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Literatura

De niño tartamudo a superdotado de la literatura: Jordi Sierra i Fabra, el escritor de los 600 libros

Una exposición en Barcelona y un cómic autobiográfico sobre su difícil infancia y juventud reivindican la vida y obra del "fértil" autor barcelonés de 75 años, pionero del periodismo musical en los 70

Jordi Sierra i Fabra, ante una de las paredes de la muestra empapelada con ejemplares de sus libros. Elisenda Pons

Una envolvente habitación literalmente empapelada con ejemplares de sus 540 libros publicados (en realidad, tiene escritos 600, puntualiza), abiertos o con las portadas visibles, recibe al visitante de exposición ‘Jordi Sierra i Fabra. 50 años creando historias’, en el Palau Robert (Barcelona). Es la puerta de entrada al universo del fértil e hiperactivo escritor, como él mismo prefiere definirse huyendo de la etiqueta de ‘prolífico’. Además de pionero y referente del periodismo musical, cuenta con una trayectoria de vértigo, suma 52 premios y 15 millones de ejemplares vendidos en 37 lenguas en un oficio del que no se ha desviado desde los 8 años a pesar de una difícil infancia y juventud repleta de obstáculos, como bien refleja también ahora el cómic autobiográfico, ‘El largo y tortuoso camino’ (Norma), con dibujos de Carlos Moreno. 

Sierra i Fabra (Barcelona, 1947), que desborda pasión y entusiasmo a sus 75 años, se forjó a pulso una carrera superando de niño una tartamudez que le condenó a ser carne de ‘bullying’ de los matones de la escuela y a ser considerado un "inútil" por una maestra. Aquello, asegura, le hizo "más fuerte". Empezó a escribir al descubrir que así no tartamudeaba y durante los meses que estuvo confinado en un hospital tras un grave accidente (atravesó corriendo sin verla una vidriera). 

Pero lo que más le marcó, asegura, fue la oposición de su padre a que escribiera; le llegó a romper su primer manuscrito en pedazos. "Me decía que me moriría de hambre". Pero él, desde pequeño, lo hizo a escondidas, incluso mientras se mataba a trabajar y a estudiar para aparejador, algo que odiaba. "No creía en mí. Pero estábamos en los años 50 y tantos ¡y su hijo diciéndole que quería ser escritor! El pobre quería que fuera matemático. Y le salgo rana, ¡y rockero!". 

Pionero del periodismo musical

Y esa faceta, la de periodista, crítico y editor musical pionero y referencial, que en la España aún franquista de los años 70 colaboró y ayudó a crear publicaciones como ‘El Gran Musical’, ‘Popular 1’, ‘Super Pop’ o ‘Disco Expres’, también la reivindica la exposición, organizada por el Grupo Enderrock y que podrá verse hasta el 30 de octubre en el Palau Robert. Comisariada por Hortènsia Galí, directora de la Fundación Sierra i Fabra, y por el crítico y periodista musical Jordi Bianciotto, la muestra conmemora además el medio siglo de ‘Historia de la música pop: 1962-1972’, su primer libro publicado, un hito, igual que obras como ‘Historia y poder del rock català’ (1977) y la enciclopedia en fascículos ‘Historia de la música rock’, acompañada de discos hoy deseo de coleccionista. "Eran una biblia. En aquellos años, aún sin internet y sin casi acceso a la prensa internacional, había un déficit gigante de información musical y él le puso orden y la transmitió con mucha pasión, creando un estilo periodístico", destaca Bianciotto.

En las vitrinas, dibujos infantiles de un chaval que leía los cómics de ‘El Capitán Trueno, Rip Kirby y Flash Gordon, las primeras novelas policiacas que hizo con 9 y 10 años, en hojas de libreta y encuadernadas por él mismo, o el manuscrito de la primera novela de 500 páginas, ‘Las memorias de un perro’, escrita a los 12. "Todas con una letra diminuta, para ahorrar papel -apunta Galí-. La muestra es el hombre y su mundo complejo y lleno de palabras. Siempre tiene en la cabeza 2,3 o 4 libros en los que está trabajando Y no, no tiene negros, como dicen algunos. Es un superdotado".  

Hay autores que se burlan de mí y me dicen que yo hago churros. Simenon: 400 libros, era un genio. Balzac: otros 400, otro genio. Yo soy Sierra i Fabra, que escribo demasiado…

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Este mes publica la novela negra ‘La conexión maltesa’ (Catedral / Univers), tercer título de la saga de la periodista Magda Ventura, un género en el que destaca su serie del exinspector Mascarell (en Plaza&Janés y Debolsillo), que ya va por los 13 títulos (y ya tiene acabado el siguiente, para 2023 y el guion del 15º, afirma). Porque a Sierra i Fabra no se le resisten los géneros: ha escrito decenas de biografías de músicos (Pink Floyd, The Beatles, David Bowie, Bruce Springsteen, Miguel Bosé, Miguel Ríos o Joan Manuel Serrat), literatura infantil y juvenil (ganó el Premio Nacional en 2007 por ‘Kafka y la muñeca viajera’ y ahí está su ‘long seller’ ‘Campos de fresas’, publicado hace 25 años y con cien ediciones a sus espaldas), novelas para adultos, ciencia ficción, ensayo, humor, poesía...

Sala de la exposición, con paneles que hay que sortear, igual que Sierra i Fabra sorteó los obstáculos en su infancia y juventud. Elisenda Pons

"Aún me sobra tiempo. Voy al fútbol y al cine, tengo nietas, leo y duermo nueve horas. Tengo una gran capacidad de inventar historias y soy rápido escribiendo. Yo no podría escribir un solo libro cada diez años, me aburriría. Hay autores que se burlan de mí y me dicen que yo hago churros. Simenon: 400 libros, era un genio. Balzac: otros 400, otro genio. Yo soy Sierra i Fabra, que escribo demasiado…Tanto da, que les den. Yo trabajo, trabajo, trabajo. Escribo, escribo, escribo. Me encanta escribir e inventar historias", afirma quien ha sido reconocido con la Creu de Sant Jordi, la Medalla d’Honor de la Ciutat de Barcelona o la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes. Distinciones y una carrera que, sin embargo, no quitan que aún haya una "deuda histórica" con él, señalan los comisarios, que lamentan "los prejuicios de que escriba demasiado o haga mucha literatura infantil y juvenil. Le ha ido bien y eso genera envidias". El propio Sierra i Fabra cree que ha pagado "el precio de ser libre, independiente y feliz".   

Mientras tenga dos dedos para escribir y la cabeza para pensar seguiré escribiendo

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La palabra jubilación no está en su diccionario, añade mientras en pocos minutos uno, dos, tres visitantes de la muestra se acercan a saludarle al reconocerlo. "Picasso pintó hasta que se murió. Si nada me lo impide, mientras tenga dos dedos para escribir y la cabeza para pensar seguiré escribiendo. Con 75 años aún experimento, y escribo cosas que sé que no publicaré para seguir aprendiendo. Y tengo en el cajón muchos libros preparados para publicar. Pero a esta edad piensas que cada libro puede ser el último, así que lo hago con una pasión brutal. Es un compromiso conmigo mismo".

Una de las salas de la exposición sobre Jordi Sierra i Fabra, en el Palau Robert. Elisenda Pons

Sus iconos Stravinsky y los Beatles (que descubrió en una sala de billar), el Barça, el juego de ajedrez con el que jugaba con su padre, su primera máquina de escribir Olivetti, su primer ordenador y su primer tocadiscos (comprado a plazos en 1967), el original de la genealogía del rock catalán en los 70 que calzó con rotring y letra minúscula a tamaño din a3, o el Trivial del rock que creó tras bromear con John Helliwell, de Supertramp. Todo y más habla de él en la muestra, como un vídeo donde el Sierra i Fabra adulto lee una carta a su yo joven, una pantalla táctil para consultar cada uno de sus títulos o un espacio sobre sus dos fundaciones, en Barcelona y en Medellín, para potenciar la vocación literaria de los jóvenes

El recuerdo del padre, hijo ilegítimo

O su método de trabajo, que Galí detalla: "Se inspira en todo lo que lee y ve, recorta cosas de los periódicos que lee a diario, las ordena y guarda. En su cabeza tiene también carpetas. Si tiene que investigar, investiga. Entonces hace el guion, donde está todo, y luego se encierra a escribir de un tirón". 

A Sierra i Fabra, sin embargo, sigue pesándole el recuerdo de su padre. "Estuvo en la Guerra Civil y nunca habló de ello. Estaba tocado. Lloraba. Y solo nueve años después de su muerte descubrí que era hijo ilegítimo de un médico con pedigrí de Valladolid con la que nunca hemos tenido contacto. Mi padre murió 15 días antes de que me dieran mi primer premio, el Villa de Bilbao, en 1975 -lamenta-. Eso me marcó".

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