El 50% de 'Estirando el chicle'
Victoria Martín: "Hay cómicas malas y otras buenísimas, y está bien que se valore a las que lo son"
La guionista y presentadora estrena el jueves en Movistar Plus+ su primera serie, 'Se tiene que morir mucha gente'

Victoria Martín. / MOVISTAR PLUS+
Marisa de Dios
Victoria Martín se ha convertido en uno de los grandes referentes femeninos actuales de la comedia española. Gran parte de culpa la tiene el exitoso pódcast 'Estirando el chicle', que comparte con Carolina Iglesias con el que ha ganado el Ondas. Pero también ha sido guionista de programas como 'La resistencia', ha presentado 'Yu: no te pierdas nada', tiene otro Ondas por 'Malas personas'... Ahora adapta su libro 'Se tiene que morir mucha gente' en formato serie para Movistar Plus+, una ficción sobre tres amigas en crisis (Anna Castillo, Macarena García y Laura Weissmahr), que se estrena este jueves 21 de mayo.
—El título de la serie, igual que el del libro, es bastante destructivo. ¿A qué viene?
Lo puse porque son personajes que se odian a sí mismos. A mí me interesa mucho esa parte humana en la que estás mal y te jode que el resto no te entienda. Es un poco lo que le pasa al personaje de Bárbara (Castillo): tiene una pulsión autodestructiva, es una bomba de relojería. Se me ocurrió mientras escribía el libro, porque en realidad esto fue una serie antes que una novela.
—¿Lo pensó ya como serie antes que como novela?
Sí. Lo que pasa es que no la vendí como serie, así que hice la novela y ahora ha vuelto a ser una serie. Y, la verdad, no dice mucho bueno de mí, porque no ha cambiado demasiado mi pensamiento respecto al mundo.
—Hablaba de personajes que se odian a sí mismos. Pero lo que no te esperas al empezar la serie es que vaya a apacecer una niña diciendo palabrotas todo el rato.
Esa niña surge de la idea de los pensamientos intrusivos: cosas que te vienen a la cabeza y no puedes decir porque no está bien, pero las piensas igual. Y también del tema del niño interior, que ahora está tan de moda desde el 'coaching' y esa cosa que a mí me parece apestosa de “persigue tus sueños” y “encuentra a tu niño interior”. Vale, pero a ver qué opina tu niño interior de ti, porque igual te detesta. Nadie te conoce mejor que tú misma y, a veces, tú eres tu peor enemigo.
—Esa niña interior que tiene Bárbara va a un colegio de monjas, como hizo usted.
Sí. Yo fui a un colegio del Opus, así que ahí está la referencia. También lo de las amigas de toda la vida que intentan seguir siéndolo, aunque cada vez tengan menos en común y ellas mismas se den cuenta. Y está esa cosa de la educación castrante que, al menos yo, viví: una autoexigencia muy dura, poco espacio para vivir con libertad, porque en esos contextos no se permite. Así que para mí tenía todo el sentido que apareciera esa niña con uniforme.
—La protagonista, Bárbara, no solo fue a un colegio religioso. También es guionista de un programa de televisión, como ha sido usted. Da la sensación de ser su 'alter ego'.
Hay un poco, sí, y me divertía. Pero también hay muchas cosas que me unen al personaje y otras que no. Y otras que me unen a Maca, porque yo soy una persona muy dependiente. Cuando conozco a alguien, a los cinco minutos ya he dejado el cepillo de dientes en su baño. Hay partes mías en todas, y también de mis amigas, de mi madre, de mi abuela, de mujeres que conozco y me caen bien o mal… Todo eso lo he empleado para escribir la serie.

Anna Castillo, Macarena García y Laura Weissmahr, en 'Se tiene que morir mucha gente' / MOVISTAR PLUS+
—El jefe de Bárbara en la tele es un déspota. ¿Se inspiró también en alguien?
Por supuesto. Pero ahí está la libre interpretación de cada uno. Quería hablar de ciertos ambientes en programas de televisión y de comedia. Es un mundo que te absorbe y puede ser muy cruel. Y no solo por ella, en general es feroz. Tengo compañeros y compañeras guionistas en programas que lo viven así.
—Usted, por ejemplo, fue guionista de 'La Resistencia'.
Pero guardo muy buenos recuerdos. Lo que pasa es que tengo amigos en otros programas, cosas que me han contado, conversaciones… Y ese ego que existe en el mundo de la comedia también está. Yo seguro que lo tengo.
—Su protagonista hace cosas que podemos pensar, pero no nos atrevemos. Por ejemplo, hacer un calvo. ¿Para usted ha sido también una vía de escape?
Sí. Y además el calvo es algo muy masculino, como si estuviera vedado para nosotras. Me gustaba que ella, en su delirio, crea que está haciendo algo feminista y reivindicativo, cuando evidentemente ahí no hay nada de eso. Lo que pasa es que Bárbara toma malas decisiones y encima se compara con feministas históricas todo el rato, algo que debería dejar de hacer.

Anna Castillo y Sofía Otero, en 'Se tiene que morir mucha gente' / MOVISTAR PLUS+
—Hay una escena en la que necesita una compresa y se saca una solución de la manga de lo más surrealista… ¿Por qué casi nunca sale la regla en la ficción?
Es verdad, sale poquísimo, cuando es algo que nos atraviesa completamente. Y lo mismo con el tapón mucoso, por ejemplo. Yo llevo muchos años usando la escatología femenina en 'sketches' y me han criticado por ello. Me parece importantísimo que esté en la ficción, porque nunca se ha hablado de ella con naturalidad.
—En la serie también salen cuerpos desnudos de mujeres mayores, algo tampoco nada habitual.
De hecho, una es mi suegra. Fue precioso, porque a ella le apetecía muchísimo. Era enseñar cuerpos que no vemos tanto y no verlos desde la sexualización. Y me encantó que una de ellas fuera la madre de Nacho [Pardo, su marido y codirector de la serie]. Rodar esa escena fue de lo más emocionante y es una de mis favoritas.
—En la serie habla de salud mental. ¿Cree que es importante abordarlo en la ficción?
Sí, pero quería hacerlo sin autoindulgencia. No quería ser condescendiente con las personas que tienen problemas de salud mental, como es el caso de Bárbara, porque al mismo tiempo puede ser una persona horrible. No por tener ansiedad tienes carta blanca para tratar mal a todo el mundo. Me interesaba poner el foco ahí, que eso no sea una excusa.
—¿Aspiraba a hacer un retrato generacional?
No lo he pensado mucho. Creo que hay una búsqueda de la identidad, y eso pasa a cualquier edad. Yo con 20 no sabía quién era y con 36 tampoco lo tengo muy claro. Y menos en el mundo en el que vivimos, que va todo tan deprisa que ni te da tiempo a saber qué quieres. Solo sabes lo que supuestamente deberías querer. La serie también va de eso: a lo mejor no eres buena en lo que haces y no pasa nada, a lo mejor no tienes un sueño concreto, y tampoco pasa nada.

Las protagonistas y los directores de 'Se tiene que morir mucha gente' / Movistar Plus+
—Su sueño sí que era escribir, y lo está consiguiendo.
Sí, pero me ha costado mucho. Estudié guion hace 12 años y esta es mi primera serie. Ha sido un trabajo grande, pero estoy contenta de haber ido paso a paso: hacer cosas en internet con un palo y una fregona, y luego llegar aquí con más madurez. Aunque, bueno, me hubiese gustado un poco antes (risas).
—Hay un personaje de la serie que dice: "Hay bromas que ya no se pueden hacer, la gente cada vez es más delicada". ¿Está de acuerdo?
Creo que todas las bromas se pueden hacer si son lo suficientemente divertidas. Cuando el chiste es muy bueno, se entiende la crítica y se entiende todo. Esa conversación, la que tiene Bárbara con su jefe, es real, la tuve con una persona.
—Con el éxito de 'Estirando el chicle', quiera o no, se ha convertido en un referente. ¿Siente esa responsabilidad?
Hemos peleado muchísimo para llegar aquí y poder hacer una comedia como esta. Y mola cuando vienen chicas jóvenes que empiezan en la comedia y te dicen que les gusta lo que haces. También me hace sentir orgullosa todo lo que está pasando con cómicas que nacieron en 'Estirando el chicle', como Lalalús, Henar Álvarez, Patricia Espejo, Carol [Iglesias]… Henar está haciendo un programa en 'prime time' en TVE, que es la hostia. Tenía que pasar, porque son muy buenas cómicas. Hay cómicas malas y otras buenísimas, y está bien que se valore a las que lo son. Igual que pasa con los cómicos.
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