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La metamorfosis en Sant Rafel de la SD Ibiza

La SD Ibiza ha sumado nueve puntos consecutivos desde que anunció que jugaría todos sus partidos en el Municipal de Sant Rafel. Es Putxet tendrá que esperar hasta la próxima temporada para ver debutar a los rojillos

Mario Riquelme lucha por un balón contra un jugador del Girona B en el último partido de la SD Ibiza en Sant Rafel. | VICENT MARÍ

Mario Riquelme lucha por un balón contra un jugador del Girona B en el último partido de la SD Ibiza en Sant Rafel. | VICENT MARÍ

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jesús rodríguez pazos

Eivissa

La SD Ibiza ha cambiado la piel. Y lo ha hecho donde más duele, donde más importa y donde se forjan los equipos que quieren competir de verdad: en casa. Desde que la entidad rojilla decidió mudarse definitivamente al Campo Municipal de Sant Rafel, el conjunto dirigido por Raúl Casañ no solo ha recuperado sensaciones; ha recobrado identidad, espíritu y resultados. Tres partidos, tres victorias, nueve puntos y cero goles encajados. Un giro radical. Una metamorfosis total.

De dudas y tropiezos a confianza y solidez

Hasta que se anunció su traslado definitivo a Sant Rafel, la SD Ibiza había disputado tres partidos en casa: dos en el Sánchez y Vivancos y uno en el propio Sant Rafel. El balance era irregular: victoria por 1-0 ante el Terrassa en su debut, derrota por 1-2 frente al Valencia B y empate por 1-1 contra el Porreres. Tres resultados distintos, tres sensaciones distintas, pero una constante: el equipo no encontraba el pulso ni la solidez ni la conexión con su afición.

La derrota ante el Andratx (2-0) el 26 de octubre terminó de disparar las alarmas: los rojillos eran colistas con apenas cinco puntos en ocho jornadas. La situación exigía un cambio profundo. Y la directiva dio un paso decisivo: mudar el equipo a Sant Rafel de forma definitiva. El Sánchez y Vivancos, con sus pistas de atletismo, su distancia entre grada y césped y su imposibilidad de entrenar de forma continua, se había convertido en un escenario frío, ajeno e incómodo. Un lugar donde el equipo, aunque lo pareciera sobre el papel, no actuaba como local.

El nuevo hogar, el punto de inflexión

En Sant Rafel todo eso desapareció. Allí, la SD Ibiza ha encontrado un hogar de verdad. Un feudo propio. Un refugio y un catalizador de resultados. La plantilla entrena cuatro días por semana sobre el mismo césped donde compite, algo tan simple como esencial para adquirir automatismos, ajustar mecanismos defensivos y sentirse dueña de su territorio. La afición, pegada a la valla, cerca, apretando, alentando, se ha convertido en un factor diferencial. El ambiente ha cambiado. El equipo, también.

Desde la mudanza definitiva, los rojillos han ganado tres partidos consecutivos por idéntico marcador: 1-0 ante el Alcoyano (noveno clasificado), 1-0 frente al Reus (cuarto) y 1-0 contra el Girona B (octavo). Tres rivales exigentes, tres encuentros cerrados y durísimos en los que la SD Ibiza mostró una versión feroz, solidaria y aguerrida, señas de identidad del míster. Tres victorias que no se consiguen por casualidad: se logran con trabajo, convicción y una idea clara. Y aquí está el dato que lo resume todo: cero goles encajados en Sant Rafel. Ni uno solo.

El equipo ha levantado una muralla, una telaraña defensiva impenetrable que desquicia a los rivales y convierte cada ataque visitante en una lucha contra el reloj, contra el césped, contra la presión ambiental y contra un conjunto rojillo que ha decidido que en su casa no entra nadie.

El cambio no ha sido solo futbolístico. Ha sido emocional. En Sant Rafel, la SD Ibiza se siente grande, se siente fuerte, se siente capaz. Allí impone su ritmo, su intensidad y su rigor táctico. Allí encuentra tranquilidad para madurar los partidos, paciencia para golpear en el momento adecuado y firmeza para no conceder ni un metro. El contraste con la etapa previa es brutal: de tres partidos irregulares, con errores defensivos y sensación de vulnerabilidad, a tres victorias consecutivas con portería a cero. La metamorfosis es evidente y el efecto psicológico en la plantilla y en la afición, incalculable.

La importancia de hacerse fuerte en casa

En una categoría tan igualada como Segunda RFEF, donde los desplazamientos son largos; los presupuestos, muy distintos y cada partido es una batalla táctica, lo que marca la diferencia es ser fiable en casa. Hacer de tu campo un lugar incómodo, tenso, hostil para cualquiera. Eso es lo que la SD Ibiza ha conseguido en Sant Rafel. Eso es lo que explica esta resurrección. Cada victoria fortalece la confianza, cada portería a cero solidifica la estructura y cada punto acerca al equipo a la zona media y le aleja del descenso. De hecho, pese a seguir provisionalmente en puestos de peligro, la SD Ibiza ha pasado de estar descolgada a situarse a solo cuatro puntos del play-off de ascenso a Primera RFEF.

El mensaje es claro: la SD Ibiza ha vuelto

La SD Ibiza ha recuperado su esencia. Ha mejorado en competitividad, carácter y solidez. Ha plantado una bandera en Sant Rafel y ha dejado claro que, mientras juegue allí, será un hueso durísimo de roer. Un equipo que cree, que pelea cada balón y que ha encontrado en su nuevo hogar la fuerza que le faltaba. La metamorfosis es real. La dinámica, imparable. Y el fortín, inexpugnable. La SD Ibiza está viva. Y ahora, por fin, vuelve a mirar hacia arriba.

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