Tenis

Javier Fernández, entrenador ibicenco de tenis: «Muy pocos pueden vivir desde dentro la magia de Wimbledon»

Javier Fernández, entrenador ibicenco del tenista Jaume Munar, desvela algunos de los secretos del prestigioso Grand Slam que se disputa en Londres

Fernández en Wimbledon.

Fernández en Wimbledon. / J.F.

Rubén J. Palomo

Rubén J. Palomo

Un ibicenco se encuentra estos días viviendo desde dentro el torneo de tenis más antiguo del mundo, fechado en 1877, y el único que se disputa sobre hierba natural dado el particular clima de su escenario, la capital británica de Londres. Javier Fernández asiste por segunda vez a Wimbledon como integrante del equipo del mallorquín Jaume Munar, quien tras apear en la primera ronda del torneo individual al local Billy Harris (6-4, 6-4, 3-6 y 6-3) cayó este jueves con el australiano Álex de Miñaur (6-2, 6-2 y 7-5), número 9 del mundo. Munar se despidió por tercer año consecutivo en la misma ronda, una pequeña decepción para el equipo balear a pesar del prestigio y el nivel de la competición.

Mientras ultima las instrucciones a su amigo y pupilo antes del partido de dobles, Javi Fernández presume en declaraciones a Diario de Ibiza de ser «uno de los pocos ibicencos, por no decir ninguno», que ha pisado el carismático verde de Wimbledon. Jugador antes que entrenador, el joven preparador isleño sabe que es un afortunado por poder degustar el especial aroma de este Grand Slam, que entre sus muchas curiosidades destaca la exigencia de que jugadores y asistentes deban vestir exclusivamente de blanco, una tradición que mantiene su elegancia y distinción sobre el resto.

«Estar en Wimbledon es increíble, es un sitio muy emblemático para el tenis y tiene cosas muy especiales como no poder pisar la pista si no vas vestido de blanco. Además, no podemos entrenar más de un cierto tiempo en la pista al ser superficie de hierba natural que se daña. Son cosas que solo pasan en Wimbledon y por eso es especial», explica Javi Fernández.

Un ambiente de locura

El torneo, que es famoso por sus fresas con crema, una tradición culinaria muy apreciada por los asistentes, vivió en 2010 el partido más largo de la historia del tenis entre John Isner y Nicolas Mahut, que duró 11 horas y 5 minutos repartidos en tres días.

Por este tipo de cosas la competición londinense goza de un aura casi mística. «El ambiente que se vive es una locura, cada día está lleno, hay gente fuera de las canchas que acampan y pasan días para conseguir entradas. En el barrio se vive un ambiente de puro tenis, con entradas agotadas cada día. La gente lo vive con mucha pasión y por eso es un evento tan importante», remarca el entrenador ibicenco, quien reconoce que «estar en un sitio así y vivirlo desde dentro es una pasada». «Muy poca gente puede vivir desde dentro la magia de Wimbledon, entre los equipos de los jugadores. Estoy muy agradecido y contento de poder disfrutar de todo esto, es un sitio muy emblemático y el hecho de que sea en césped natural hace que sea todo mucho más especial», puntualiza.

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