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Alavés 1-0 Barcelona

El Barça juega relajado ante el Alavés y sucumbe

Flick introduce ocho cambios en la alineación y el exceso se paga con la primera derrota desde febrero y la imposibilidad de igualar el récord de los 100 puntos

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Joan Domènech

Joan Domènech

Barcelona

Desde Girona, en febrero, que no perdía el Barça, y menuda gracia debió causar en Montilivi la siguiente derrota azulgrana. La cosechada ante el Alavés, rival directo de los rojiblancos en la agónica lucha por evitar el descenso. Tuvo la mala suerte el cuadro gerundense de que el once azulgrana viajara a Vitoria relajado, conquistado y celebrado el título de Liga el pasado domingo a costa del Real Madrid, inmerso en una guerra civil recrudecida por la insuperable aparición de Florentino Pérez.

El acelerón de la última media hora, cuando agobió al Alavés en un ataque continuado, corroboró que el Barça había jugado hasta entonces con una marcha menos. Pagó la lógica distensión con la derrota que le impedirá alcanzar los 100 puntos e igualarse con los mejores campeones de la historia.

Con ocho cambios en la alineación -solo repitieron Cubarsí, Olmo y Rashford, esta vez como extremo izquierdo- la versión B del campeón fue capaz de mandar en el juego. Careció, como es de suponer, de los automatismos adquiridos por quienes juegan con las mismas caras de siempre. Le sobró para dominar desde el principio al Alavés, que compareció agarrotado por su situación y que había empeorado con los triunfos del Sevilla y el Espanyol. Halló el botín del gol en un córner, donde el imponente Marc Bernal no pudo contener la potencia descomunal de Ibrahim Diabaté.

Del autocar al césped

Flick no habría formado ese once si se hubiera jugado las habichuelas ante el Alavés. Ni era el equipo adecuado ni el más garantista para sumar los tres puntos que le acercasen a la cota de los 100 puntos. Empezando por la portería. Del techo del autocar, y sacando humo, bajó Szczesny al césped de Mendizorroza. Recuperó la elasticidad en 20 minutos, exigido en un córner y un tiro parabólico. Insuficiente, sin embargo, para llegar al balón en el cercano remate de Diabaté en una segunda jugada de córner.

Saltó también desde el capó Lewandowksi para situarse en la otra área y exhibiendo el brazalete de capitán, ausentes los seis que le preceden en la jerarquía, sin que se le viera más después de posar con el trío arbitral, oculto entre los tres centrales del Alavés, lentísimo. Aunque Flick recuperó a los laterales de principio de temporada (Kounde y Balde), aunque rescató a los dos mediocentros de su primer partido de Liga, Casadó y Bernal, no era, ni mucho menos una aproximación al Barça del domingo, apenas identificable por los destellos de Rashford, vertical y ambicioso como si supiera que debe revalorizarse para que el Barça pague los 30 millones en los que está tasado.

Debuta Álvaro Cortés

Por mucho que a algunos les propulsara una motivación interior, cualquiera que fuera -la de Álvaro Cortés, el central zurdo, era la del debut con el primer equipo en su undécima convocatoria- , el conjunto en su globalidad no dio más que para despacharse como el funcionario que cuenta las horas para acabar la jornada. El trabajo terminó el domingo, y se celebró el éxito el lunes.

Sentarse en el banquillo era un alivio, excepto en el momento en el que Ángel Pérez soltó un balonazo a los suplentes, evidente recordatorio de que enfrente se presentaba un grupo que mataría por sumar los tres puntos. Roony lo comprobó en sus brazos y piernas. El Barça salía por la banda derecha, acostumbrado al desborde y la verticalidad de Lamine Yamal, mientras que el sueco no se atreve a desafiar al lateral, menos a Rebbach y sus malas pulgas. De Rashford recibió cuando el inglés se acercó a la banda.

Sucedió a media hora del final, cuando Flick introdujo en el campo a Pedri, Ferran y Espart, que movió a Kounde al centro de la defensa. Se tornó el Barça más intenso y vertical, el campeón herido en el orgullo por la permisividad del árbitro Sánchez Martínez, misericordioso con el Alavés, que anda peleándose por no ahogarse en el pozo, perdonándole todo.

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