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Memoria de la isla

Primeras arquitecturas en Formentera

Los yacimientos poblaciones más antiguos localizados en Formentera siguen siendo una cantera inagotable para desvelar como fue la primera habitación de nuestras islas

Imagen antigua del  poblado fenicio de sa Caleta.

Imagen antigua del poblado fenicio de sa Caleta.

La Arqueología, en tanto que ciencia, es tan precisa como prudente. Sin desdeñar las hipótesis que pueden motivar sus indagaciones, se supedita al dato verificado y mantiene a raya la imaginación. Es un constreñimiento que no tenemos los diletantes que nos asomamos a los tiempos idos con impenitente curiosidad y con una impertinencia que no disimulamos. Podemos divagar, como hacemos en estas rayas, con la tranquilidad de que, en su momento, los arqueólogos pondrán los puntos sobre las ies.

El estudio de las construcciones primitivas es más ventajoso en las islas que en el continente, donde, en la búsqueda de alimento, era posible y necesario el nomadismo, fuese para localizar mejores zonas de caza o para seguir a los animales en sus migraciones. La habitación en estos desplazamientos era un refugio circunstancial, provisional y precario, una cavidad en la roca o unos palos cruzados cubiertos con pieles que ayudaban a pasar la noche. Aquellos techos improvisados, por su fragilidad, no han dejado vestigios. La primitiva habitación de las islas fue distinta. En una geografía limitada como la nuestra, en la que cualquier lugar quedaba a menos de una jornada de camino, convenía fijar el asentamiento y de ahí que los habitáculos, por primitivos y modestos que fuesen, estuvieran pensados para proporcionar un refugio estable.

El estudio de las construcciones primitivas es más ventajoso en las islas que en el continente, donde, en la búsqueda de alimento, era posible y necesario el nomadismo, fuese para localizar mejores zonas de caza o para seguir a los animales en sus migraciones

Esto explica no sólo que podamos identificar el poblado fenicio de sa Caleta, sino, retrocediendo mucho más, los asentamientos prehistóricos de Formentera, insólitamente numerosos si tenemos en cuenta las reducidas dimensiones de la isla. Estas construcciones de hace más de 4.000 años serían nuestras primeras arquitecturas habitacionales en los asentamientos del Cap de Barbaria y funerarias en el sepulcro megalítico de Ca na Costa, que, por cierto, no pienso que fuera único. En un recorrido de toda una semana que hice por la isla hace algunos años, fotografié un buen número de lajas de piedra de más de un metro de diámetro, prácticamente iguales a las que vemos en Ca na Costa y que pudieron aprovecharse, según pasaba el tiempo, en los tradicionales muros de piedra que hoy separan las fincas.

Antes, sin embargo, de erigir las construcciones del Cap de Barbaria en las que ya encontramos estructuras relativamente complejas, con zonas de trabajo, dormitorios y corrales, cabe imaginar otras formas de habitación anteriores que utilizarían los primeros pobladores en lo que sería una ocupación de urgencia, para salir del paso en tanto no encontraban un asentamiento definitivo. Pudo ser el caso de cuevas naturales como la Cova des Fum, en la Mola, donde se han encontrado vestigios de habitación; o el de oquedades excavadas en la roca como las que el siglo pasado hicieron nuestros payeses en las paredes de marès de la cala d’en Baster para resguardar sus barcas; y otra posibilidad de cobijo provisional pudo estar también en la sencilla tipología que tienen algunos varaderos, estructuras extraordinariamente primitivas, en ocasiones de , pero hechas también con cuatro troncos clavados en el suelo, dibujando un rectángulo, que cerrarían sus lados y su techado, como todavía vemos hoy, con ramajes, arcillas y cañas.

Una aportación distinta y de una riqueza simbólica que estamos lejos de agotar la tenemos en la arquitectura del sepulcro megalítico de Ca na Costa. No cansaré al lector con una descripción que puede encontrar, pormenorizada y exhaustiva, en el estudio publicado en ‘Trabajos del Museo Arqueológico de Ibiza’ (19/1988). Aquí me limito a comentar algunos aspectos de su enigmática y sugerente estructura que me parecen relevantes.

Plataforma circular

Llama la atención, por ejemplo, la de-marcación que con losas de piedra crea la plataforma circular que rodea el monumento en lo que no deja de ser una intencionada señalización que delimita un espacio especial, separado del entorno indiferenciado, haciéndolo así significativo, relevante, revelador. En segundo lugar, tenemos las enormes lajas de piedra que decía, con anclaje vertical, colocadas sobre el terreno en un círculo que conforma el recinto de enterramiento. Esta colocación de las piedras es algo que muchas culturas antiguas utilizan. En Génesis 28,18, leemos: «Jacob erigió la piedra como guía y al lugar lo llamó Betel’», es decir, Beth-El, morada de Dios. Las piedras enhiestas advierten que el lugar es sagrado y evocan la presencia en él de la divinidad. Es la misma o parecida significación que tiene el Betilo, la piedra que encontramos siglos después en santuarios fenicios, caso del Templo de los Obeliscos de Biblos (siglos XIX-XIII aC). Y una guisa de betilos son también esos monolitos menores, encalados y con una cruz, -de nuevo la simbología religiosa- que conforman los hitos estacionales de nuestro Vía Crucis en el entorno de las iglesias rurales.

ESTRUCTURA RADIAL

Un tercer aspecto de Ca na Costa a tener en cuenta es la estructura radial del recinto, manifiestamente solar, así como su corredor de entrada, orientado a poniente, de manera que el sol del ocaso alcance el interior del recinto con sus últimas luces: el sol desaparece en el horizonte y llega la oscuridad de la noche que significa la muerte, pero el sol renace y de ahí, tal vez, que la estructura solar del monumento sea asimismo esperanza de vida, de otra vida. ¿Concebían ya la muerte como un tránsito en esta prodigiosa arquitectura sepulcral? No lo sabemos, pero es lo que sugerir la elaborada estructura del monumento. Impresiona, en todo caso, que esta primitiva construcción que abstrae, semantiza y simboliza, esté, hace más de 4.000 años, tan cercana a las creencias que bien entrado ya el siglo XXI siguen vivas todavía en nosotros.

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