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Contaminación lumínica: La nueva amenaza

Una nueva forma de polución se apodera del planeta: el exceso de luz artificial, que borra el cielo estrellado, amenaza la salud de las personas y altera la biología de animales y plantas

Ejemplos de alumbrado correcto e incorrecto. Joan LluÍs ferrer

El exceso de luz artificial es un problema que hasta hace veinte años apenas suponía motivo de serio de preocupación. Pero las alarmas se han disparado y la contaminación lumínica se está convirtiendo en una auténtica plaga en todos los rincones de España y el planeta. No solo es un problema para el medio ambiente, sino también una amenaza para la salud humana y, por supuesto, arruina la práctica de la astronomía.

Los focos con una potencia excesiva, con luz blanca cegadora (en vez de la ámbar, menos agresiva), mal orientados y emitiendo luz hacia el cielo ‘borran’ las estrellas, motivo por el cual los astrónomos de toda España tienen cada vez mayores dificultades para observar la Vía Láctea u objetos lejanos con sus telescopios. Pero esto, según afirma el astrofísico de la Universidad de Exeter (Reino Unido) Alejandro Sánchez de Miguel, es «una anécdota» comparado con los efectos que causa el exceso de luz artificial sobre las especies naturales y sobre el hombre.

Un estudio dirigido por Sánchez de Miguel estudió las emisiones de luz artificial entre 1994 y 2017 y descubrió que en ese periodo la contaminación lumínica en España puede haber aumentado hasta un 300%. «El problema es más grave de lo que creíamos», afirma el astrofísico.

Diferentes grados de contaminación lumínica.

Esta ‘explosión lumínica’ ha sucedido coincidiendo con la generalización de las luces Led, que ofrecen una potencia de iluminación mucho mayor y a menor coste económico. No todas las Led son malas, pues también las hay de luz cálida más tenue. El problema, afirman los expertos, lo representan las luces Led blancas, de altas temperaturas (3.500 o 4.000º K) que no solo alumbran, sino que deslumbran y tienen un espectro más amplio y parecido a la luz solar.

Contaminación lumínica:

La gama de impactos es enorme. Los animales nocturnos (aves, mamíferos, insectos) dependen de la oscuridad para vivir y un exceso de luz altera por completo sus hábitos y los pone en peligro, lo que, a la larga, repercute también en el ser humano. Muchas especies pueden ser cazadas por sus depredadores con más facilidad al haber más luz y perder la oscuridad como aliada natural; las tortugas marinas caminan por error tierra adentro, hacia los hoteles, creyendo que es el sol del amanecer; las aves marinas quedan cegadas y caen al suelo a centenares en las inmediaciones de algunas instalaciones fuertemente iluminadas, los lobos tienen más fácil atacar al ganado u otras presas; otros animales ven imposibilitada su capacidad de apareamiento y reproducción...

Contaminación lumínica:

Los insectos, por su parte, atraídos por esos focos mueren masivamente, causando así otro problema ecológico a las especies que dependen de ellos. De este modo, los mosquitos portadores del Virus del Nilo y otras enfermedades peligrosas tendrán así a su alcance a sus potenciales víctimas humanas.

Incluso la producción agrícola puede verse afectada, según ha demostrado un estudio publicado en la revista Nature. La luz artificial distrae a los polinizadores nocturnos, lo que redunda en una reducción de la producción de frutas.

Investigadores de Suiza descubrieron que la luz artificial en la noche interrumpió la cadena de polinización y redujo las visitas de los polinizadores nocturnos a las flores en un 62%, lo que se tradujo en una caída del 13% en la producción de frutas, y ello pese a que la polinización diurna continuó sin cambios.

El problema puede llegar a ser grave, porque el suministro mundial de alimentos depende de la polinización, recuerda la autora principal del estudio, Eva Knop.

Daños en la salud humana

El astrofísico de la Universidad de Éxeter señala además que la contaminación lumínica no solo afecta al descanso del ser humano (sus ciclos biológicos, como el de otros animales, están diseñados para descansar en la oscuridad), sino que también pueden inducir enfermedades graves: «Hay estudios que muestran una asociación entre niveles elevados de exposición a luz azul durante la noche y un mayor riesgo de padecer cáncer de mama y de próstata», explica.

Estudios del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISG) señalan, tras haber analizado el caso de numerosos pacientes, que aquellos individuos expuestos a mayores niveles de luz presentaban un 60% más de posibilidades de sufrir cáncer colorrectal. La causa no es directamente la luz, sino cómo ésta altera el reloj interno del organismo, es decir, sus ritmos circadianos.

El problema aumenta de año en año. La solución es fácil, pero las presiones del sector de los fabricantes de alumbrado no ayuda. Los expertos recuerdan que bastaría con no instalar luces blancas, sino de tono ámbar y solo allí donde realmente hace falta. «Orientar siempre los focos hacia abajo (no en horizontal y, mucho menos, hacia arriba) y no tenerlos encendidos toda la noche son otras cuestiones básicas», informan desde Cel Fosc, una entidad de ámbito nacional que lucha contra la contaminación lumínica.

Sin embargo, no parece que el problema vaya a solucionarse. El Gobierno español, a través de su Ministerio de Industria, tramita un decreto ley de eficiencia energética y control de la contaminación lumínica que, pese a su nombre, «aumentará la contaminación lumínica», afirman tanto desde Cel Fosc como desde otras entidades científicas y técnicas. A finales de septiembre terminó la presentación de alegaciones a esta norma, que ha sido duramente criticada desde amplios sectores, que ven cómo en otros países europeos, como Francia, se estimula el apagado del alumbrado en las horas centrales de la noche, mientras que el decreto español en trámite, en cambio, prohibirá tal práctica y obligará a mantener encendidas las farolas, «aun en aquellas zonas de nula actividad nocturna», señala Cel Fosc.

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