Fútbol | EUROCOPA 2024

Lamine afina el violín y Fabián deslumbra con la guitarra

El azulgrana se convirtió en el jugador más joven de la historia en una Eurocopa, y el sevillano, con una asistencia y un gol, rompió el partido ante los balcánicos

Lamine Yamal controla el balón, ayer en Berlín.

Lamine Yamal controla el balón, ayer en Berlín. / Sunday Alamba / AP

Fermín de la Calle

Fermín de la Calle

«Este es un torneo de momentos», advirtió Rodri en la espaciosa sala de prensa del Olímpico de Berlín el viernes antes de marcharse a cenar. Y ante Crocia se comprobó que el mensaje del mediocentro ha calado, porque cuando los balcánicos comenzaban a crecer en el partido llegaron los tres directos de los españoles a la mandíbula.

El primero con un pase al corazón de la defensa de Fabián que Morata, tras pensar un millón de cosas, remató a gol con su pierna izquierda. El segundo, tras eslalon del propio Fabián, que se sacudió un par de croatas de encima antes de disparar a la red entre las piernas de un defensa. Y el tercero, en un ejercicio de pillería de Lamine, que montó un córner en corto con su socio Nico Williams para regalar después una comba a la espalda de la zaga croata, donde apareció Carvajal como si fuera su cuñado Joselu. Tres chispazos que cortocircuitaron a Croacia.

Era un día especial para muchos, especialmente para Lamine Yamal Nasraoui Ebana. Ivan Modric, el hijo mayor de Luka, tiene 18 meses más que él. El azulgrana podría ser perfectamente hijo del madridista. «Me haces sentir muy viejo cuando me contáis esas cosas», le advirtió el croata a Filippo Ricci, corresponsal de La Gazzetta dello Sport en España, cuando le consultó el dato en la previa. «Es un prodigio, es su gran peligro», apostilló. Señalado por los elogios de Luka, Lamine Yamal se convirtió ayer en el futbolista más joven en disputar una Eurocopa. A sus 16 años y 338 días hacía añicos el récord del polaco Kacper Kozlowski (17 años y 246 días).

Después del aguacero de la mañana, había quedado una tarde primaveral en Berlín. Coreaba la grada el Hoy puede ser mi gran noche de Raphael mientras los españoles afinaban su puntería en el calentamiento. Lamine, siempre cerca de Nico, vigilado por Rodri, atento a lo que le decía Pedri. Y enfrente un morlaco: Josko Gvardiol. Todas las miradas puestas en él. Especialmente la de los apenas diez mil españoles que se hacían notar ante 50.000 croatas.

Tranquilidad y desparpajo

Tuvo de salida un rival más incómodo que Gvardiol, el sol, que le deslumbraba. La primera pelota la tocó a los 70 segundos, y prefirió no encarar, limitándose a devolverla atrás. A los cuatro minutos recibió una pelota y su marcador rápidamente recibió una ayuda. Modric no iba de farol, Croacia le respetaba. El lenguaje corporal de Lamine Yamal delataba tranquilidad y desparpajo, pero se echaba en falta más verticalidad del chaval, que se desconectó cuando Croacia se quedó con la pelota. Sin embargo, los dos primeros goles, en tres minutos, lo cambiaron todo. Y Lamine se volvió a conectar en el minuto 44, cuando llamó a Nico y montaron ese córner en corto que terminó con Carvajal abrazando efusivamente al azulgrana.

Para entonces Fabián ya había roto en el jugador del partido. Una actuación mayúscula, recordando a quien fue mejor jugador del Europeo sub-21 de Italia y San Marino, en 2019. Partido majestuoso del sevillano dominando el mediocampo y apareciendo arriba. Lamine se contagió y estuvo a punto de marcar tras un pase de Pedri, pero una mano de Livakovic evitó el gol. Despertó y ofreció algunos brochazos de su talento mayúsculo con un par de eslálones de esos que derraman rivales por el camino. Hasta se animó a tirar una falta, confirmando que además de descaro tiene peso en el equipo. Lamine, que se marchó sustituido en el 85, afinó un violín que debe sonar más y mejor en esta Eurocopa que acaba de iniciarse. Quien dio un auténtico recital fue Fabián, que hizo bailar a Croacia al son de su guitarra. n