Centenario
Un siglo de Marilyn Monroe, el mito hermoso y trágico de Hollywood
El 1 de junio se cumplen 100 años del nacimiento de Norma Jeane Baker, el gran icono sexual y cultural de los 50, que falleció en 1962, a los 36 años

Marilyn Monroe, en una imagen de 'Los caballeros las prefieren rubias' / Redacción
Quim Casas
Norman Mailer, Joyce Carol Oates y James Ellroy son algunos de los que han escrito libros sobre ella; respectivamente, 'Marilyn', 'Blonde' y 'Los seductores', obras que van del halago al cuestionamiento salvaje. Theresa Russell, Michelle Williams, Ana de Armas, Ashley Judd y Mira Sorvino la han interpretado en películas variopintas: la primera en 'Insignificance', una curiosa ficción que reunía en una habitación de hotel a Marilyn con Albert Einstein, Joe DiMaggio y el senador Joseph McCarthy; la segunda, en 'Mi semana con Marilyn', ambientada durante el rodaje de 'El príncipe y la corista'; la tercera, en la intensa y fabuladora 'Blonde', y Judd y Sorvino se desdoblaron en la mujer y la estrella en el filme para televisión 'Norma Jean & Marilyn'.
Muchos hombres la amaron o tuvieron aventuras con ella. Se casó con el escritor y policía James Daugherty en 1942, divorciándose en 1946. Su segundo marido fue la estrella del béisbol Joe DiMaggio: la relación duró menos de un año, de 1955 a 1956. Contrajo matrimonio en 1956 con el dramaturgo Arthur Miller, divorciándose en 1961: fueron conocidos como la bella y la bestia. Ninguno la trató especialmente bien. Famosa fue su relación con el presidente John Fitzgerald Kennedy, que dejó para la historia –más triste que emotiva– el 'Happy birthday' entonado por la actriz en una fiesta de cumpleaños presidencial. También tuvo un 'flirt' con el francés Yves Montand durante el rodaje del filme que protagonizaron juntos, 'El multimillonario' (1960), de George Cukor.
Secretos y mentiras
Tony Curtis contó en sus memorias que él y Marilyn fueron amantes durante años y que era el padre del bebé que perdió la actriz en un aborto espontáneo en 1959. Puestos a especular, se ha hablado también de un breve idilio con Marlon Brando, de otro con el hermano de JFK, Robert F. Kennedy, y de que Marilyn se enamoró del maduro Clark Gable durante el rodaje de ‘Vidas rebeldes’ (1961), de John Huston. Certezas y especulaciones. Historias ciertas o inventadas. Emociones reales o sensacionalistas. No ayudaron a estabilizar la vida y obra de una actriz desestabilizada desde que diera sus primeros pasos en el cine.
Tampoco contribuyeron a darle una entidad distinta de la que había trazado en las películas por culpa de la visión reduccionista de productores y no pocos directores: el de la chica guapa pero corta de luces, la rubia tonta, como se la llegó a considerar despreciativamente. Nada de todo aquello aligeró el peso de una infancia dura, una vida personal inestable y un estrellato mal asumido que la condujo a la muerte (por sobredosis, suicidio o una teoría conspirativa de asesinato; sigue sin estar claro) cuando, paradójicamente, había logrado superar el estadio de la gran estrella y el mito erótico para convertirse, con sus papeles en 'Bus stop' (1956), de Joshua Logan, y 'Vidas rebeldes', en una actriz más serena y madura; la buena actriz que casi siempre fue.
Ácida misoginia
Billy Wilder siempre ha destacado como el director que le dio dos de sus papeles más relevantes, pero el humor ácido del cineasta vienés no escondía la misoginia de sus planteamientos: Marilyn fue en 'La tentación vive arriba' (1955) la vecina simpática y explosiva que seducía al probo padre de familia cuando éste se quedaba solo en casa durante las vacaciones estivales, y en 'Con faldas y a lo loco' (1959) no dejaba de perseguir la estabilidad económica seduciendo a un hombre (Tony Curtis) al que creía multimillonario.
Esa fijación por el hombre rico estuvo en varios de sus papeles: los que encarnó en 'Los caballeros las prefieren rubias' (1953), 'Cómo casarse con un millonario' (1953) y 'El multimillonario' (1960) estuvieron en la misma línea. En la vida real perseguía otra cosa, y creyó alcanzarla en su matrimonio con Arthur Miller, el intelectual que caía rendido a los encantos de la estrella hollywoodiense en una relación bastante condenada al fracaso. Terminó muy mal, con el desprecio de Miller, pero al menos dejó 'Vidas rebeldes', la película que el autor de 'Muerte de un viajante' escribió para ella, y su mejor interpretación en un registro dramático.
Destacó en la comedia, en personajes entre atolondrados y bobos. El mismo Huston de 'Vidas rebeldes' la había convertido en la amante corta de entendederas de un gánster en 'La jungla de asfalto' (1950), y ese tipo de papel, el de la chica que atrae a todos los hombres por su físico y parece incapaz de decir una frase con verbo, sujeto y predicado, la persiguió incluso en títulos de tanto prestigio como 'Eva al desnudo' (1950), de Joseph L. Mankiewicz, y la alocada comedia de Howard Hawks 'Me siento rejuvenecer' (1952). Podía asumir el cometido de mujer fatal del cine negro, y lo hizo con mucha clase en 'Niágara' (1953), de Henry Hathaway. Apareció en el ecosistema anárquico de los hermanos Marx en 'Amor en conserva' (1949).
Una actriz multigénero
Aunque no parecía un género ideal para ella, brilló en un wéstern, 'Río sin retorno' (1954), junto a Robert Mitchum y con dirección de Otto Preminger. También probó un estilo distinto de comedia romántica cuando se fue a Inglaterra para rodar 'El príncipe y la corista' (1957), pero nunca llegó a entenderse con su director y compañero de reparto, Laurence Olivier. Tuvo problemas con otros cineastas: la actriz acabó con la paciencia de Fritz Lang en la filmación de una escena de 'Encuentro en la noche' (1952) en la que tuvieron que repetir muchas veces la misma toma porque Marilyn no acertaba a decir bien su diálogo.
Casi toda su carrera la hizo en la 20th Century Fox. Durante la década de los 50 su cotización no paró de crecer. Consciente, pese a todo, del papel que le había tocado jugar en Hollywood y en el imaginario colectivo masculino, se despachó a gusto cuando dijo que prefería ser absolutamente ridícula a absolutamente aburrida, y que la imperfección –lo que la sociedad le negó, convirtiéndola en máxima representación de un modelo de sexualidad femenina– era belleza. Hoy ya no es un mito erótico del Hollywood clásico, sino un icono cultural que intentó esquivar como pudo la fama: se inscribía en los hoteles con el nombre de Sugar Kane, que es su personaje en 'Con faldas y a lo loco' y el título de una canción de Sonic Youth que hace referencia a su historia.
Barcelona, en el marco del Mercat Encants, le rinde homenaje del 1 al 20 de junio con exposiciones, conferencias, concursos, dos piezas de teatro y la proyección de documentales y varios de sus filmes, como 'Vidas rebeldes', 'Bus stop', 'Niágara' y el que dejó inacabado en 1962, 'Something’s got to give'.
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