Fútbol
Suspendido un partido de fútbol en Ibiza tras un botellazo a un juez de línea
El altercado tuvo lugar este domingo en el partido entre el Luchador y la PE Sant Jordi

Imagen de archivo del campo de Sant Antoni / Vicent Marí

El fútbol volvió a cruzar una línea roja este fin de semana en Ibiza. El partido entre el Luchador y la PE Sant Jordi fue suspendido en el minuto 89 tras un grave incidente desde el banquillo local que acabó con un asistente arbitral lesionado y en el hospital de Can Misses.
Según ha podido saber Diario de Ibiza, que ha tenido acceso al acta arbitral, los hechos se desencadenaron en el tramo final del encuentro. En el minuto 88, el técnico local fue amonestado por «desaprobar de forma ostensible una de mis decisiones», tal y como recoge el colegiado.
Apenas un minuto después, la situación fue a más. El árbitro señala que, tras la amonestación, el entrenador se dirigió a su asistente «de forma exaltada» y «encarándose», lo que motivó su expulsión Sin embargo, lo más grave ocurrió justo después. El acta es contundente: «Una vez expulsado […] lanzó con fuerza excesiva un bidón de agua […] impactando en el brazo derecho de mi asistente número 1 a la altura del codo».
El colegiado añade que el golpe provocó «inflamación y rojez» en la zona afectada y que «el bidón quedó deformado debido al impacto», adjuntando imágenes y parte médico que acreditan los hechos. Ante esta situación, el árbitro no dudó en tomar una decisión drástica: «Tras la agresión […] decido suspender el partido», recoge el acta. En ese momento, el marcador era de 0-1 favorable al Sant Jordi y el encuentro se encontraba a escasos instantes del final, con tiempo añadido ya previsto.
Más allá de lo deportivo, lo sucedido vuelve a poner el foco en un problema que va mucho más allá de un resultado. Porque no se trata de una protesta, ni de un exceso de tensión propio de la competición. Se trata de una agresión reflejada negro sobre blanco en un acta arbitral.
El fútbol, y especialmente el que se vive en categorías modestas, no puede permitirse este tipo de comportamientos. Escenas así dañan la imagen del deporte, además de lanzar un mensaje peligroso en entornos donde el ejemplo debería ser innegociable. Ahora será el turno de los órganos disciplinarios, que deberán valorar lo ocurrido y dictar las sanciones correspondientes. Pero más allá de lo que determine la competición, lo sucedido deja una reflexión incómoda: el problema no es solo que pase, sino que siga pasando. Porque lo preocupante no es que ocurra un episodio así, sino que en Ibiza empiece a dejar de ser una excepción.
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