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Suplemento Abril

‘Opiniones de un payaso’, instancia moral contra la desmemoria

Heinrich Böll ajusta cuentas con la hipocresía, el silencio y la falsa inocencia de la Alemania del milagro económico

‘Opiniones de un payaso’, instancia moral contra la desmemoria

‘Opiniones de un payaso’, instancia moral contra la desmemoria / di

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Miguel Ángel González

Miguel Ángel González

De Heinrich Böll (1917-1985), Premio Nobel de Literatura 1972, dijo la Academia Sueca que «sus obras suponen un renacer después de la aniquilación». Con ello se alude a la toma de conciencia que Europa necesitaba tras la Segunda Guerra Mundial y, más precisamente, al sancho-pancismo de la sociedad, especialmente la alemana tras el nazismo, en la que los supervivientes, y las nuevas generaciones creía haber purgado o no tener por qué purgar las culpas de su inmediato pasado. Al denunciar los errores de una sociedad desquiciada, Böll ha resultado incómodo para las generaciones de posguerra.

No puede extrañarnos. Su obra cuestiona de forma severa el ‘milagro alemán’, abre la trastienda y nos descubre que lo que hay tras el escaparate es prepotencia y desmemoria, la realidad inquietante y desoladora que sugiere un verso de Bertolt Brecht al pie de una foto de Hitler: «Aún es fecundo el vientre que parió la Bestia». Böll denuncia a responsables de crímenes de guerra que se convierten después en respetables ciudadanos y ocupan posiciones de poder en la República Federal. Desmonta las contradicciones de una sociedad que olvida con demasiada facilidad su historia reciente y debajo de la alfombra esconde su mierda. Por todo ello, a Böll el reconocimiento le llega tarde. Al cumplir los 65 años, sus editores le regalaban un libro con autógrafos finalmente elogiosos, entre otros, de Willy Brand, Günter Grass, Andrés Sajarof y Alexander Solsjenitsyn.

Tengo una foto de Böll encima de la mesa. Me lo imagino aporreando enfebrecido su vieja Remington Travel Writer, modelo 1957 y, dicho sea con el mayor de los respetos, su rostro en la fotografía bien podría ser el del payaso de su novela más conocida. Böll sabe lo que quiere y debe decir, pero sólo puede hacerlo por boca de un loco –como el Quijote es para Cervantes-, o de un cómico, un clown o un payaso.

Es cierto que a Böll apenas se le conoce en nuestro país, pero una cosa es cierta, si en la literatura europea no tuviéramos su obra podríamos preguntarnos si hemos sacado alguna lección de la debacle de la Guerra. Böll rinde cuentas por un pasado atroz que vivió en carne propia. Vive la detención de sus amigos, reniega de las Juventudes Hitlerianas, asiste con horror a la ‘Noche de los cuchillos largos’, pero reclutado por la Wehrmacht en 1939 se ve obligado a luchar en Polonia, Rumanía, Hungría y la Unión Soviética. No pudo ser fácil librar como soldado raso una guerra que le repugnaba, al servicio del nazismo y, capturado como prisionero por el ejército estadounidense en 1945, pasar los últimos años de la conflagración prisionero en un campo de detenidos del este de Francia.

Acabada la contienda y liberado, regresa a Colonia y se gana la vida en el taller de carpintería de su hermano Alois. Sus primeros escritos, ‘El tren llegó puntual’, es del 1949. A partir de entonces publica un libro casi cada año, ‘Billar a las nueve y media’, ‘Opiniones de un payaso’, ‘Retrato de un grupo con señora’, ‘El honor perdido de Katharina Blum’, ‘Asedio preventivo’, etc. El levantamiento de Budapest, los sucesos de 1956 y la crisis de Suez, movilizan a 105 personalidades de la vida cultural, entre los que están Camus, Sartre, Picasso y Böll. Es cuando publica ‘Los silencios del doctor Murke y otras sátiras’ y ‘Los dos sacramentos’. Después, a partir de los años 60, le llega el reconocimiento.

En ‘Opiniones de un payaso’, novela escrita en primera persona, censurada y por la que Böll es acusado de irresponsabilidad política, no queda títere con cabeza. Hans, el payaso protagonista, agnóstico, sin trabajo, fracasado, melancólico, irreverente y resentido, abandonado por su mujer y sin futuro, pero extraordinariamente lúcido, pasa por un momento desolador y se siente acorralado. Encerrado en su habitación, en el breve lapso de unas horas en el que transcurre toda la acción de la novela, recurre a sus amigos y conocidos. Solicita por teléfono una ayuda que le niegan. Todos se retratan en sus respuestas y lo que nos deja la novela, con no poca ironía y sarcasmo, es una crítica de una sociedad llena de contradicciones, egoísta, conformista, hipócrita y materialista. Böll expone la banalidad, el patetismo de las ambiciones y pone en tela de juicio los valores con los que presume la democracia cristiana, que de cristiana tuvo poco y que lo que pretendía era obtener y ejercer el poder puro y duro. Böll denuncia la demagogia y la atmósfera de falsedad religiosa, moral y política.

No se salva ni su familia

El payaso se abre en canal y hace una disección de la realidad tramposa que le rodea, dice lo que piensa, lo que le motiva y lo que cree. Asume el papel de bufón, a un tiempo cruel y encantador, que deviene un signo de rebelión moral, y de sus varapalos ni tan siquiera se salva su propia familia por respaldar el proyecto nazi mientras dura el conflicto y que, tras la contienda, asume con descarado oportunismo un papel ejemplar.

Un Böll quijotesco con el que nos llegamos a sentir identificados se convierte en un elemento perturbador, la gota de ácido que fastidia la fiesta de la bonanza alemana, una prosperidad que, como comenta Borges, «se consigue a expensas de lo espiritual y que por debajo deja rozagantes atuendos, andrajos que zurcir y llagas que curar». Al payaso le duele el mundo y lo que con su personaje dice Bôll a sus conciudadanos, obligándoles a mirarse al espejo, es que no tienen motivos para sentirse optimistas y satisfechos. Böll ha sido y sigue siendo un amargado aguafiestas para muchos, pero poco importa, sus novelas han supuesto un lento pero contundente trabajo de demolición de engaños, fariseísmos y conformismos. ‘Opiniones de un payaso’ es un libro en el que aparentemente no pasa nada, -reflexiones de un cómico desahuciado-, pero continúa siendo un alegato de enorme dureza argumental contra una sociedad que se refugia en el silencio y cierra los ojos a su pasado y a su responsabilidad colectiva. Y el peligro sigue ahí. Lo que olvidamos, por olvidarlo, puede volver a repetirse.

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