Ciclismo
Carles Tur, ibicenco que asistirá al Tour de Francia: «Ir al Tour de Francia era mi sueño y voy a poder vivirlo desde dentro»
Carles Tur cumplirá su sueño este verano. El responsable de preparadores físicos del Pinarello Q36.5 Pro Cycling Team formará parte de la estructura que disputará el Tour de Francia, la carrera más prestigiosa del ciclismo mundial. Tras más más de dos décadas dedicado a la preparación física de alto rendimiento, repasa para Diario de Ibiza su trayectoria, la evolución del ciclismo moderno y los retos que afrontará junto a corredores de la talla de Tom Pidcock

Carles Tur, junto a Tom Pidcock. / DI

Va a estar en el Tour de Francia como responsable de preparación física del Q36.5 Pro Cycling Team. ¿Qué significa para usted vivir esta experiencia siendo ibicenco?
Es un sueño cumplido. De pequeño quería ser ciclista profesional, pero no llegué. Canalicé esa pasión a través de la preparación física. Me fui a Barcelona a estudiar y llevo más de veinte años formándome y trabajando en el alto rendimiento. Ya estuve en el Giro y en la Vuelta, pero el Tour es otra dimensión. Además, arranca en Barcelona, que es mi segunda casa, así que la ilusión es enorme.
¿Se imaginaba cuando empezó en este mundo que acabaría en una carrera de esta magnitud?
Al principio no. Empecé muy joven en la preparación física y, aunque siempre tuve esa ilusión, lo veía muy lejano. Con el tiempo fui trabajando en proyectos cada vez más importantes, como el CAR de Sant Cugat, el Barça o unos Juegos Olímpicos. Hace unos años me preguntaron cuál era mi gran sueño profesional y respondí que ir al Tour de Francia. Ahora tengo la suerte de poder cumplirlo.
¿Cuál es exactamente su función dentro del equipo durante el Tour?
Mi trabajo se centra en tres áreas: evaluar el rendimiento, controlar la fatiga y optimizar la recuperación de los corredores. Monitorizamos variables fisiológicas antes y durante la carrera y aplicamos diferentes métodos para acelerar la recuperación. También participamos en la toma de decisiones tácticas a partir de los datos que obtenemos.
Desde fuera solo se ve a los corredores, pero detrás hay mucho trabajo invisible. ¿Cómo es una jornada para usted durante una etapa?
Son días muy largos. Nos levantamos temprano para hacer controles fisiológicos cuando toca. Después nos desplazamos a los puntos de asistencia y avituallamiento y, una vez termina la etapa, empieza buena parte de nuestro trabajo. Aplicamos protocolos de recuperación, analizamos todos los datos del día, hacemos reuniones con los directores deportivos y planificamos la estrategia de la jornada siguiente. Muchas veces terminamos cuando los corredores ya están descansando.
¿Qué pesa más en una prueba como el Tour: las piernas o la cabeza?
Las dos cosas. Sin el nivel físico necesario es imposible competir, pero cuando todos tienen unas condiciones extraordinarias, la diferencia muchas veces está en la cabeza. Mantener la concentración durante tres semanas, soportar la presión y gestionar la fatiga es fundamental. Un segundo de despiste puede dejarte fuera de carrera.
¿Cómo ha cambiado la preparación de los ciclistas en los últimos años?
Ha cambiado muchísimo. La gran revolución ha sido la nutrición. Hoy controlamos prácticamente todo: las calorías que se consumen, las que se gastan, la hidratación o la recuperación. También se ha avanzado muchísimo en los entrenamientos en altitud, la suplementación y el análisis de datos. Todo está mucho más medido y optimizado que hace una década.
¿Y la tecnología?
También ha sido clave. Las bicicletas actuales no tienen nada que ver con las de hace diez años. La aerodinámica, los cascos, las ruedas, los frenos o los materiales han evolucionado muchísimo. Hay diferencias de rendimiento que antes parecían impensables. Hoy se cuida hasta el más mínimo detalle.
¿Qué nivel tiene actualmente el ciclismo profesional comparado con el de hace unos años?
El nivel ha subido una barbaridad. Antes del COVID podías acabar entre los diez mejores de una gran vuelta con unos valores fisiológicos que hoy ya no son suficientes. Ahora los corredores generan más potencia, recuperan mejor y están mucho más preparados. La combinación de nutrición, tecnología, entrenamiento y ciencia ha provocado una evolución enorme.
¿Ese aumento de la exigencia también tiene consecuencias?
Sí. El nivel físico es más alto, pero también existe un mayor desgaste mental. Los corredores pasan más tiempo fuera de casa, entrenan más en altitud, tienen todo mucho más controlado y viven bajo una presión constante. Por eso estamos viendo que algunos ciclistas llegan antes al límite mental que hace unos años.
Trabaja muy cerca de Tom Pidcock. ¿Cómo ha sido su evolución desde que llegó al equipo?
Ha sido espectacular. Llevo aproximadamente un año y medio trabajando con él y ha dado un salto muy importante. El año pasado consiguió su primer podio en una gran vuelta y esta temporada ha firmado resultados muy destacados, como el segundo puesto en la Milán-San Remo. Ha mejorado mucho y sigue creciendo.
¿Qué es lo que más le ha sorprendido de él?
Su humildad y su profesionalidad. Es un corredor con muchísimo talento, pero también muy trabajador y muy receptivo. Es muy fácil trabajar con él porque se implica en todo el proceso y siempre está dispuesto a colaborar.
¿Con qué objetivos afronta el equipo este Tour de Francia?
Vamos con mucha ambición y con un equipo muy equilibrado. Tenemos a Tom como líder, pero también contamos con corredores capaces de hacer grandes cosas. El objetivo es competir al máximo nivel, buscar etapas y aprovechar las oportunidades que nos vaya ofreciendo la carrera.
¿Qué consejo le daría a los jóvenes deportistas ibicencos que sueñan con llegar a la élite?
Que tengan claro lo que quieren y trabajen por ello cada día. Hoy hay más herramientas y más conocimiento que nunca para mejorar. Pero también les diría que no abandonen su formación. Es muy difícil vivir del deporte profesional y la educación siempre te aporta herramientas para el futuro. Se puede perseguir un sueño deportivo sin renunciar a seguir creciendo como persona. Me encantaría agradecer a mis padres y a mis hermanos todo lo que han hecho por mí, por inculcarme los valores del esfuerzo y la superación. Y a todo el pelotón de Ibiza, lugar donde me inicié en la bicicleta y al que llevo en el corazón.
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