Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

QUÉ FUE DE...

Vincent Lindon, el actor francés que devolvió la ilusión a la princesa Carolina de Mónaco en sus horas más bajas

El intérprete, que tiene más de 80 películas a sus espaldas, evita hablar públicamente de esa etapa en la que estuvo a punto de emparentar con la realeza europea

Vincent Lindon, durante la presentación de 'La Loi du Marche'.

Vincent Lindon, durante la presentación de 'La Loi du Marche'. / EFE

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

Álex Ander

Madrid

33 primaveras tenía la princesa Carolina de Mónaco cuando perdió a Stefano Casiraghi, el gran amor de su vida. Ambos se conocieron durante el verano de 1983, en un crucero de vela y a través de un amigo común, Robertino Rossellini. Ella estaba de luto por la trágica pérdida de su madre, Grace Kelly, y Stefanoi, un joven y guapo empresario italiano, se ganó enseguida su corazón con su forma de ser cálida y sincera. Se casaron en diciembre de aquel mismo año (como la Iglesia Católica aún no se había pronunciado sobre la nulidad del matrimonio de Carolina con el financiero francés Philippe Junot, tan solo hubo ceremonia civil) y tuvieron juntos tres hijos (Andrea, Pierre y Carlota). Por lo que cuentan, Stefano proporcionó bastante tranquilidad a una princesa que durante años arrastró el sambenito de rebelde y casquivana. Pero su bonito cuento de hadas terminó abruptamente el 30 de octubre de 1990, cuando el italiano falleció de forma accidental mientras participaba en una carrera de lanchas en la bahía de Montecarlo.

Tras enviudar, Carolina se instaló en Saint-Remy, un pequeño pueblo de la Provenza francesa donde encontró la paz que buscaba entre paseos en bicicleta y excursiones por el campo. También recuperó la ilusión en compañía del actor francés Vincent Lindon, que acababa de salir de un largo noviazgo con Claude Chirac, hija del primer ministro y más tarde presidente de Francia Jacques Chirac… y colega de la princesa. Como cabe imaginar, la prensa empezó a seguir de cerca los pasos de Lindon, un rostro habitual del cine galo que en 1993 ganó su primer César y nunca ha tenido interés en tratar de conquistar Hollywood. No en vano, en entrevistas ha asegurado que rechazó un papel en Malditos bastardos, de Quentin Tarantino, y otro en Un buen año, de Ridley Scott. “Me encantan Tarantino, Lasse Hallström y Ridley Scott, pero no a cualquier precio. Ser el malo con un diente de oro no me interesa. Tener una sola escena de cinco minutos donde puedo defender algo en lo que creo, eso sí [...]. Lo máximo que puedes hacer es un personaje de francés. Te llevan allí nueve semanas para rodar sólo cuatro días, justo el mismo tiempo en que estaría perdiendo dos o tres grandes películas de autor en mi país. Cuando Hollywood me proponga hacer un papel a la manera europea de trabajar lo aceptaré. Lo que yo rechazo son los productos”.

foto de VINCENT LINDON para Gente en la pelicula tous nous envies. PUBLICADA EPC 31/01/2012 P 53

Vincent Lindon, en la película 'Tous nous envies'. / ARCHIVO

No sabemos si su fuerte carácter y su claridad de ideas fueron dos de las cosas que atraparon a Carolina, pero sí que esta no tardó mucho en presentarle a su familia. De hecho, en noviembre del 93 se publicaron las primeras imágenes de Lindon con su suegro, durante una cacería en el castillo de Marchais, y en mayo del 95 se le vio acompañando al entonces príncipe Alberto en el palco presidencial en una de las semifinales del torneo de tenis de Montecarlo. Raniero llegó incluso a dar su visto bueno a que el interfecto acompañara a su hija en algunas de sus apariciones públicas. En la primera de ellas, la cena de gala del décimo aniversario del ballet de Montecarlo, la cosa salió regular y las cámaras captaron una discusión entre Carolina y su chico, lo que dio a pie a rumores de crisis de pareja. Aunque fue ya a comienzos del 96 cuando varias revistas publicaron que el noviazgo había llegado a su fin. “Carolina y él tenían una relación muy complicada. Es una de las pocas historias que Vincent no ha controlado”, confesaría luego el hermano del actor Sylvain Lindon.

Según se publicó, la ruptura fue especialmente dolorosa para el actor, quien incluso habría recibido una caja con sus pertenencias en mitad de una noche. “Había invertido tanto en esta relación que estaba muy decepcionado. Quizás ella no le dio la misma importancia a esta historia que él”, apuntó al respecto su hermana. Tras la ruptura, Carolina se ennovió con el aristócrata alemán Ernesto Augusto de Hannover, al que muchos recordarán seguramente por su complicado carácter, sus problemas de alcoholismo y sus líos con la justicia. Se casaron en enero de 1999, seis meses después dieron la bienvenida al mundo a su hija Alexandra, y, aunque se separaron en 2009, ni Carolina ni él han querido firmar el divorcio (según dicen, por un pacto alcanzado entre los hijos mayores de Hannover y la princesa para preservar el patrimonio familiar —y porque, en caso de divorciarse, ella perdería su estatus de Alteza Real—).

Palma de oro en Cannes

Bastante menos juego ha dado a la prensa del colorín Lindon, un tipo con cierta fama de educado pero seco que nunca ha querido hablar públicamente de lo que sintió cuando estuvo a punto de emparentar con la familia real monegasca. Tampoco es de los que ofrecen detalles de nada que tenga que ver con sus asuntos personales, aunque es sabido que en el 96 tuvo un hijo, Marcel, y que luego estuvo en amores con la también actriz Sandrine Kiberlain, a quien había conocido en el rodaje de una película y de quien se separó en 2003 (tras darle una hija, Suzanne Lindon, que ha querido seguir sus pasos en el mundo del cine).

CAN10 CANNES (FRANCIA) 11/05/2016.- El actor francés Vincent Lindon (i) y la actriz estadounidense Jessica Chastain (d) durante la presentación de la película "Café Society" con la que Woody Allen abrió la 69 edición del Festival de Cannes Francia, hoy, 11 de mayo de 2016. EFE/Julien Warnand

Vincent Lindon Jessica Chastain, en el Festival de Cannes en 2016. / EFE

Años después, concretamente en 2012, la prensa lo cazó intercambiando arrumacos con Rachida Dati, la exministra de Justicia de Sarkozy. “Mi vida real va siempre antes que el cine, que no es mi vida: mi vida es otra cosa, y es mía”, aseguró el actor de 66 años. “En el trabajo intento interpretar un personaje de la manera en que yo lo haría si estuviera en su lugar. La vida, antes de ‘acción’ y después de ‘corten’, es lo más importante. Y si no es bonita, eres pobre. Para tener una vida intensa en el cine hay que tenerla también en la realidad. Tus alegrías y sufrimientos debes llevarlos contigo, porque incluso cuando quieres esconderlos el foco los ve. La cámara es como un tiburón, ve todo lo que no quieres enseñar. Por eso no hay que temer a las verdaderas heridas”.

Tras cuatro décadas de carrera y con más de 80 películas a sus espaldas, Lindon sigue dedicando esfuerzos a una profesión que le ha brindado algunos reconocimientos. Por ejemplo, en 2015 ganó la Palma de Oro al mejor actor del Festival de Cannes por La ley del mercado, una reivindicativa cinta de Stéphane Brizé, que presenta un drama familiar para abordar las consecuencias de la crisis económica. “Me aterra que la gente necesite las películas para darse cuenta de cosas que aparecen en los periódicos desde hace 15 años. No creo que cambie nada, porque si no hace tiempo que hubiesen cambiado. A veces los pueblos no saben qué hacer, es complicado ir contra el sistema, mojarse, arriesgar por otra persona. Pero esos son los hombres que me gusta interpretar”, comentó el actor. En mayo de 2022 ejerció como presidente del jurado del Festival de Cannes, y después de eso se ha dejado ver en varios episodios de la serie Sangre y dinero y en las cintas El segundo acto, Jugar con fuego y Couture, todas ellas francesas.

Tracking Pixel Contents