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Halterofilia

Pep Torres, medalla de bronce en el Europeo de halterofilia: «Mi sueño ahora es volver del Mundial de Atenas con otra medalla»

El ibicenco vuelve situar a Ibiza entre la élite continental tras la conquista de la medalla de bronce en el Campeonato de Europa Máster de Halterofilia. El levantador pitiuso compagina los entrenamientos con su trabajo como profesor y entrenador en Basecamp, reivindica más apoyo para los deportes minoritarios y ya tiene la vista puesta en el Mundial de Atenas, donde sueña con subirse de nuevo al podio

Pep Torres posa con la medalla de bronce del Campeonato de Europa. | DI

Pep Torres posa con la medalla de bronce del Campeonato de Europa. | DI

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Jesús Rodríguez

Jesús Rodríguez

Ibiza

Viene de subir al podio en el Campeonato de Europa el pasado fin de semana. ¿Ha tenido tiempo para asimilar lo que supone colgarse otra medalla continental?

La verdad es que no. Preparé esta competición muy bien, con una planificación específica de dos meses centrada exclusivamente en el Europeo, así que iba convencido de que podía hacer un buen papel. En el momento en que conseguí el bronce pensé: «Bueno, un bronce, está muy bien». Pero luego empiezas a salir a la calle y la gente te para para felicitarte, amigos, familiares e incluso personas que apenas conoces. Ahí es cuando realmente te das cuenta de la dimensión que tiene conseguir una medalla europea. Que un ibicenco suba al podio en un Campeonato de Europa hace mucha ilusión a la gente y eso también te llena de orgullo. Al final, la competición dura un día, pero todo lo que viene después es casi tan bonito como la propia medalla.

La semana pasada comentaba que las sensaciones eran agridulces porque creía que podía haber conseguido algo más. ¿Con el paso de los días sigue teniendo esa sensación?

Sí y no. En frío le doy muchísimo valor al bronce, porque una medalla europea nunca es fácil. Pero durante la competición tuve opciones reales de ganar. En la arrancada fui el mejor, levantando 110 kilos, y eso me permitió afrontar el dos tiempos con muchas posibilidades. Abrí con 120 kilos y los levanté sin problemas. Después intenté 125, que era el peso que me permitía seguir peleando por el oro, pero fallé ese intento. En un Europeo esos errores se pagan muy caros porque los rivales no fallan. Ellos fueron metiendo sus levantamientos y yo me vi obligado a remar a contracorriente. En el tercer intento podía arriesgar mucho o asegurar el bronce. Opté por intentar 128 kilos, buscando seguir en la pelea, pero no salió. Aun así, ya tenía prácticamente garantizada la medalla y en este tipo de campeonatos también hay que saber gestionar el riesgo.

Hace unos años se proclamó campeón de Europa y ahora vuelve a subir al podio. ¿Qué tiene más mérito: aquel oro o mantenerse tantos años entre los mejores?

El primer oro es algo irrepetible. Fui a aquel Europeo prácticamente sin presión y acabé jugándome el título en el último levantamiento. Ganarlo fue una sensación indescriptible. Esta vez llegaba con más experiencia y también con más expectativas, pero el nivel era altísimo. Mis rivales estuvieron muy sólidos y apenas cometieron errores. Aun así, estoy satisfecho porque lo di absolutamente todo. Más allá de las medallas, para mí es importante seguir siendo competitivo. Que tus rivales te tengan en cuenta, que estén pendientes de lo que haces y sepan que cualquier día puedes ganarles también tiene mucho valor. Unas veces ganas tú y otras ganan ellos, pero mantenerse durante tantos años en la élite europea demuestra que el trabajo se está haciendo bien.

Después de este bronce europeo, ¿cuáles son ahora sus próximos objetivos?

La gran cita del año será el Campeonato del Mundo de Atenas. Ahí compiten los mejores levantadores máster del planeta y el nivel es todavía más alto que en un Europeo. Ya he participado en un Mundial y sé perfectamente la exigencia que tiene. Precisamente por eso he decidido ponerme en manos de un entrenador para preparar específicamente esa competición. Quiero llegar en las mejores condiciones posibles. Después también disputaré el Mediterranean Masters Weightlifting Open Tournament 2026, que este año se celebra en Lisboa. Es un torneo internacional con muchísimo prestigio y al que siempre acuden grandes levantadores. Además, todavía me quedan una jornada de la Liga Balear y el Campeonato de Balears para cerrar la temporada. Mi gran ilusión ahora mismo es intentar volver de Atenas con una medalla mundial, aunque será muy difícil.

Ahora mucha gente le conoce por todos los logros que ha conseguido en la halterofilia, pero llegó desde el CrossFit. ¿Cómo fue ese cambio y qué fue lo que le enamoró de este deporte?

Antes de hacer CrossFit yo jugaba al baloncesto. Cuando lo dejé, empecé a entrenar CrossFit y, para alguien al que le gusta el deporte y exigirse al máximo, engancha muchísimo. Combina fuerza, resistencia, cardio, gimnasia, movilidad… y una parte muy importante son los movimientos olímpicos de halterofilia: la arrancada y el dos tiempos. Poco a poco me fui dando cuenta de que la parte que más disfrutaba era esa. Me encantaba trabajar con la barra, desarrollar la fuerza y la explosividad. Veía que tenía cualidades y que podía seguir mejorando. Coincidió además con la creación del Club Halterofilia Ibiza, el primero y único de la isla, donde empezamos a entrenar esta disciplina y a competir fuera de Ibiza. Fui dejando el CrossFit poco a poco porque veía que en halterofilia era competitivo y tenía margen de crecimiento, incluso con la edad que tenía. Después llegaron las primeras competiciones, las victorias, el Campeonato de España… y a partir de ahí decidí dedicarme exclusivamente a la halterofilia.

Además de competir, da clases de halterofilia en Basecamp, trabaja como profesor y tiene una vida familiar. ¿Cómo consigue compaginarlo todo?

Aquí me gusta poner en valor a todos los deportistas máster, no solo a los de halterofilia. Da igual que hagan ciclismo, atletismo, boxeo o cualquier otra disciplina. Todos tienen algo en común: ya tienen una vida hecha. Se levantan para ir a trabajar, llevan a los hijos al colegio, atienden a la familia y, cuando encuentran un hueco, entrenan. Muchas veces llegan cansados porque han dormido poco o porque han tenido un día duro en el trabajo, pero aun así sacan dos horas para subirse a una bicicleta, correr o levantar una barra. Eso tiene muchísimo mérito porque no somos deportistas profesionales. Nadie nos paga por competir. Lo hacemos porque nos apasiona. En mi caso, además, disfruto mucho enseñando. Me gusta transmitir todo lo que he aprendido durante estos años y ayudar a que otras personas progresen. Al final, entrenar, competir y enseñar forman parte de mi forma de entender la vida. Más que un deporte, es un estilo de vida.

Imagen de Pep Torres en Basecamp, donde imparte clases de entrenamiento

Imagen de Pep Torres en Basecamp, donde imparte clases de entrenamiento / DI

La halterofilia sigue siendo un deporte bastante desconocido para el gran público. ¿Qué cree que hace falta para que termine de despegar?

La halterofilia es un deporte olímpico y, junto al atletismo, uno de los más antiguos que existen. Es verdad que sigue siendo minoritario, pero está creciendo mucho gracias al CrossFit y al entrenamiento funcional, que han incorporado movimientos de halterofilia y los han acercado a muchísima gente. Lo que hace falta ahora es apoyo institucional. Desde el Club Halterofilia Ibiza hemos llamado muchas veces a la puerta del Consell y del Ayuntamiento de Ibiza para pedir ayuda o instalaciones donde poder entrenar y formar a nuevos deportistas, pero siempre nos hemos encontrado con la misma respuesta: que no hay espacio o que no hay recursos. Mientras se construyen campos de fútbol o nuevos pabellones, nosotros seguimos sin una instalación propia. Y eso limita muchísimo el crecimiento de un deporte que podría tener mucha más presencia en la isla. Hoy dependemos prácticamente de la iniciativa privada. En mi caso, doy clases gracias a Basecamp, que ha apostado por esta disciplina, pero no deja de ser un gimnasio privado y eso también condiciona las posibilidades de crecimiento.

Después de tantos años entrenando y compitiendo, ¿qué ha cambiado más: el Pep deportista o el Pep entrenador?

Los dos. Los años de competición te dan un bagaje que no se aprende en ningún curso. Haber ganado campeonatos de España, un Europeo o subir varias veces al podio te aporta experiencia y también credibilidad cuando tienes que enseñar a otras personas. Como deportista sigo disfrutando muchísimo. Me encuentro bien física y mentalmente y quiero seguir compitiendo muchos años más. La halterofilia es un deporte muy exigente psicológicamente porque sales solo a la tarima, con todo el mundo mirándote, y tienes que rendir en unos pocos segundos. Es un ejercicio de valentía. Pero no hace falta competir para disfrutar de este deporte. La halterofilia engancha porque ves la evolución muy rápido y porque cada entrenamiento supone un reto nuevo.

Su próximo gran objetivo será el Mundial de Atenas. ¿Con qué ilusión afronta esa cita?

Con muchísima ilusión. Es la competición más importante de la temporada y se celebra en Atenas, la cuna del deporte y de los Juegos Olímpicos. Solo por eso ya es especial. Voy a prepararla específicamente desde la próxima semana junto a mi entrenador. Después del Europeo empieza una nueva etapa de trabajo para intentar llegar en el mejor momento posible. Ojalá pueda volver con una medalla. Sería un sueño.

¿Cómo ve el momento que vive actualmente el deporte ibicenco?

Creo que Ibiza atraviesa un momento muy bueno. La isla es un lugar privilegiado para hacer deporte. Solo hay que ver la cantidad de gimnasios que hay y cómo siguen abriendo nuevos centros prácticamente cada año. Además, Ibiza ya es un referente en la organización de grandes eventos deportivos internacionales y eso hay que seguir potenciándolo. Muchas veces hablamos de la isla por la música o el ocio, pero también deberíamos hacerlo por el deporte. Creo que las instituciones tienen una oportunidad muy importante para seguir impulsando esa imagen y conseguir que cada vez más personas vengan también por el deporte.

Si mañana entra un chico o una chica joven en su gimnasio y le dice que sueña con competir al máximo nivel, ¿qué es lo primero que le diría?

Que elija bien quién le va a enseñar. Cuando vamos al médico damos por hecho que está preparado para tratarnos, pero cuando entramos en un gimnasio muchas veces no nos preguntamos qué formación o qué experiencia tiene el entrenador. Por desgracia, todavía hay personas dando clases sin la preparación adecuada y estamos hablando de la salud de la gente. Hay que fijarse en la formación, pero también en la experiencia deportiva de quien te entrena. Y luego le diría que tenga mucha paciencia. En halterofilia todo empieza con la barra vacía. Hay quien llega queriendo levantar 100 kilos el primer día y eso no funciona así. Primero hay que construir una buena técnica, una buena base y confiar en el proceso. Los resultados llegan, pero nunca de un día para otro.

Después de todo lo que ha conseguido, ¿qué sueño deportivo le queda por cumplir?

Me gustaría subir al podio de un Mundial. En el último terminé quinto y creo que todavía puedo dar un poco más. Voy a preparar Atenas con muchísima ilusión para intentar conseguir esa medalla. Pero, más allá del resultado, cada competición me sigue aportando muchísimo. Conoces gente de muchos países, haces amistades y vuelves a competir contra ti mismo. Porque en este deporte el mayor rival no suele ser el que tienes delante, sino tu propia cabeza. Si sales a la tarima con dudas, es muy difícil que las cosas salgan bien. Tienes que creer en ti, salir convencido y dar el cien por cien. Si luego llega una medalla, mejor todavía, pero esa sensación de superarte a ti mismo es lo que hace que siga disfrutando tanto de la halterofilia.

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