Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Dominical | Imaginario de Ibiza

Cala Nova y una moneda al aire

Esta playa ejerce de suave transición entre la costa turística de Santa Eulària y es Canar, y las playas más abruptas y vírgenes de Sant Carles. Su mar impresiona por el colorido, que a menudo queda amortigado por el oleaje

Cuando el viento amaina,
  la superficie del mar se
mantiene lisa y estable. XP

Cuando el viento amaina, la superficie del mar se mantiene lisa y estable. XP

El cielo estaba azul, sin mácula, como si acabaran de crearlo aquella misma mañana. (Haruki Murakami).

Hay veces que cuando se columbra el horizonte de Cala Nova, con los pies descalzos y hundidos en el frescor de la orilla, se disfruta esa misma sensación que describe Murakami de observar el mundo como si acabara de nacer. En el catálogo por colores de las aguas marinas que algunos ibicencos retienen en la memoria –al menos aquellos a los que aún les sigue asombrando la isla–, las de Cala Nova ocupan una de las posiciones más elevadas.

Al contrario que Platges de Comte, donde casi siempre, incluso en los días encapotados, los turquesas afloran como si el mar albergase por dentro miles de fluorescentes que potenciaran con su luz una insólita viveza, Cala Nova tiene el hándicap de ser como arrojar una moneda al aire. Su condición de playa abierta la convierte en una de las riberas más tempestuosas y desprotegidas de toda la costa pitiusa. En las jornadas ventosas, aún cuando lo son ligeramente, Cala Nova se agita con un vaivén de olas que remueven la arena, tiñen la superficie de gris y arrastran hojas de posidonia por una orilla de solo un palmo de agua, pues dicha playa requiere alejarse docenas de metros hasta que cubre. Son los días preferidos por los niños, que descubren aquí el magnífico parque acuático de la naturaleza, con una mar embravecida que, precisamente por esa altura mínima, no resulta peligrosa pero arrastra, desequilibra, empuja a dar volteretas y provoca continuas sonrisas. Así transcurren buena parte de los días.

Paleta de azules hipnótica

Cuando sale cara y el viento amaina, sin embargo, la superficie del mar se mantiene lisa y estable. Emerge entonces una paleta de azules tan fulgurante e hipnótica que oscila entre turquesas, esmeraldas y aguamarinas, y que le confieren la incontestable condición de paraíso; al menos de espaldas a tierra.

Cala Nova también ejerce de frontera invisible y transición entre las dos versiones que caracterizan la costa del municipio de Santa Eulària. En el extremo sur, sobre la Punta de ses Pedrisses, uno de esos hoteles aferrados a la costa que destacan por su desproporción y excesiva proximidad al mar, reconvertido hace unos años en un establecimiento de lujo. En este extremo Cala Nova enlaza con la urbanización que rodea la playa de es Canar y que constituye uno de los principales núcleos turísticos de la costa este de Ibiza. Al otro lado, un tupido bosque de pinos cierra la playa por la Punta des Fonoll Marí, con uno de los últimos chiringuitos desmontables de madera que quedan en la isla y que enlaza con aquella Ibiza del pasado que rehuía las multitudes. Entre medias, en tierra de nadie, una sucesión de pequeños restaurantes sobre al escalón de roca que delimita la orilla. Más allá del cabo norte, una vez se atraviesa la urbanización La Joya, el paisaje de Sant Carles se abre a calas más recónditas y abruptas, como Cala Mastella, Cala Boix, es Canal d’en Martí y es Pou des Lleó. La versión más indómita del municipio.

Estos días claros de primavera, en los que la playa aún aguarda desierta, a la espera de que se resuelvan todas las incógnitas derivadas de estos tiempos extraños, merece la pena aproximarse a su orilla y admirar un espectáculo que reconcilia con la propia isla.

Islotes y una orilla cambiante

Si hay una playa con una orilla oscilante esa es la de Cala Nova. Al estar tan abierta, queda a merced de los temporales del invierno, que arrastran la arena de un lado para otro y a veces mar adentro. De esta forma, algunas temporadas posee un arenal inmenso en el exterior, frente a otras en que las tempestades apenas dejan un escueto paso de dos o tres metros, a lo sumo, entre el desnivel de arenisca que cierra la playa y la propia agua. Oteando en dirección sur, más allá de los azules eléctricos, un conjunto de islotes y roquedales compuesto por es Esculls d’en Racó, sa Galera y s’Illa des Canar, la mayor de todas. 

Xescu Prats es cofundador de www.ibiza5sentidos.es, portal que recopila los rincones de la isla más auténticos, vinculados al pasado y la tradición de Ibiza

Compartir el artículo

stats