horas no lo des en días. Y que eso, además, sea de una precisión de casi el cien por cien. Que, si está, lo detectes en el cien por cien de los casos», continúa la especialista, que afirma que en esto «la biología molecular es tremenda».

Botes con muestras en una de las neveras del laboratorio del Hospital Can Misses. Toni Escobar

Segura señala que la microbiología basada en el cultivo (sembrar los microorganismos en una placa, alimentarlos, ver qué crece y qué medicamentos los afectan) es sensible, pero lenta. «En las primeras 48 horas es cuando una infección puede ir bien o mal y hay que empezar el tratamiento. Eso es lo que nos aporta la biología molecular: poder dar ese resultado el mismo día, no en 48 horas, tener la información que puede salvarle la vida».

Antes de la pandemia, estos resultados que ahora, PCR mediante, están en apenas unas horas, podían llegar a demorarse hasta cinco días. Había que enviar las muestras tomadas a los pacientes de Can Misses a Palma. Esto significa que si se envían hoy, se procesan mañana. Es decir, se demora casi lo mismo que un cultivo. Eso, en un día normal. Porque si la muestra se tomaba el viernes, por ejemplo, se podía demorar, explican desde el servicio hasta cinco días. «No tanto porque tarden sino porque enviarlas con transporte aéreo es una complejidad enorme», justifica Hurtado. «En una hora y media, como máximo dos horas», está, apunta Ramón. «Cuando tienes una tuberculosis, esa diferencia se nota. Puedes empezar de forma inmediata el estudio de contactos», comenta Segura. «Esta tecnología tiene, además, la ventaja añadida de que no sólo detecta si tienes o no la enfermedad sino, además, genes de resistencia, por lo que te orienta un poquito sobre posibles problemas con los antibióticos», añade Hurtado.

Imagen del laboratorio de Microbiología y Biología Molecular de Can Misses. Toni Escobar

Además del coronavirus y de la tuberculosis, la PCR se emplea también en casos de neumonía comunitaria grave. Es decir, cuando para los patógenos habituales no se obtiene un resultado con los métodos habituales. Esto, indican, se usa en casos graves porque la técnica ni es sencilla ni barata. «Usamos una técnica molecular que incluye hasta 16 patógenos. Tanto bacterias como virus», detalla Segura, que señala que en los casos de neumonías «normales y corrientes» no vale la pena este recurso. Pero ante un paciente grave, ingresado en la UCI o en la planta de Medicina Interna, aportar esa información en las primeras 48 horas supone una diferencia fundamental. Es una técnica cara, pero compensa. «Te permite administrar un antibiótico muy pronto, o un antivírico, puedes evitar una hospitalización, con los costes que eso acarrea», matiza Segura.

A la caza del bicho

A veces, la sospecha es de algo muy concreto y en el laboratorio buscan ese bicho. «Pero en Microbiología cada vez más lo que tienes es un síndrome, una situación, así que no buscas un microorganismo concreto sino toda una posibilidad de diagnósticos, lo que llamamos un panel. Hay técnicas moleculares que son capaces de extraer los ácidos nucleicos y buscar esos microorganismos», explica Susana Ramón. «Esto normalmente se emplea cuando ya has descartado patógenos habituales», señala Segura. «Sí, aquello que no se cultiva bien, bacterias básicamente, lo que te obligaba a hacer el diagnóstico de forma tardía. Veías, por ejemplo, con una serología, que alguien había tenido un micoplasma. Ahora podemos diagnosticarlo directamente», continúa Ramón.

Imagen del laboratorio de Microbiología y Biología Molecular de Can Misses. Toni Escobar

A veces, apunta la responsable del servicio, los límites entre una dolencia u otra están «difusos», como puede ocurrir con una meningitis y una encefalitis. Para eso, explica Dori Hurtado, existe «el panel sindrómico», que es capaz de detectar «varias dianas a la vez». «Llevábamos mucho tiempo detrás de esta técnica y la hemos conseguido», continúa la jefa de Microbiología, visiblemente contenta. Buena parte de estos casos se dan en niños pequeños, explican en el laboratorio. «Te dan como más cosita», reconocen. Esta técnica del panel sindrómico vendría a ser la versión laboratorio de la pizarra en la que los detectives de las series de policías pegan fotos de los sospechosos y de las pruebas. Es decir, es una búsqueda dirigida, nunca a granel, en la que se ha tenido en cuenta la historia clínica del paciente y su sintomatología. «No hacemos pesca de arrastre», afirma Hurtado, que destaca que más allá de las técnicas que se aplican en el servicio es «fundamental» la interpretación de un facultativo. «Hay que tener en cuenta que las pruebas de biología molecular son fantásticas, pero son caras. Cuesta que te den el ok, por eso tienes que optimizar muy bien ese dinero», insiste. «Es que, además, no empleadas en la indicación adecuada te pueden dar unos resultados que no necesitas o que no puedes usar», matiza Segura. Hurtado asiente: «No es la tecnología la que te da un buen diagnóstico. La tecnología es una mera herramienta que debes saber usar muy bien». «Lo bueno de las técnicas moleculares es que además de detectar, cuantifican. Te dan una idea de la carga bacteriana o vírica. Por sí solo, eso no te dice nada, pero en un contexto clínico es muy interesante», apunta Arantxa López, la bióloga molecular.

Imagen del laboratorio de Microbiología y Biología Molecular de Can Misses. Toni Escobar

Tras pensarlo un momento, la responsable del servicio rectifica. En contadas ocasiones sí que practican pesca de arrastre en el laboratorio: con las enfermedades de transmisión sexual. «Lo de no tener síntomas no es algo que pase sólo con el virus de moda. Y en estos casos, aunque no tengan una manifestación clínica, pueden ocasionar esterilidad», señala Hurtado, que destaca que también en estos casos contar en Can Misses con la posibilidad de hacer PCR «bucofaríngea o rectal» es importante. Estas PCR múltiples se emplean para detectar gonorrea, clamidia, tricomoniasis y micoplasmas. Antes de esta última ola, desde el laboratorio habían propuesto usar esta técnica tan ligada a la pandemia para el clostridium, una bacteria que se transmite por contacto, muy difícil de tratar, que cuesta mucho distinguir de una diarrea común, cuyas esporas resisten a la limpieza y que es fundamental aislar. «Por esto es importante tener en cuenta que aunque esta tecnología es cara en sí no podemos considerar que nos salga cara porque, al final, estás ahorrando por todos los lados», añade López.

Susana Ramón, Dori Hurtado, Arantxa López y Javier Segura. Toni Escobar

La pandemia ha supuesto en el laboratorio de Can Misses, además de jornadas extenuantes en las que las máquinas están funcionando 24 horas sin descanso, una «revolución». «Hemos pasado de tener nada o casi nada de diagnóstico molecular a todo esto», señala Hurtado, que abarca con el brazo todo el laboratorio. Eso sí, montar la sección ha supuesto «un esfuerzo sobrehumano» con la situación de pandemia. Y es que las máquinas y aparatos, como si hubieran venido de un Ikea de PCR. Y no es exageración. «Normalmente viene un especialista de producto o un ingeniero que monta los equipos y otro que se encarga de la formación y organiza los grupos», relata la jefa del laboratorio, que recuerda cómo abrieron las cajas con un cúter, sacaron con mucho cuidado la máquina y la enchufaron. «Fue un poco en plan ‘me das esa cucharilla blanca que parece la del huevo kinder’», rememora. La formación la hicieron por videoconferencia, el mismo sistema con el que resolvieron las dudas del montaje del equipo. «A veces nos mirábamos las caras unos a otros. Fue un reto. De los de verdad», opina Segura. Al día siguiente, en menos de 24 horas, se podían hacer PCR en Can Misses. «Es que hacía falta», indica, con cierto orgullo, la responsable del servicio.

La bióloga molecular, que venía de Mallorca, confiesa que le pareció «alucinante» cómo, en poco tiempo, en el hospital ibicenco salían unas PCR «preciosas». «Es una prueba que te puede dar un ruido de fondo. Trabaja con moléculas fluorescentes y si no está todo muy ajustado esa fluorescencia te enturbia el resultado. Además, un problema que hay en todos los laboratorios de biología molecular es la contaminación cruzada. Pues aquí, en un año, no he visto ningún caso», afirma. «Es que los técnicos hacen un trabajo excelente. Le han echado muchas horas y lo han pasado mal. Se han quedado las horas que hacía falta haciendo más de mil PCR al día. No son técnicas sencillas. Son muy laboriosas. Piensa que hablamos de microlitros, que es la milésima parte de un mililitro», afirma Segura. «Tiene mucho mérito, sí. Se han formado desde cero y con muy poquito apoyo externo», abunda Hurtado mientras Arantxa López muestra una de esas PCR de colores. «¿Ves? No hay ruido de fondo, salen bien los controles internos, los resultados se ven tan claros que no te da por pensar que ha habido una contaminación… ¿Ves? ¡Son preciosas!», insiste.

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