Fútbol | Copa del Rey
La afición celeste dice basta
Los seguidores de la UD Ibiza estallan en redes sociales tras el nuevo bochorno copero y la desastrosa dinámica del equipo esta temporada: «Ridículo total, vergüenza, un equipo sin rumbo y sin alma»

Aspecto de la grada general del estadio Palladium Can Misses en el encuentro disputado frente al Nàstic de Tarragona. | TONI ESCOBAR

La UD Ibiza volvió a escribir este miércoles una de las páginas más sombrías de su historia. Un capítulo negro, de los que dejan cicatriz en su afición. Eliminado en la Copa del Rey por el Quintanar del Rey, colista de su grupo en Segunda RFEF, el conjunto celeste volvió a tropezar, por tercer año consecutivo, ante un rival de inferior categoría. Un golpe deportivo y emocional que ha desatado una tormenta perfecta entre la afición, harta de una deriva que no parece tener freno.
El resultado no pilló a nadie por sorpresa a nivel futbolístico —la temporada ya venía torciéndose—, pero sí por la magnitud del desastre y, sobre todo, por la imagen. El equipo, sin alma, sin intensidad y sin identidad, fue apeado del torneo del KO con estrépito y agravó una crisis que ya era profunda en Primera RFEF, donde la formación ibicenca merodea peligrosamente la zona de descenso tras un inicio de Liga desastroso.
La Copa debía ser un refugio, una ventana para recuperar ilusión, una vía de escape para respirar tras meses de dudas. En lugar de eso, se convirtió en un espejo cruel que mostró todas las carencias de un proyecto que se hunde a ojos de su gente. Y su gente ha hablado. Mucho. Y alto.
«Vergüenza, ridículo, desastre»
Basta asomarse a las redes sociales para comprender el estado de ánimo del aficionado celeste. Las palabras que más se repiten son demoledoras: vergüenza, ridículo, desastre, sin rumbo. Frases como «esto pinta fatal», «están peor de lo que pensaba» o «ridículo total» se han convertido en mantra de una afición que, lejos de resignarse, ha estallado.
Ya no son simples críticas aisladas tras un mal partido. Es frustración acumulada, decepción profunda, tristeza que deriva en enfado. Muchos reconocen que la ilusión inicial que generó la plantilla se ha evaporado. «Mucha ilusión al principio, pero esto pinta mal», lamentan. Y no son pocos los que piden responsabilidades directas.
El director deportivo, Javi Lara, ha pasado al primer plano del debate. La afición reclama explicaciones, incluso dimisiones. Se cuestionan los fichajes, la planificación y la capacidad para construir un equipo competitivo. La figura del presidente, Amadeo Salvo, tampoco sale indemne y comienzan a sucederse las críticas a su gestión y a sus contínuos volantazos en el rumbo de la entidad.
Los jugadores, señalados
Pero si hay un mensaje repetido hasta la saciedad, es la sensación de falta de compromiso del vestuario. «No hay entrega, ni ganas, ni orgullo», resume un seguidor. La paciencia se ha agotado con una plantilla que muchos pensaban que era de nivel superior, pero que en el césped ofrece, jornada tras jornada, una imagen alejada de lo esperado.
El término ‘mercenarios’ ha aparecido en más de un comentario. La queja es clara: jugadores que parecen desconectados, sin hambre competitiva y más preocupados de su carrera personal que del escudo. Se pide carácter, liderazgo, alguien que grite, que empuje, que contagie. La afición no exige ganar siempre —lo sabe bien—, pero sí competir, luchar y respetar un escudo y una isla que sienten como suya.
Ni el cambio en el banquillo ha calmado las aguas. Algunos aficionados miran atrás y, aunque muchos reconocen errores pasados, también creen que el equipo, al menos, tenía presión interna con Paco Jémez. Ahora, temen que el grupo se acomode, que falte mano dura, que Miguel Álvarez sea víctima del mismo problema de fondo: un vestuario desordenado y sin brújula deportiva.
Eso sí, todavía queda, aunque cada vez más tímida, una llama de esperanza. Hay quienes piden paciencia, tiempo para que el nuevo técnico aplique su método, confianza en que el mercado invernal pueda corregir los errores del verano.
Brecha plantilla-afición
La brecha entre plantilla y afición es evidente. Algunos grupos de seguidores hasta proponen acudir a un entrenamiento para trasladar su malestar de forma directa, aunque otros reconocen que dudan de que sirva para algo. «Estos jugadores tienen que sentir presión, saber que somos pocos pero hartos», reclaman.
El sentimiento general es claro: la UD Ibiza está navegando sin rumbo y la afición, esa que siempre ha estado ahí, se siente desamparada, dolida y cada vez más desconectada de un equipo que no refleja su espíritu.
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