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Entrevista

"No me creo a la izquierda ni a la derecha. Existe un tercer bando en el que estamos yo y muchos más"

El actor armeniolibanés, conocido por su papeles de Bogotá en 'La Casa de Papel' o por coprotagonizar 'Un amor' de Isabel Coixet, aterriza este sábado en Vigo con su monólogo 'Grito'. Con toda probabilidad, se le va a oír

Hovik Keuchkerian.

Hovik Keuchkerian. / Etiqueta Negra

Patricia Casteleiro

Vigo

Hovik Keuchkerian es una persona que se hace notar, no solo por su metro noventa, si no que es reconocible aunque uno tenga los ojos cerrados. Habla de forma segura, consistente, como si se hubiese dado cuenta de algo y tuviese que transmitirlo a los demás para que lo sepan también. Pero vaya, que si al interlocutor no le gusta lo que él diga, al artista no le quita el sueño. El armenio libanés es poeta, boxeador, actor y autor de un extenso monólogo llamado 'Grito' con el que este sábado aterriza en Vigo. Es una propuesta autodidacta, un Frankenstein con tintes poéticos que va modificando a medida que lo interpreta en las ciudades del país.

—¿A quién apela con su 'Grito'?

Lo cierto es que no hago promoción de 'Grito'. Tu vas al teatro a ver a Hovik, a Bogotá (de La casa de papel), al antidisturbios (alusión a la serie que protagonizó con el mismo nombre), al ex boxeador o al personaje que quieras, pero te vas a sentar y vas a escuchar cosas que no te gustan. El monólogo es básicamente un grito a la estupidez humana. Es innegable que somos idiotas, pero para poder vivir medianamente tranquilo hay que entender que no todo te tiene que agradar y que no con todo tienes que estar de acuerdo.

—Habrá quien pensó que iba a ver una comedia...

Al principio el 80 o el 90% de la gente pensaba que venía a ver un stand up al uso, un show de comedia con el que tirarse en la butaca y recibir chistes para reírse. Pero el 'Grito' no es eso, parece que está en las antípodas. Es más bien un tarado tirando su poesía, su crítica, su valoración, su rabia, su inconformismo, su cinismo, su egoísmo, su mentira y su verdad en un escenario. Me gusta hablar con el público cuando sale y comprobar que realmente no entienden lo que acaba de pasar. Y lo que me llevo es el saber que hay mucha gente como yo que está hasta la coronilla de izquierdas y derechas, de andar todo el día encabronados y peleando por salir para adelante. Es un grupo muy numeroso que lo que quiere es vivir tranquilamente, hacer su trabajo, estar con su gente y que les dejen en paz.

—¿Se puede defender algo sin creer realmente en ello?, ¿podemos permitirnos no "ir con todo", no ladearnos, cuando queremos mejorar algo para nuestra vida?

Hay que eliminar ese todo. Pelear contra ese todo que forman las izquierdas y las derechas. No me creo a ninguno: veo a manipuladores que intentan fortalecer y calentar a su a sus fanáticos para queestos estén constantemente enfrentados unos contra otros. Hay un tercer bando y es muy grande, somos muchos.

—¿Usted vota?

No. Yo no he votado nunca.

—Desde que comenzó a girar con su show hasta ahora hubo cambios, la actualidad es otra. ¿Lo modificó?, ¿en base a qué?

La actualidad es casi la misma. Por ahora, de las 73 funciones que llevo, lo modifiqué 45 veces. Entonces para conseguir eso tengo que repetirlo y permitir que se junte lo que digo con el cuerpo, con el movimiento, con la energía puntual e ir formando un todo hasta que se convierta en un poema largo.

—Este año vivimos una dualidad en los Goya y en los Óscar. Mientras que los galardones españoles fueron bastante reivindicativos, en los americanos solo Bardem dijo un "no to war". ¿Los actores deben usar su voz para posicionarse?

Quién es nadie para determinar quién se tiene que posicionar o no. No hacerlo ya es un posicionamiento, pero no se puede convertir en una obligación. Es la imposición por la imposición. A mí me da igual lo que digan los Óscars y lo que digan los Goya.

—Empezó en el mundo del audiovisual hace quince años, a sus 37. ¿Hay edadismo en las primeras oportunidades o nunca es tarde para empezar en el mundillo?

Nunca había oído lo de edadismo, tenemos mucho tiempo libre para inventar estupideces. Yo es que no estaba deseando ser actor cuando llegué y me queda poco para dejarlo, por cierto. Hasta esa edad viví doce vidas y de repente me salió la oportunidad de hacer una serie de la mano de un productor gallego, Ramón Campos. Fue todo sin buscarlo, por mi forma de vivir y de tirarme al mar.

—¿Deja la profesión?

Ahora mismo me quedan tres semanas de un rodaje y voy a seguir con mi 'Grito'. Me apetece tirar más por el escenario porque estoy muy contento con el contacto directo con el público. De todas formas la gente va a seguir viéndome la cara al menos otros tres años. Yo necesito apasionarme y si algo flaquea, paro.

—¿Qué tiene que tener un papel para que lo acepte (o lo aceptase)?

Tiene que ser medianamente interesante, tiene que estar medianamente bien escrito, me tiene que me tiene que tocar en algún lado dentro, darme la oportunidad de crecer y que haya un reto o algo que constuir.

—¿Qué le interesa del cine español? Estamos ante una etapa en la que proliferan nuevas narrativas y sensibilidades, además de más voces femeninas...

Yo vivo muy apartado de todo.

—¿Tuvo o tiene referentes en la vida?

No soy mitómano. Siempre me centré mucho en conocerme y saber que debo trabajar, repetir y ensayar.

—Estuvo en Vigo más veces, ¿cómo se encuentra en esta ciudad?

Tengo que quitarme una espinita con Vigo. Fue uno de los primeros sitios a los que vine con 'Grito' pero resulta que era el día de la Reconquista y lo hacía en Mar de Vigo. Fue un bolo duro. Ahora tengo ganas de ir al teatro García Barbón. Hace poco estuve viviendo aquí tres meses, mientras rodaba Caldas, y me flipó la ciudad. Hice una amistad maravillosa con los vigueses y me apetece mucho estar en esta tierra, me fui enamorado.

—A ver a cuántos cabrea este sábado

Tuve gente que se mosqueó y se fue en otros pases. Prueba sólida de que el espectáculo funciona. Mi intención no es provocar, el espectador es mayorcito, pero no yo quiero agradar. Quiero ser honesto. Hemos llegado a un punto en el que el objetivo es gustar. Y eso está en las antípodas del arte.

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