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Colombofilia

José Tur, colombófilo de Ibiza y que cría a palomas mensajeras que recorren más de 600 kilómetros: «Una vez que entras en este mundo, es muy difícil salir»

El ibicenco es la tercera generación de una familia que ha mantenido la tradición de la cría y entrenamiento de estas aves durante más de 70 años, y se posiciona como uno de los referentes a nivel balear y nacional de este deporte poco conocido

José Tur, junto a uno de sus ejemplares.

José Tur, junto a uno de sus ejemplares. / José Tur

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Ibiza

La paloma mensajera ha sido, desde tiempos inmemoriales, una vía de comunicación entre distintas civilizaciones del planeta. Su origen -tal y como apuntan los primeros registros- se encuentra hace más de 30 siglos en el Antiguo Egipto. Desde entonces, el uso de este animal es el que ahora cumplen los teléfonos móviles: enviar un mensaje y ponerse en contacto con otras personas.

Actualmente, la cría de palomas mensajeras, más conocida como colombicultura, ha adoptado un cariz deportivo -colombofilia- en el que se las entrena para participar en competiciones de larga distancia. Desde hace varias décadas, Ibiza se ha convertido en uno de los puntos de práctica habituales de este deporte, pese al reto que supone hacerlo en una isla pequeña y con las condiciones espaciales que ello conlleva.

El ibicenco José Tur, del Club Colombòfil Santa Eulària, es una de las principales figuras de la colombofilia a nivel balear y nacional. Tur es la tercera generación de una familia que ha crecido entre palomas y que, desde hace más de 70 años, cría y cuida a los pichones que, posteriormente, se convertirán en palomas preparadas para alcanzar distancias de centenares de kilómetros.

«Si quieres mucho a una paloma, guárdala, porque el día que se pierde no la ves más»

El colombófilo ibicenco lleva en esta disciplina desde finales de la década de los años noventa, desde que se interesara por un mundo que su padre -José Tur- le enseñó hasta el punto de que ambos conforman el tándem Fluxà Redó, enfocado en la cría y entrenamiento de palomas mensajeras para competiciones nacionales.

Una de las sueltas de palomas mensajeras que se llevan a cabo en una competición de colombofilia

DI

«Es un mundo muy amplio y, cuando te metes, ya te cuesta salir», cuenta a este diario Tur, que agradece a su club y a Pablo Suárez -colombófilo reconocido en España- por ayudarle a «creer notablemente en el mundo de las carreras de palomas».

Y es que, si bien es una disciplina «muy sacrificada por el tiempo y los recursos que tienes que dedicar al día», en palabras del ibicenco, lo cierto es que se termina creando un vínculo con ellas. «Si quieres mucho a una paloma, guárdala, porque el día que se pierde, no la ves más», admite Tur.

Las palomas vuelan distancias de hasta 600 y 700 kilómetros

Una competición de palomo deportivo presenta un funcionamiento muy simple. Un camión que porta todos los compartimentos donde se encuentra cada paloma se traslada hacía una ubicación concreta del país. Una vez ha llegado al punto, se procede a la suelta de palomas, donde se abren los compartimentos y todas las aves parten a volar hacia su palomar, ubicado a distancias que pueden llegar hasta los 600 o 700 kilómetros.

Algunas de ellas se terminan perdiendo por motivos climáticos, vientos, presencia de polvo o cualquier otro factor, mientras que las que llegan después de varias horas portan una anilla electrónica que contiene un microchip para descubrir a qué velocidad han ido durante la larga travesía. Aquel ejemplar que haya regresado a su hogar a mayor velocidad, se alza con el premio, ya que cada paloma recorre una distancia diferente debido a las dispares ubicaciones de sus respectivos palomares.

El integrante de Fluxà Redó ha sido campeón balear en varias ocasiones e incluso ha logrado alzarse con algún campeonato nacional. Sin embargo, Tur le resta importancia a sus logros deportivos y tiene un único objetivo: «Lo que me gusta es que lleguen las palomas, porque disfrutar de ellas es lo bonito, ya que muchas se terminan perdiendo».

Un entrenamiento paulatino para que las palomas aprendan a volar más lejos

El colombófilo cuenta actualmente con más de 40 ejemplares, aunque esa cifra fluctúa a causa de la fuga de algunas palomas en las competiciones, además de los pichones de los huevos que ponen las reproductoras. «Mi idea es tener 160 pichones, porque ya tengo más de 20 parejas reproductoras», apunta Tur.

Este deporte, a diferencia de otros muchos, incluye la crianza y el cuidado de animales, con todo el sacrificio y detalle que ello conlleva: «Hay que intentar que tengan siempre comida y agua limpia, evitar los parásitos, que no haya humedad y que tengan espacio para que estén cómodas», prosigue el ibicenco, que asegura que, en buenas condiciones, una paloma puede llegar a vivir «entre 12 y 15 años».

Las sesiones de entrenamiento son paulatinas, de manera que las palomas aprenden a regresar a su palomar con distancias cada vez más largas. «Primero, me fijo en cómo vuelan en casa. En función de cómo las vea, miro si están aptas para ir a más distancia o menos», señala el deportista, que cree que «las palomas a veces te sorprenden aunque las guardes para pruebas de velocidad o distancia».

El futuro de esta disciplina en la isla es una incógnita, ya que son pocos los jóvenes que viven en un entorno adecuado para interesarse por la cría y entrenamiento de palomas mensajeras: «Si no lo has mamado en casa o no tienes a alguien conocido, meterte en este mundo es difícil, pero si te metes, ya es muy difícil salir», explica Tur.

Sin embargo, el ibicenco tiene recomendaciones para el que quiera iniciarse en este deporte: «Si a alguien le interesa, le recomendaría que, primero, se pusiera en contacto con algún club de la isla, y una vez allí, puede que le criaran algunos pichones para empezar. De ahí, solo es seguir para adelante».

Aunque la temporada colombófila terminó en primavera, este deporte continúa posicionándose en el escenario balear y nacional gracias a figuras como las de José Tur, que es uno de los abanderados de esta disciplina poco conocida en Ibiza y que aúna deporte, competición, respeto por la naturaleza y cuidado animal.

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