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Annual 1921: los ibicencos que lucharon en el Rif

Tras el desastre de Annual de 1921, hace un siglo, se recaudaron en Ibiza fondos para atender a los soldados heridos en los combates con los rifeños, pero se llegó a plantear la posibilidad de adquirir con ese dinero un tanque o un avión de combate. Decenas de ibicencos, algunos de ellos legionarios, participaron en aquellas cruentas batallas.

Interior de Monte Arruit, destruido tras el asedio de agosto de 1921.

Interior de Monte Arruit, destruido tras el asedio de agosto de 1921. / POR josé miguel l. romero

José Miguel L. Romero

José Miguel L. Romero

Ibiza

Hace un siglo, entre el 21 de julio y el 9 de agosto, las harcas rifeñas diezmaron a las tropas españolas que luchaban en el norte de Marruecos, entonces bajo nuestro protectorado. Primero la posición de Igueriben, cuyo derrumbe precipitó los acontecimientos, luego la de Annual, después la infame masacre de Monte Arruit... Las matanzas se encadenaron como consecuencia de decisiones militares absurdas y bravuconas, como las que tomó el general de división Manuel Fernández Silvestre, pero también por el lastre de años de corrupción (escaso y vetusto material de guerra que a veces era vendido a los propios habitantes de las cabilas; poca comida y en mal estado, el maltrato dado a los soldados, que vivían hacinados y eran pasto de las pulgas, además de su escasísima experiencia...), la traición de jefes de algunas tribus a sueldo de España, el caos, la desbandada que se produjo tras los primeros asedios...

Los ibicencos se enteraron muy tarde del matadero en el que se había convertido el Rif. El 22 de julio se podía leer en Diario de Ibiza que el ministro de la Guerra, Luis de Marichalar, aseguraba que todo iba como la seda en el norte de África: «Ha dicho [el ministro] que virtualmente han quedado terminadas las operaciones que comenzaron en Marruecos, habiéndose logrado todos los objetivos». Desde hacía un día, la posición de Igueriben había quedado arrasada, literalmente, después de que sus defensores pasaran días sin agua, sin municiones. Nadie socorrió a los 244 hombres allí parapetados, hambrientos y sedientos, de los que sólo sobrevivieron 34. El resto, como ocurrió también en Annual al día siguiente, o en Monte Arruit dos semanas después, fueron degollados, torturados, mutilados, y sus cadáveres profanados y despojados por los rifeños, tanto hombres como mujeres, de todo lo que portaban encima. Sus cuerpos permanecieron insepultos durante meses. Como los del Regimiento de Cazadores Alcántara nº14, al mando de Fernando Primo de Rivera que, empeñado en proteger la retirada de los supervivientes de Annual, fue aniquilado tras sucesivas cargas de caballería contra los harqueños.

la muerte del capitánirazazábal | D.I.

Tanques F-17 como los que en la isla se planteó comprar para vengar Annual. / US Army

Censura militar

De todo este desastre no se informó (vagamente, claro) hasta el 26 de julio en Ibiza: «La campaña marroquí (...) registra una nueva página de sangre y de dolor orlada de un heroísmo lleno de hidalguía y generosidad». Y se hizo con detalles escasos o que posteriormente se demostró que no eran tan fidedignos, como el supuesto suicidio del general Silvestre, que decidió, consciente de los errores que cometió durante semanas y posiblemente de que todo estaba perdido, resistir en Annual junto a las tropas que había metido en esa encerrona. O quizás el general, incapacitado psicológicamente para dar órdenes cuerdas en sus últimos momentos de su existencia, debía pensar que volvería a salir con vida de aquella batalla, como cuando en Cuba le pegaron cinco tiros y 13 machetazos. Esta vez no.

Tras dar por degollado al hijo de 8 años del capitán Irazazábal se pidió iniciar una guerra de exterminio

Pero si aquella escasa información (a los del Regimiento Alcántara ni se les mencionó esos días en la prensa ibicenca) era más que dudosa, desde el siguiente día los ibicencos recibieron aún menos detalles, pues se impuso la censura militar previa sobre «los asuntos de Melilla», de la que se encargó Bartomeu Ramon i Capmany, quien fuera director de varios periódicos de la isla, entre ellos este (aunque por pocas semanas). La censura era visible en las columnas de Diario de Ibiza en forma de noticias tachadas con unos bloques de tinta con forma similar a la de los actuales QR. El gobernador militar, Feliciano Pérez, además se encargó desde el 27 de julio de difundir fake news: «Respecto al número de bajas habidas en nuestra zona de África, carece en absoluto de fundamento (...) ni tienen visos de verosimilitud ni es posible comprobar las que se dan con carácter oficioso». Ya se hablaba de más de 1.500 muertos. Y se quedaban cortos los periódicos. En nuestro particular mes de la infamia, una nueva debacle tras la pérdida de las últimas colonias, se calcula que hubo más de 10.000 desaparecidos y hasta 9.000 españoles fallecidos en el desastre de Annual.

A comienzos de agosto nada sabían los ibicencos de la heroica resistencia del Monte Arruit ni de que los muertos ya se contaban por miles. Pero algo debían intuir porque se dedicaban vapores como el ‘Isla de Menorca’ al transporte de tropas y material de guerra a Melilla, para fortificarla ante el avance de las harcas rifeñas, y porque se avisó de que los soldados de cuota debían incorporarse a filas sin retraso alguno. También el vapor ‘Bellver’, que hacía travesías en las que recalaba en Ibiza, trasladó material de guerra a Ceuta.

«guerra de exterminio» | D.I

Un militar pasea a lomos de una mula entre los cadáveres de Monte Arruit. / DI

La muerte del capitán Irazazábal

La desinformación era absoluta. El general Felipe Navarro pedía insistentemente aquellos días ayuda a Melilla para defender Monte Arruit, donde los españoles, sin víveres y bombardeados por los cañones que les habían arrebatado en otras posiciones, eran acosados por miles de rifeños que ni les dejan abastecerse de agua ni les dejaban un momento de respiro para enterrar a sus muertos. El hedor, recordaron luego los pocos supervivientes, era insorportable. Pero la información que aparecía en el diario aparentaba normalidad en el frente: «El general Navarro comunicó que desde ayer habían quedado suspendidas las hostilidades, afirmando la aviación que desde esta tarde los contingentes enemigos que rodean la posición de Monte Arruit ha impedido que funcione el heliógrafo [aparato con el que, por morse, se transmitían mensajes mediante reflejos de luz] durante el día». La noticia fue publicada el 11 de agosto, dos días después de que, tras rendirse y ser desarmados, los asaltantes, traicionando el pacto al que había llegado con los militares españoles, degollaran, ejecutaran, mutilaran y saquearan a miles de soldados. Sus cuerpos, esparcidos por todo el recinto militar, serían encontrados meses después por las tropas que retomaron la posición. Eso sí, en aquella edición del 11 de agosto se hablaba de «un rumor grave referente a Melilla».

La legión no pedía documentación a quien se enganchara en Ibiza... ni tampoco ser mayor de edad

Los ibicencos supieron además en ese ejemplar que entre los militares fallecidos en el derrumbe de las posiciones españolas en el Rif se encontraba el capitán de Infantería Cándido Irazazábal Jaquetot y «su tierno hijo», de ocho años. El vitoriano Irazazábal era hijo de Laureano, exgobernador de Balears, donde Cándido se casó con María Hevia, sobrina de Antonio Maura (que en pocos días, desde,el 14 de agosto, volvería a llevar las riendas de España tras la caída del Gobierno a causa de lo sucedido en Marruecos). Pero Cándido Irazazábal era bien conocido por los pitiusos: «Esta fatal noticia causará, con toda seguridad, entre la sociedad ibicenca, donde la distinguida familia del malogrado señor Irazazábal contaba con innumerables simpatías, la intensa indignación y profundo sentimiento que a nosotros nos causa». El capitán, «de carácter franco y abierto», había «convivido» con los ibicencos durante una larga etapa de su vida.

ibicencos en la legión | D.I.

Muertos hallados en Annual meses después de la batalla. / DI

El militar falleció en Terbibin, en el zoco de Bu-Hermana, no está claro si el 21 o el 24 de julio, donde estaba al frente de esa posición. Contaba el periódico que se llevó a su hijo allí por prescripción del médico, para que «le diera el sol y disfrutase del aire puro». La guarnición aguantó las embestidas tres días, hasta que, según una de las versiones, se pactó que pudieran salir de allí na vez se desarmaran. Ocurrió como en Monte Arruit: fueron masacrados en cuanto depusieron las armas. «Y el pobre niño del capitán Irazazábal fue brutalmente degollado».

"Guerra de exterminio"

Una jornada más tarde, el ardor guerrero se apoderó de uno de los redactores del periódico, que no podía concebir que el niño hubiera sido «bárbaramente degollado por aquellas fieras», «bestias feroces» a las que habría que «tratar» como tales, dijo. Había que infligir a los rifeños, esas «hordas de salvajes», un «castigo ejemplar». A saber: «Si hasta ahora se trató de una acción de policía [la intervención del protectorado], hoy se trata de una guerra de exterminio, de castigo, pero castigo en una forma que no quede la posibilidad siquiera de que el castigado se revuelva». Y para ello nada mejor que enviar a Marruecos «ochenta, cien mil hombres, aeroplanos, tanques, gases asfixiantes...».

Pero no, aquel chaval de ocho años no murió. El pequeño Laureano recibió un disparo en el pecho, fue recogido por un rifeño y más tarde, tras conocer incluso a Abd-el-Krim (líder de la revuelta que le dio cuatro pesetas para que se comprara algo de comer en el zoco, una sandía) y ser curado por una niña «con agua y aceite», fue entregado a los españoles, como contó el periodista Gregorio Corrochano, corresponsal en Melilla de ABC. El redactor de es Diari no rectificó su propuesta de gasear a los harqueños, pero el diario sí publicó esos días un anuncio del jefe del banderín de enganche del Tercio de Extranjeros, la Legión, en la isla para que se apuntaran quienes desearan «luchar al lado» del Ejército en África. Al ser la Legión se hacia la vista gorda: «No necesitando los aspirantes a ingreso en dicho Tercio documentación alguna, bastando sólo ser mayores de edad y tener aptitudes físicas, y los menores de edad declaración escrita del consentimiento de sus padres».

matutes y pereyra APORTAN100 pesetas | DI

Annual tras ser recuperado por el Ejército español. / DI

Ibicencos en la legión

Y no fueron pocos. Un tal Félix Juan comunicaba mediante una pastelosa carta publicada en el periódico que marchaba a combatir». Incluso un tal Juan Marí, residente en Rusia, solicitó ingresar en la Legión fundada por José Millán Astray, su fundador, «para luchar como voluntario en Marruecos». También lo hizo Juan Escandell, Cuní, que partió a Melilla a mediados de agosto (regresaría en octubre aquejado de una enfermedad por la que fue declarado inútil), y semanas más tarde (y a pesar de su avanzada edad) Vicent Medina Puig, reservista y excombatiente en la campaña de Cuba.

A finales de agosto, cuando se empezó a conocer la magnitud de la catástrofe, desde Diario de Ibiza se propuso hacer «algo en favor del soldado que pelea en aquella ingrata tierra». Había que demostrar patriotismo, acabar con «el silencio». Es lo que estaban haciendo en otros lugares de España, donde abundaban las colectas para comprar pertrechos, aviones de guerra e, incluso, tanques. ¿Y por qué no en Ibiza? «Debemos hacer algo -insistía el periódico en su edición del 29 de agosto-, por poco que sea, en favor de nuestro Ejército. Si no es posible ofrecer un tanque o un aeroplano de guerra, o un hospital para heridos, al menos podría procederse al recurso de abrir una suscripción pública en la que prestaran su concurso los vecinos de los pueblos foráneos».

Matutes y Pereyra aportan 100 pesetas

Sí, por qué no un tanque, como esos pequeños Renault FT-17 que tan buenos resultados daban a los franceses. España llegó a adquirir una docena para combatir en el Rif durante la reconquista. Pero costaban un ojo de la cara, casi 50.000 pesetas de la época. Aun así, periódicos como La Tribuna se lanzaron a abanderar suscripciones públicas y «patrióticas» para adquirir algo aún más caro, un aeroplano al que se bautizaría con el nombre de Barcelona, donde se editaba el medio y en el que su redactor jefe era el ibicenco Bartomeu Roselló. En caso de adquirir algo, la Trasmediterránea se ofrecía a trasladarlo desde Ibiza hasta Melilla sin costes, fuera un tanque o comida o medicamentos.

Era fundamental crear una comisión «para marcar el camino y dirección de cuantos acuerdos se tomen». El alcalde, Juan Hernández, tomó la palabra al diario y convocó la primera reunión, que se celebró el 1 de septiembre. Eso sí, antes se habían adelantado las fuerzas vivas de la isla mientras alternaban en el café Pereyra. Quien sabe si al calor de unas hierbas, tras una acalorada exaltación patriótica de los presentes se propuso en esa tertulia iniciar allí mismo una colecta pública para que quedara claro que no eran «indiferentes», que era intolerable que no se hubiera hecho nada desde la isla. «Uno de ellos», no se concretó quién pero o fue Vicente Pereyra o fue Abel Matutes, encabezó la recaudación con 100 pesetas, que era un dineral en esos momentos. No está claro quién de los dos fue porque ambos pusieron la misma cantidad, 20 duros. Los demás abonaron menos: cuatro de ellos 25 pesetas, y dos, 10 pesetas. En total, 310 pesetas. Los donativos que se dieran en adelante debían entregarse a Pereyra... que cuatro días más tarde devolvió esos importes a cada uno de los tertulianos de su café tras constituirse la comisión que empezó a recaudar dinero por toda la isla.

3.945 pesetas no danpara un TANQUE

Cándido Irazazábal / DI

3.945 pesetas no dan para un tanque

Aquella reunión en la que se constituyó la comisión fue «honrada con la presencia» de la presidenta de la Cruz Roja, Cristina Montis de Tur, así como por Mercedes Wallis y Antonia Palau, y a ella asistieron desde el alcalde al gobernador militar (Feliciano Pérez) y el juez José Carrillo, así como Isidor Macabich como representante de Acción Social; Ramón Losada, teniente coronel de la plaza, y otros representantes de la sociedad ibicenca. El alcalde anunció que los funcionarios del Consistorio cedían un día de salario a la causa, y en el encuentro se propuso celebrar una tómbola en el Pereyra (que se descartó, por diversas dificultades, en favor, inicialmente, del Casino, aunque se anuló finalmente) y una función benéfica en el pabellón Serra, que tuvo lugar el 23 de septiembre a las 21.30 horas (película seguida de rifa y de un baile). Las «damas» de la Cruz Roja (17 en total) visitarían los comercios de la ciudad para recoger objetos que pudieran sortearse en la rifa. Otras «señoritas» se encargarían de visitar domicilios particulares para recaudar donativos.

La suscripción la abrió el Consistorio de Ibiza, que puso 200 pesetas de sus arcas. Los donativos podían entregarse en el despacho de la banca de Juan Torres Roig. Formentera acordó contribuir con 100 pesetas y constituyó una comisión para recaudar fondos para los «soldados heridos del Ejército de Melilla».

Al final no dio para un tanque, que realmente tuvieron más efecto psicólógico que letal en esa endiablada orografía del Rif, donde empezaron a actuar en marzo de 1922. Sólo se recaudaron 3.945 pesetas (el FT-17 costaba 12 veces más), que al menos daba para unas vendas y algunas camillas. El dinero se remitió al inspector secretario de la Reina (Victoria Eugenia de Battenberg) en la asamblea central de Señoras de la Cruz Roja a través de la banca Matutes, que tuvo «la consideración de no percibir el importe correspondiente de la comisión», aclaró el diario. Se dedicaría a la «suscripción iniciada por la Reina, con destino a los hospitales de la Cruz Roja».

El médico Eugenio Ruiz, al frente

Tras el desastre, comenzó la reconquista del Kert, como fue bautizada entonces la recuperación de los territorios perdidos, donde los militares comprobaron los horrores de la masacre cometida por los harqueños meses antes, como los cuerpos mutilados, algunos clavados a la pared o quemados vivos, de Zeluan, o los putrefactos, degollados, destripados o incluso desenterrados de Monte Arruit, sembrado de cadáveres. Tal como se había pedido en estas mismas páginas, se hizo sin contemplaciones, ojo por ojo en algunas ocasiones e incluso se recurrió a la guerra química. Allí fue enviado Eugenio Ruiz, médico militar destinado a Ibiza desde 1917 y que se convirtió en un héroe local durante la epidemia de gripe de tres años antes, cuando sustituyó a todos los médicos de la isla que cayeron enfermos. Hasta él mismo se contagió. Ruiz marchó el 4 de octubre rumbo a Valencia, primero, para embarcar luego hacia Melilla.

El horror narrada por un pitiuso

No fue el único en ser movilizado. El sargento de Infantería Vicent Noguera prestaba también sus servicios en Marruecos, desde donde envió una carta a es Diari en la que daba cuenta de que la complejidad y horror de aquel escenario bélico: «El día 28 de septiembre me tirotearon en esta avanzadilla [de Larache, en el frente occidental], donde me encuentro con 24 hombres como jefe de la posición. Fui herido contuso. Tiros tengo la mayoría de las noches, pero como la del 28 que cito no se había producido ninguna». Calculaba que 500 «rebeldes» les dispararon desde las 19.30 horas hasta la medianoche, y contaba que se pasaban «meses enteros incomunicados». Curiosamente, y pese a su dantesco relato, aquella carta pasó la censura militar: «Sobre lo que pasó en la posición de Akba El Ko-la [otro ataque de los marroquíes ocurrido el 27 de agosto que se cobró la vida de 175 hombres] ningún periódico ha dicho la verdad y nadie más que el que lo ha visto puede hacerse cargo del cuadro que presentaba dicha posición, pues a los ocho días después de haber ocurrido no se había terminado de quemar y dar tierra a los cadáveres. En una palabra, una catástrofe bastante grande. Todos los días tenemos algún caso parecido».

El 2 de octubre falleció allí «heroicamente en combate» el legionario de segunda Francisco Torres Escandell, del Tercio de Extranjeros. Fue uno de los 24 muertos que hubo durante la toma al asalto de Sebt, cuyo mando directo ostentaba Francisco Franco Bahamonde, a la postre dictador. Torres había trabajado en la construcción del puente de Santa Eulària y su familia vivía en Menorca. Su madre no sabía que se había alistado: pensaba que estaba buscando trabajo en Ibiza, quizás en Mallorca. Llevaba más de un año sin verle.

Artilleros ibicencos en el Rif

Y ya a mediados de diciembre marcharon «hacia tierra de moros (...) un puñado de hombres jóvenes, robustos y valientes» que iban a luchar «contra la más fanática, traidora y salvaje de las razas». Se trataba de un sargento, tres cabos y siete artilleros de la guarnición de Ibiza que fueron «llamados de urgencia» (tanto que algunos no pudieron ni despedirse de sus familias) para incorporarse a una batería recién constituida que se iba a dirigir a Ceuta. El Círculo Artístico de la isla invitó a los expedicionarios a un «lunch», tras el que embarcaron a Palma a bordo del ‘Isleño’. Fueron destinados a Marruecos el sargento Anselmo Pérez, los cabos José Martínez Egea, Antonio Tur Palau y Vicente Planells, y los artilleros José Torres Tur, Antonio Clapés Boned, Antonio Marí Roig, Jaime Marí Marí, Juan Ribas Serra, Francisco Planells Cardona y Vicent Marí Ribas.

Les esperaba allí una guerra cruenta, sin cuartel. La llamada reconquista no iba a ser un paseo militar, como había advertido Vicent Noguera en aquella carta o como el cabo de la Legión Antonio Guasch Ripoll detalló en una misiva enviada el 5 de febrero de 1922, en la que contó cómo su destacamento, durante la toma de un campamento enemigo, rescató a cuatro exprisioneros legionarios que se encontraban en delicado estado de salud «por falta de cuidados en muchos meses de guerra sin descanso y sin cuartel». Pero aquellos hombres no traían buenas noticias. Por sus indicaciones debían ser cautivos de Axdir, centro neurálgico de la revuelta de Abd-el-Krim, pues entre los prisioneros se encontraba el general Felipe Navarro: «Lo llevan siempre custodiado por tres moros con todo armamento -explicaba el ibicenco-, sin perdérsele de vista, y a los demás prisioneros les hacen arrastrar los cañones que los moros robaron a España durante los sucesos de julio último», es decir, en Igueriben, Annual y Monte Arruit, donde fue hecho prisionero el propio Navarro, que no fue liberado hasta enero de 1923.

La agonía iniciada en Annual aquel verano tórrido de 1921 se haría eterna para muchos pitiusos.

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3.945 pesetas recaudadas en Ibiza

Tras un mes, los ibicencos sólo recaudaron 3.945 pesetas, que fueron enviadas a la Cruz Roja. Esa cantidad impedía adquirir un avión de guerra o un tanque, tal como se llegó a plantear inicialmente y como hicieron otras poblaciones o incluso el periódico barcelonés La Tribuna, donde su redactor jefe era ibicenco.

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