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Política y deporte

Disidentes de Bielorrusia denuncian que Lukashenko utiliza el fútbol como "arma de propaganda"

Los denunciantes han remitido un informe a la UEFA en el que detallan los abusos y piden al organismo que tome medidas contra la federación local.

Unos pocos aficionados del Bate Bórisov animan a su equipo esta última temporada.

Consignas a árbitros antes de los partidos-clave, favoritismo hacia clubs encabezados por miembros prominentes del régimen de Aleksánder Lukashenko, presiones a los jugadores para que firmen cartas de apoyo y manifiestos en favor del Gobierno y las autoridades, ostracismo a aquellos futbolistas y miembros de la federación que realicen declaraciones públicas críticas o hayan acudido a manifestaciones opositoras... Todas estas acusaciones han sido incluidas en un informe elaborado por destacadas personalidades del mundo del fútbol en Bielorrusia que han huido del país debido al clima de represión reinante tras las polémicas elecciones presidenciales de 2020. En el documento se demanda a la Unión Europea de Asociaciones de Fútbol (UEFA) que adopte sanciones contra este estado de cosas, incluida la posibilidad de suspender la participación de la pequeña república exsoviética en las competiciones internacionales.

Andréi Chepa, un hombre que durante años ha estado al frente del órgano de la federación que gestiona los arbitrajes antes de renunciar al cargo e instalarse en Polonia en agosto pasado, asegura saber de lo que habla y señala con el dedo acusador a Vladímir Vazanov, presidente de la Federación Bielorrusa de Fútbol, y Yuri Vergueinchik (vicepresidente) de graves abusos. "Me encargaban que hablara con los árbitros para que estos, digámoslo así, no se equivocaran contra el Dinamo de Minsk; a favor del Dinamo de Minsk era posible cometer errores, contra el Dinamo no...", detalla con sarcasmo. "Esto sucedía cada lunes, cada martes, cuando valorábamos los arbitrajes", denuncia a través del teléfono desde Varsovia. "El arbitraje debía ser a favor del Dinamo y en contra del Bate Borísov", continúa.

Todo parece indicar que para las actuales autoridades bielorrusas, el equipo de la ciudad de Borísov, ganador durante 13 años seguidos de la liga nacional, una escuadra que ha llegado a jugar hasta en cinco ocasiones en la fase de grupos de la Champions y a medirse contra el Barça, se ha convertido en algo similar a lo que significó el equipo catalán durante la dictadura de Franco. Mijail Zalevskii, exdirector general del club, también exiliado, intenta explicar el por qué: "Todo tiene que ver con la estructura del fútbol en Bielorrusia; no hay clubs privados, todos dependen de instituciones del Gobierno, una herencia de la URSS, el Dinamo de Minsk está vinculado a la Sociedad Bielorrusa Deportiva y Físicocultural, una organización progubernamental, el Shakter de Soligorsk, a la empresa minera estatal 'Belaruskali'".

Presupuesto independiente

Sin embargo, el Bate, con sus 13 ligas y su permanente participación en las competiciones europeas, había conseguido "romper este esquema y ser independiente" de las autoridades, indica Zalevskii desde Kiev. "Participar durante 13 años en los torneos europeos nos permitió ganar bastante dinero, tener nuestro presupuesto, y no depender de la financiación del Gobierno". El favoritismo hacia el Dinamo, el principal equipo capitalino, en detrimento del Bate tiene incluso un nombre propio: el ministro de Deportes, Serguéi Kovalchuk. "Él, personalmente, supervisa este equipo", denuncia Chepa.

En el texto remitido a la UEFA también se denuncian prácticas intimidatorias hacia los futbolistas o los funcionarios de las estructuras estatales del deporte con simpatías opositoras, una actitud propia de un régimen dictatorial e impensable en la actualidad en todo el continente europeo. Iliá Shurin jugaba en el CSKA de Moscú cuando en agosto de 2020 estalló la polémica en torno a las elecciones presidenciales, calificadas por la oposición como "fraudulentas". "Le convocaron a la selección, y el rechazó jugar con el equipo nacional mientras Lukashenko continuase siendo presidente; a partir de ese momento, fueron a cazarlo y Vazanov lo quería enviar al servicio militar", acusa Chepa, quien recuerda que para los jugadores seleccionados existe la dispensa de la mili. El futbolista ha dejado Rusia, cercana aliada de Lukashenko, se ha instalado en Ucrania y juega en el Dinamo de Kiev. No puede regresar a su país, porque sabe que "a partir del primer minuto, lo enviarán al Ejército y no le dejarán volver a salir", concluye el exjefe de los árbitros bielorrusos.

Ambiente deteriorado

La atmósfera en torno al fútbol, uno de los deportes más populares de la pequeña nación eslava junto con el hockey sobre hielo, se ha deteriorado muchísimo. Apenas acude el público a los partidos, después de que los presidentes de las asociaciones de hinchas de la mayoría de los clubes de Primera División llamasen al boicot y declarasen que no irían a los estadios a ver a sus equipos favoritos. "El interés hacia el fútbol ha caído, debido a la manipulación de los resultados y a la represión contra los deportistas", resume Zalevskii. La razón, según el exdirectivo del Bate, es solo una: "Se están violando los principios básicos del movimiento olímpico, de la UEFA y de la FIFA".

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