Libros
El acto social que reúne a numerosos músicos de Ibiza: 'Retro!' o la gran 'catedral' de la música de la isla
El periodista Pep Ribas llena el auditorio del Club Diario de Ibiza de recuerdos, anécdotas y risas en la presentación de su libro sobre la historia de la música en las Pitiusas

Sergio G. Cañizares

“Si a cada uno de los que están aquí le diéramos un instrumento, montaríamos una gran orquesta”. La frase de Pep Ribas resumía a la perfección el ambiente que se respiraba este miércoles en el Club Diario de Ibiza durante la presentación de su libro ‘Retro. Memoria de la música moderna en Ibiza y Formentera (1950-2020)’.
Y es que aquello fue mucho más que una presentación: fue casi un reencuentro generacional, una celebración de la música pitiusa y de quienes la han hecho posible. En el patio de butacas no solo había músicos; también promotores, técnicos, dueños de salas y tiendas de discos, periodistas, locutores, fotógrafos… y, por supuesto, aficionados: la otra mitad imprescindible de esta historia. “Estoy encantado de haber acabado este libro y de que ahora estemos aquí todos juntos. Que haya tanta gente que se ha visto reflejada”, confesó emocionado Ribas, periodista de dilatada trayectoria que también trabajó durante muchos años en Diario de Ibiza.
El presentador del acto, Xescu Prats, también destacó la “felicidad” de ver reunido a tanto protagonista de la escena musical ibicenca. Y, para explicar las 540 páginas del volumen, recurrió a una imagen tan curiosa como certera: la catedral de Justo, en la localidad madrileña de Mejorada del Campo, ese proyecto casi infinito levantado por un solo hombre. “Esto es como aquella catedral, pero, por suerte, sí está acabada”, bromeó.
La editora, Neus Escandell, reconoció que se quedó “espantada” al recibir aquel “mamotreto”, aunque celebró el resultado final, fruto de un proceso largo y minucioso en el que ha tenido un papel fundamental el diseñador Pedro Ortega.
La semilla del libro la plantó Pep 'Pilot', que desde el público recordó que era una obra “imprescindible” para evitar que la memoria de los pioneros de la música moderna en Ibiza se perdiera. Y el empujón definitivo llegó de la mano de Pepe Roselló, que animó a Ribas a llevar su idea hasta la actualidad. “Se me vino el mundo encima”, admitió entre risas. Durante la pandemia decidió poner freno: “La actualidad corría más que yo, así que la naturaleza fue sabia y envió el covid”, dijo, provocando carcajadas.
Y como toda memoria viva, el acto se llenó de nombres: desde grupos seminales como Els Trons, Els Amics, Los Diana o Los Nuevos Bohemios, o llegados de fuera como Drinkers y Masters, festivales como el Sant Pepe Rock, que cumple 40 años, a los mandos de Miquel Prats Botja o espacios emblemáticos de La Gitana a Las Dalias o Can Jordi.
Historias casi legendarias
También surgieron historias casi legendarias: la del norteamericano Denis Hermann, que se quedó en la Ibiza de los 70 tras una gira con su grupo por Europa que acabó en Benidorm, y aquí sigue; la de Álex Vallejo Nájera, de ilustre apellido del régimen franquista, que abrió La Oveja Negra y que fue en varias ocasiones el único inquilino de la prisión de Dalt Vila, conocida como la ‘Pensión Naranjo’, o Míchel Galera, nombrado persona non grata en Sant Antoni, que cruzaba la bahía en chalana para no pasar por el pueblo y que convirtió el estreno de las fuentes del paseo de Sant Antoni, a mediados de los 60, en una gran fiesta de la espuma al verter en ellas una botella de detergente. Mistol, según el libro, aunque Pilot aseguró que se trataba de un error: “Fue Elena”, dijo, entre las risas del público. Nunca se supo quién fue el autor hasta ahora, “ya ha prescrito”, zanjó el autor.
No faltaron los nombres de quienes ya no están, recibidos con un cálido aplauso, ni los de quienes siguen manteniendo viva la música en la isla.
Ribas se lo pensó mucho antes de responder a una aficionada, que le preguntó por el tiempo que le había llevado levantar esta ‘catedral’ de la música ibicenca. Ocho, nueve… casi una década, “pero no he estado haciendo todo el tiempo haciendo esto”, aclaró. “Soy payés. Y en verano recojo algarrobas”.
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