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Dominical | Imaginario de Ibiza

Ses Coves Blanques, la orilla de no mirar atrás

La costa pedregosa de ses Variades arranca por el sur a través de esta minúscula caleta. Se abre a las islas de poniente y a la parte externa de la bahía de Portmany, mientras permanece aferrada a una incompresible área de estacionamiento

Una zona de baño
pegada al puerto. x.p.

Una zona de baño pegada al puerto. x.p.

Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos. (Eduardo Galeano).

Dos escuetas orillas de arena ejercen como umbral a ambos extremos del roquedal de picachos y coqueras que conforma la costa de ses Variades, en Sant Antoni. Al norte, el Caló des Moro se abre al paisaje y permanece visible desde todas las direcciones, invitando a chapotear sobre un manto de arena que se extiende un centenar de metros mar adentro hasta que la posidonia toma el protagonismo. Al sur, la pequeña playa de ses Coves Blanques, tan minúscula que pasa desapercibida incluso desde lo alto del malecón, sobre todo al volverse costa umbría.

El propio paseo marítimo zigzaguea cuesta arriba al llegar a su altura, evitando el mirador que corona la escarpadura que cierra la ribera por la retaguardia. Una discreta pasarela de madera que casi sobrevuela el agua salva el desnivel del área de estacionamiento con mejores vistas de la isla. Resulta sorprendente que ningún alcalde, con semejante panorámica, haya caído en la posibilidad de convertirlo en una envidiable plaza abierta a los islotes de poniente. De día, incluso en verano, suele acceder a ella un número tan reducido de bañistas que en su escueta orilla sobra espacio. De noche ya es otro cantar, pues las autoridades portuarias han tenido que cerrarla en diversas ocasiones a la muchachada que convoca botellones al abrigo de la panza del acantilado, amargando el asueto al vecindario y convirtiendo dicho recodo en un estercolero.

No apto para pudorosos

Las veinte mil almas que residen a este lado de la bahía de Portmany tienen en ses Coves Blanques un remanso desaprovechado, aunque con sus pros y sus contras. Como grandes atractivos, la claridad y tonalidad esmeralda del agua que, al estar abierta, contrasta con la espesura de la bahía; el entrante de arena, que en los laterales o en cuanto cubre deriva a escollos y posidonia; las sombras que proyectan las rocas buena parte del día, donde prevenir insolaciones, y, sobre todo, la magnífica panorámica de la bahía más allá del muro. De izquierda a derecha, la playa de es Pinet, Punta Xinxó, Port des Torrent y el entrante de Cala Bassa. Luego s’Illa des Bosc, elevándose por encima de la torre d’en Rovira, y sa Conillera. Y en el hueco que queda entre ambos islotes, tres Bledes: na Gorra, es Vaixell i na Bosc.

Ses Coves Blanques, sin embargo, no es orilla para introvertidos y pudorosos, pues, mientras toman el sol, aunque en realidad nadie observe, pueden sentir la presencia de docenas de ojos escrutándoles desde las ventanas de la jungla de hormigón que se eleva por detrás y el lateral derecho. Las únicas construcciones razonables en altura son el faro de ses Coves Blanques y dos vetustos chalets arrinconados y ensombrecidos por la sucesión de mamotretos.

Los inmunes al rubor, sin embargo, disfrutan no solo de las vistas, la brisa y la agradable tranquilidad de la caleta, sino del entretenimiento que aporta el trasiego de veleros, golondrinas y llaüts de pesca que arriban y parten del puerto, así como la silueta blanca de los optimist y los cascos coloridos de los kayak de la cantera del club náutico, que salen a entrenar prácticamente a diario.

A los pies del faro

La playita de ses Coves Blanques comparte topónimo con el faro, situado encima del acantilado que la envuelve. Esta luminaria, hoy apagada, se inauguró en 1897 para indicar la entrada del puerto de Sant Antoni, que entonces aún no disponía de muro de abrigo y solo contaba con un muelle pesquero, frente al Hotel Portmany. El dique se construyó en los años 50 e incluyó la baliza roja que parpadea en su extremo, motivo por el que el faro fue desconectado en 1963. Sus viviendas, sin embargo, siguieron proporcionando alojamiento a los fareros, que se ocupaban del mantenimiento de los que hay en los alrededores, hasta ya iniciado el siglo XXI. Tras ser cedido al Ayuntamiento por la Autoridad Portuaria fue restaurado y, en 2010, abrió como centro cultural y sala de exposiciones.

Xescu Prats es cofundador de www.ibiza5sentidos.es, portal que recopila los rincones de la isla más auténticos, vinculados al pasado y la tradición de Ibiza

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