Fútbol
La violencia: un problema enquistado en el fútbol base en Ibiza
El nuevo episodio violento reabre el debate sobre el clima que se vive en algunos partidos del fútbol base pitiuso

Imagen de archivo del Municipal de Santa Eulària, lugar de la última trifulca. / JA RIERA

La final de la Copa de Ibiza cadete entre la SCR Peña Deportiva y la SD Portmany, que terminó con victoria por 2-1 para el conjunto de la Villa del Río, volvió a dejar este fin de semana una imagen lamentable que nada tiene que ver con el deporte formativo. Otra agresión más. Otro episodio violento en un campo de fútbol pitiuso. Y, sobre todo, otra señal de que el fútbol base de Ibiza tiene un problema cada vez más preocupante.
El conjunto de Sant Antoni denunció este lunes el comportamiento de un aficionado de la Peña Deportiva, al que calificó como “reincidente en este tipo de comportamientos”, condenando firmemente lo sucedido y destacando, al mismo tiempo, la actitud del resto de aficionados presentes, que colaboraron para evitar que la situación fuese a más.
Según la información a la que ha tenido acceso Diario de Ibiza, el altercado se produjo en la grada entre un familiar de dos jugadores de la Peña Deportiva y varios aficionados de la SD Portmany. Siempre según esta versión de los hechos, el padre del futbolista peñista comenzó a increpar, insultar y amenazar a varias mujeres seguidoras del conjunto portmanyí.
En ese momento, un aficionado de la SD Portmany intervino para pedirle que se calmara y abandonara la zona, instante en el que, presuntamente, el seguidor peñista le propinó un fuerte cabezazo que impactó en la nariz del aficionado sanantoniense. La situación obligó a intervenir a la Guardia Civil, que identificó y tomó declaración al supuesto agresor tras lo sucedido.
La Peña Deportiva emitió este lunes un comunicado oficial en el que condenó los hechos y rechazó cualquier tipo de violencia: “La SCR Peña Deportiva quiere manifestar su rechazo absoluto ante cualquier comportamiento violento ocurrido durante la final de Copa de categoría cadete disputada esta tarde. Nuestro club condena firmemente cualquier acto que vaya en contra de los valores del respeto, la convivencia y el deporte, principios que forman parte de la identidad de nuestra entidad y del trabajo diario que desarrollamos en todas nuestras categorías”.
La entidad de Santa Eulària también aseguró que colaborará “con las autoridades y organismos competentes para esclarecer lo sucedido y adoptar las medidas que correspondan”, insistiendo en que este tipo de comportamientos “no representan a la afición ni a la gran mayoría de familias, jugadores y seguidores que viven el fútbol base desde el respeto y el apoyo al deporte formativo”.
Algo está fallando
Lo ocurrido este fin de semana no es un episodio aislado. Ni mucho menos. El fútbol base pitiuso lleva meses acumulando incidentes que deberían hacer reflexionar seriamente a clubes, instituciones y federación. El pasado mes de febrero, un partido de categoría alevín entre la Peña Deportiva y la UD Ibiza, disputado en el anexo de Can Misses, tuvo que suspenderse en el minuto 36 por el comportamiento de varios padres en la grada.
No hubo agresiones físicas, pero sí un clima de tensión e insultos continuos que obligó al colegiado a detener el encuentro. En el acta arbitral se reflejó que la suspensión se produjo “debido a la reiteración de agresiones verbales producidas en la grada entre aficionados, así como hacia mi persona”, añadiendo que la decisión se tomó “para garantizar la seguridad, el orden y el normal desarrollo de la competición”.
Semanas después, ya en marzo, el mismo equipo cadete de la Peña Deportiva que este fin de semana volvió a verse salpicado por la polémica protagonizó otra trifulca durante un encuentro ante el CD Ibiza Insular disputado en Es Putxet, un episodio en el que tuvo que intervenir la Policía Local y que acabó con una denuncia por agresión. Otro de los casos más mediáticos tuvo lugar el pasado mes de abril en un partido entre el CF Luchador y la PE Sant Jordi, cuando el segundo entrenador del conjunto verdinegro, Christian Núñez, golpeó con una botella al juez de línea tras ser expulsado. El encuentro se suspendió y el técnico recibió una sanción de 20 partidos, la máxima contemplada en este tipo de situaciones.
La sensación es clara: algo está fallando. Y el problema ya no puede esconderse bajo la alfombra. El fútbol base debe ser un espacio de formación, educación y aprendizaje para niños y adolescentes, no un escenario donde algunos adultos descargan frustraciones, insultos o violencia. Porque lo más grave de todo no es únicamente la agresión en sí. Lo verdaderamente preocupante es la normalización que empieza a rodear este tipo de episodios. Cada fin de semana parece haber una nueva polémica, una nueva discusión o una nueva escena impropia de un deporte formativo.
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