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Fútbol

Vergüenza en el fútbol base de Ibiza: "El encuentro se suspendió debido a agresiones verbales" de los padres de varios jugadores

Un partido alevín entre la Peña Deportiva y la UD Ibiza se suspende por insultos y amenazas en la grada protagonizados por los padres

Imagen de archivo del anexo a Can Misses

Imagen de archivo del anexo a Can Misses / Vicent Mari

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Jesús Rodríguez

Jesús Rodríguez

Ibiza

El fútbol base volvió a dar este fin de semana una imagen que nadie quiere ver. Un partido de categoría alevín entre la SCR Peña Deportiva y la UD Ibiza, disputado en el anexo de Can Misses, tuvo que suspenderse en el minuto 36 por el lamentable comportamiento de varios padres en la grada. Hablamos de niños. De formación. De valores. Y, sin embargo, una vez más, fueron los adultos quienes convirtieron un partido de fútbol en un escenario de tensión impropio de un deporte formativo.

El origen del conflicto, según uno de los clubes

Según la información a la que ha accedido Diario de Ibiza desde uno de los clubes implicados, todo comenzó tras una falta sobre un jugador de la Peña Deportiva. El padre del menor se levantó para protestar airadamente la acción, en una reacción que, aunque reprobable, entra dentro de lo que, por desgracia, se escucha cada fin de semana en muchos campos de fútbol base. Siempre según esta versión, fue entonces cuando el padre de un jugador de la UD Ibiza intervino elevando considerablemente el tono.

Le recriminó su actitud al otro progenitor y la discusión fue subiendo de intensidad hasta el punto de que, de acuerdo con el relato recibido por este diario, llegó a retarle para continuar la disputa fuera del recinto deportivo. El enfrentamiento, según esta misma fuente, se produjo exclusivamente en la grada, entre dos padres y personas de su entorno. No hubo invasión de campo ni agresión física, pero el ambiente se volvió extremadamente tenso.

El descanso no calmó los ánimos

Lejos de enfriarse con el paso de los minutos, la situación volvió a encenderse durante el descanso. Los dos progenitores abandonaron momentáneamente la grada con la intención de continuar la discusión fuera, aunque finalmente no se produjo ningún enfrentamiento físico. Los entrenadores de ambos equipos, conscientes de la gravedad de lo que estaba ocurriendo, intentaron mediar y rebajar la tensión. Nadie en los cuerpos técnicos estaba de acuerdo con lo que estaba sucediendo. Los protagonistas del partido eran los niños, pero el foco volvió a estar donde nunca debería estar: en la grada.

El acta arbitral: suspensión por seguridad

El árbitro, ante la reiteración de insultos y el clima de inseguridad, decidió suspender el encuentro. En el acta recogió que: “El encuentro correspondiente a la jornada programada ha debido ser suspendido debido a la reiteración y agresiones verbales producidas en la grada entre aficionados, así como hacia mi persona. Ante la persistencia de dichos comportamientos y con el fin de garantizar la seguridad, el orden y el normal desarrollo de la competición, se ha tomado la decisión de suspender el partido en el minuto 36 de juego, con 2-1 ganando el equipo local a falta de 24 minutos. Se tendrá que reanudar con una falta directa desde el borde del área en la esquina superior derecha”.

El marcador reflejaba un 2-1 en el momento de la suspensión, pero el resultado es lo de menos. Lo verdaderamente preocupante es que un árbitro tenga que parar un partido de alevines por el comportamiento de adultos incapaces de controlar sus impulsos y de preservar y velar por los valores que deberían prevalecer en cualquier evento deportivo.

El problema no es un partido, es el ejemplo

Este tipo de episodios no son una anécdota. Son un síntoma. El fútbol base no debe convertirse en el escenario donde algunos padres descargan frustraciones personales o viven el partido como si se tratara de una final profesional. Los niños aprenden lo que ven. Y lo que vieron este fin de semana en Ibiza no fue precisamente respeto, ni educación, ni deportividad. El deporte formativo debería ser un espacio seguro. Para competir, para equivocarse, para crecer. No para escuchar insultos, amenazas o retos entre adultos que olvidan que están en un campo de fútbol infantil. Porque cuando los mayores pierden la cabeza, los que de verdad pierden son los niños.

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