Alpinismo
Desafío extremo de alpinistas de Ibiza para ascender el volcán más alto del planeta: «Estábamos asfixiados, mareados y pensábamos que no íbamos a llegar»
Cinco integrantes del Club Eivissenc de Muntanya completan un ambicioso viaje de casi un mes por los Andes, que culminó en el ascenso del Nevado Ojos del Salado, de casi siete mil metros

Club Eivissenc de Muntanya
Atravesar los Andes no es para cualquiera. Vientos de más de 90 kilómetros por hora, escasez de agua, temperaturas que bajan hasta los -20 grados o la falta de aire son algunas de las pruebas extremas que tienen que atravesar aquellas personas que osan caminar por esos lares. Sin embargo, el Club Eivissenc de Muntanya ha vivido en sus carnes lo que es superarlas, y varias veces.
Después de varias aventuras por toda América -entre las que se encuentra la vivida en las cumbres de Ecuador hace ya año y medio-, un grupo de cinco montañeros del club ibicenco -Gabriel Tur, David Santacruz, Pedro Moreno, César Murcia y Félix Sánchez- ha protagonizado una de las mayores hazañas que se puede conseguir en el mundo del alpinismo: escalar el Nevado Ojos del Salado (6.893 metros), el volcán activo más alto del mundo y la segunda montaña más elevada de América.
La expedición puso rumbo el pasado 30 de enero y volvió el 26 de febrero, en el que fue un mes lleno de obstáculos, supervivencia y deporte extremo. El grupo comenzó su aventura en la provincia argentina de Catamarca, desde donde se inició la escalada de los primeros cuatromiles: Cerro Coquena (4041 metros), Cerro Pastos Largos (4117 metros) y Cerro Falso Morocho (4484 metros).
El volcán Incahuasi, primer gran desafío
«Nos dio un pelotazo en la cabeza por subir demasiado rápido las primeras cumbres», admite a este diario Sánchez, presidente del club, organizador de esta aventura y residente en Ibiza desde hace más de 15 años. Aunque los primeros días de aclimatación fueron algo acelerados, el grupo puso rumbo hasta los primeros cincomiles con el objetivo de continuar el proceso de aclimatación previo al gran ascenso del Ojos del Salado.

Galería: la expedición del Club Eivissenc de Muntanya en los Andes / Club Eivissenc de Muntanya
Las tres cumbres del Cerro Negro Muerto, que se elevan hasta los 5038 metros de altura, el Cerro Morocho (5070 metros) y el Cerro Cordobita (5579 metros) fueron los siguientes objetivos en los siguientes días, poco antes de alcanzar el primer seismil que cerraría el tiempo de aclimatación: el Volcán San Francisco (6018 metros), a escasos kilómetros de la frontera real que separa Argentina de Chile.
El siguiente reto sería el volcán Incahuasi, de 6638 metros, que es el seismil más exigente de la zona, «aunque también el más bonito», reconoce Sánchez. Una zona completa desierta y volcánica, al estilo del Teide en Tenerife, aguardaba a los montañeros en la que sería una de las subidas más duras de la cordillera.
La falta de aire, principal obstáculo
«Con el nivel de aclimatación que teníamos y los números que ya habíamos previsto, pensábamos que no sería para tanto, pero terminó siendo muy duro y se nos hizo bastante largo», cuenta el presidente del club. Los montañeros decidieron atacar la cumbre directamente desde el campo 1, situado a 5.050 metros, en una jornada de más de 15 horas de esfuerzo, con 1.600 metros de desnivel positivo y cerca de 15 kilómetros recorridos.
Aunque las condiciones meteorológicas acompañaron, lo cierto es que no faltaron las molestias físicas entre los andinistas. «A algunos les dolía el pecho de toser tanto y las flemas que se acumulaban, además de la falta de aire», relata un Sánchez que revive las adversas circunstancias que se presentaron durante el ascenso al décimo pico más alto de América.

Cuatro de los montañeros avanzan por las tierras de los Andes / Club Eivissenc de Muntanya
Tras varios días de descanso, el equipo afrontó el reto final del viaje: el Nevado Ojos del Salado. Para alcanzar el campo base, situado a 5.580 metros de altitud, los montañeros recorrieron en vehículo todoterreno los 230 kilómetros que separan la localidad de Tinogasta de la base de la montaña, parte de ellos por una pista en muy malas condiciones.
«Estábamos asfixiados y mareados»
Aunque el 4x4 permitió al grupo recortar distancia, las consecuencias derivadas de estar más de siete horas dentro de un vehículo y en esas condiciones se reflejaron poco después de bajarse. «Estábamos asfixiados, mareados y aún nos veíamos peor que cuando subimos el Incahuasi», relata Sánchez. La alimentación era otro reto durante el ascenso. «Aunque llevábamos barritas, algunas eran imposibles de comer y hemos llegado a pasar mucha hambre», relata.

Félix Sánchez, presidente del Club Eivissenc de Muntanya / Vicent Marí
Cualquier estrategia mental era válida para avanzar, por poco que sea, por el pedregoso y exigente terreno del monumental Ojos del Salado. «Cuentas pasos hasta que avanzas 20 o 30 metros, paras, respiras y continúas», explica el alpinista, que incide en que lo importante es «olvidarse de lo que aún falta por recorrer».
Próximos retos en el horizonte
Con la previsión meteorológica empeorando y el tiempo limitado, el grupo optó por un ataque rápido desde el campo base hasta la cumbre y regreso en la misma jornada. La ascensión supuso otras 16 horas de esfuerzo, con aproximadamente 1.300 metros de desnivel positivo y unos 15 kilómetros de recorrido.
Finalmente, se consiguió el objetivo, y el Nevado Ojos del Salado se convirtió en otra página de un libro al que aún le queda mucho por terminarse. En el horizonte, el Club Eivissenc de Muntanya contempla nuevos retos, que van desde el ascenso al Aconcagua -cumbre más alta de América- hasta los siete miles que atraviesan las zonas de Kirguistán, Kazajistán o Tayikistán. Pero ahora toca descansar y disfrutar de la hazaña que se ha conseguido.
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