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Suplemento Abril

Claudio Magris y su alegórico ‘Danubio’

Si hay libros que nos marcan a lo largo de la vida, ‘El Danubio’ de Claudio Magris es uno de ellos

Claudio Magris

Claudio Magris / Pablo García

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Miguel Ángel González

Miguel Ángel González

Barcelona, donde vivo, es una ciudad literaria y el letraherido tiene suerte de vivir en ella. Concentra más del 50 % de la industria editorial española, es cuna y refugio de grandes autores, sede de las principales editoriales del país y, caso único, cuenta con 250 bibliotecas, 13 bibliobuses y más de 400 librerías. Es además la ‘Capital Mundial de libro’ por la Unesco que hace cien años, en 1926, instauró la ‘Fiesta del Libro’ que celebramos el 23 de abril, una jornada insólita que deja patidifusos a los turistas y que los ciudadanos disfrutamos regalando millones de libros y rosas. Esta feliz circunstancia explica el desfile de escritores que visitan la ciudad, nos animan a leer y podemos conocer.

Al escribir ahora sobre ‘El Danubio’, principal obra de Claudio Magris, recuerdo las dos últimas visitas del escritor. En una fotografía de ‘La Vanguardia’ lo veo como lo recuerdo, alto, corpulento, trajeado pero sin corbata, con el pelo desordenado y una mirada como melancólica y triste. Vino a la ciudad el 2011 para ser investido Doctor Honoris Causa por la Universidad de Barcelona y en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) dedicó una exposición a su ciudad natal, Trieste, explicándonos, en curioso encuentro, ‘Cómo nacen los libros’.

En 2016 nos visitó de nuevo, invitado por Anagrama, su editorial. Hizo el Pregón de Sant Jordi en el Saló de Cent y nos presentó su último libro ‘No ha lugar a proceder’, una novela sobre la capacidad del ser humano para generar horror y que, según recojo del ejemplar que me firmó, arranca con un curioso anuncio, «Se vende submarino», publicado en Il Piccolo de Trieste por un loco adinerado que coleccionaba toda clase de parafernalia bélica En aquella última visita, el autor conversó en el CCCB con el periodista Josep Ramoneda sobre el mundo del libro, la literatura y el combate contra la barbarie. Pero dejemos efemérides y recuerdos y vamos a lo que voy, ‘El ‘Danubio’, la obra mayor de Magris que he vuelto a leer.

Si digo que es una mayúscula obra de arte no descubro el Mediterráneo. Más que repetir los elogios que merece, prefiero subrayar un aspecto que es el tuétano de la obra y que se suele pasar por alto. Ensayo, novela, libro de memorias que muchos sitúan en la literatura de viajes con toques sentimentales a la manera de Sterne, ‘El Danubio’ es todo eso y mucho más. En su literalidad es una lenta navegación por el río desde su nacimiento en la Selva Negra hasta su desembocadura en el Mar Negro. Tras recorrer casi tres mil kilómetros en los que hace de ‘frontera’ entre diez países, Alemania, Austria, Eslovaquia, Hungría, Croacia, Serbia, Bulgaria, Rumania, Moldavia y Ucrania, recala en Viena, Bratislava, Budapest y Belgrado. El viaje supone descubrir una sorprendente variedad de culturas y pueblos en un recorrido instructivo y fascinante que, sin embargo, es sólo el epitelio de la obra.

Lo determinante para entender de qué va ‘El Danubio’ es tener en cuenta que es una obra escrita desde un punto de vista muy especial: lo que significa Trieste para Magris, una ciudad pluriétnica y pluricultural; más que el lugar donde nace, un no-lugar, tierra de nadie porque ha sido de todos, cruce de caminos, una FRONTERA.

Un símbolo de la dificultad migratoria

También el Danubio, como Trieste, es un río fronterizo, un símbolo de la necesidad y la dificultad migratoria, tan familiar hoy, de atravesar fronteras no sólo nacionales, políticas y sociales, sino también psicológicas, culturales y religiosas. El viaje danubiano es el viaje de Jasón y los argonautas hacia la Utopía, una metáfora, un viaje a los propios infiernos, un alegórico ‘río de la vida’. Recordemos la copla de Jorge Manrique que también Magris recuerda: «Nuestras vidas son los ríos que van a dar al mar, que es el morir».

No es casualidad que el Danubio acabe en el Mar Negro. Y Trieste, lo hemos dicho, es también, como el Danubio, una ciudad de fronteras, un cruce de caminos multicultural donde confluyen el mundo latino, germano y eslavo. A partir de aquí, no puede extrañarnos que Magris practique una ‘escritura de frontera’: «Senza quest’esperienza della frontera, non sarebbero nati molti libri che ho scritto». Una frontera que no es barrera o muro que separa, sino frontera como puente, como lugar de encuentro, diálogo y mestizaje.

Las fronteras sólo se entienden si uno se pone ‘del otro lado’. Cruzarlas es superar los límites que nos permiten entender al ‘otro’ y enriquecernos con su visión, con su cultura: «Debemos tener –comenta- una recíproca indulgencia. Cuán estúpido es herirse recíprocamente. Me parece imperdonable añadir más dolor a la vida. Hay que reconocer la propia pequeñez y no tomar las propias elucubraciones como el centro del universo».

Defensa de una Europa federal

Magris defiende una Europa federal y plurinacional, rechaza las fronteras invisibles que tenemos en la actualidad. Llega a decir, lúcido y provocador, que vivimos, sin saberlo, una cuarta guerra mundial. Después de la Segunda Gran Guerra, la tercera fue la Guerra Fría y los conflictos que Magris tiene ahora en mente son las nuevas barreras que enfrentan todos l os días quienes intentan migrar, el rechazo a la condición y vivencia de la extranjería, la desigualdad de hombres y mujeres, las barreras impuestas a las minorías y a los marginados, la corrupción política desatada, la emergencia de las sociedades de riesgo, las nuevas modalidades de genocidio, el uso de la tecnología para fines de control, la marginación y la exclusión social ejercida por el propio Estado, la IA descontrolada, etc.

Todo ello lo coloca en la línea de los escritores-faro que denuncian los fenómenos dislocados de nuestros días, Jünger, Benjamín, Weber, Canetti, Camus, Foucault, Welzer, Butler, etc. «Vivimos, -nos dice- una guerra invisible». Para Magris, también la literatura es puente, una forma de saltar fronteras y conectar tradiciones opuestas. Magris explora ‘la frontera’ que está entre el rechazo y el abrazo, la verdad y la mentira, el desencanto y la utopía, la vida y la muerte. El Danubio es el viaje iniciático de Ulises, pero también el del Quijote y Sancho. El río, como la vida, nace, muere y en su recorrido tiene tramos de aguas tranquilas y superficiales, pero también turbulentas, con caídas, giros inesperados y pozas. El lector tiene que descubrir qué hay al final del ‘Danubio’. Al final del viaje, tiene que preguntarse qué ha aprendido cuando a la vista tiene ya el Mar Negro.

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