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Arte&letras

Aramburu alcanza la plenitud literaria con ‘Los vencejos’, una historia vital

Tomando tiempo y distancia tras el éxito de ‘Patria’ Fernando Aramburu ha escrito con ‘Los vencejos’ su gran novela. Un texto poderoso y vital que se abre a cada paso a la vida, a sus conflictos y que nos la muestra en su infinita humanidad

Aramburu alcanza la plenitud literaria con ‘Los vencejos’, una historia vital Javier García Recio

No sé como Fernando Aramburu concibió el tema y la idea de ‘Los Vencejos’, su nuevo libro, pero sin duda ha acertado de pleno. Después de una novela exitosa como ‘Patria’ , con una trama densa, dramática y de fuertes emociones, Aramburu se toma su tiempo y su distancia y cambia de registro, de paisaje, de itinerario narrativo y concibe ‘Los vencejos’, una historia humanista, vital, pese a su trama, que huele, exhala, respira vida.

Parece incongruente, pero es así. Incongruente porque su protagonista principal Toni, profesor de Filosofía de 54 años, nos anuncia en las primeras líneas que se quitará la vida en el plazo de un año, a fecha fija: el 31 de julio, miércoles, por la noche. Pero cada noche hará un recuento, a modo de dietario íntimo, de sus recuerdos personales y familiares. Una especie de rendirse cuentas a sí mismo, de poner, negro sobre blanco, toda la suma de sucesos que han devenido en esa situación suya de fracaso y frustración vital. Y ahí surge e irrumpe la vida pese a todo. No hay paradojas. La vida nos las tiene.

Los vencejos Fernando Aramburu Editorial Tusquets Precio: 22,90€

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Cada noche irá plasmando en papel sus recuerdos de infancia, centrados en los continuos choques con su hermano Raúl, (Raulito), dos años menor que él, que se alarga en una relación de amor y odio; en la figura del padre, frustrado escritor, violento y mujeriego, pero al que el admiraba; su juventud universitaria, dedicada al ligue y darse el lote con la que se dejara; su matrimonio con la bella y decidida Amalia, ardiente y voluptuoso al principio, ahogado después en un día a día de enfados, frustraciones, gritos y un divorcio que el hijo en común Nikita no puede evitar, un inútil de 25 años; su carrera como profesor de instituto, que tras unos primeros años de iniciativa, enseguida cae en el desencanto, el hastío y hasta la repugnancia hacia compañeros y alumnos.

La vida está también en esos pocos seres que están en su círculo de querencia e intimidad: su perra Pepa , un amigo extravagante y avinagrado que perdió un pie en los atentados de Atocha de marzo de 2004 y al que desde entonces bautizó en secreto como Patachula y Águeda, la antigua novia que reaparece milagrosamente veintisiete años después.

Piensa que, para la vida que lleva, cincuenta años es suficiente. Lo que la vida no le haya dado a uno para entonces, es muy improbable que se lo de a partir de ahí. Es un descreído de ideologías, religiones o pensamientos. Cada noche intenta armarse de razones para el suicidio, pero como gran lector que es se acuerda también del filósofo rumano Cioran quien de continuo abogaba por el suicidio pero acabó muriendo de viejo, en su cama.

Más que ‘Patria’, esta debe ser la gran novela de Aramburu que perdure y vuele alto, como los vencejos

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Dice militar en el PPES Partido de los que prefieren estar solos, como único militante. Su programa: dejadme en paz. Una buena lectura, un lenguetazo cariñoso de su perra, la contemplación de unos vencejos en la luz del atardecer, eso le basta. «Y luego todo se acaba como se acaba el día y ya está». Quizá por eso adora los vencejos porque vuelan sin descanso, libres y laboriosos; pasan la mayor parte de su vida en el aire, justo lo que él habría querido, no tocar el suelo, no rozarse con nadie.

Pero no se olvida de vivir y cuando su mujer, al poco de parir, cortó casi en seco las relaciones sexuales, Toni, de la mano de su amigo Patachula, se hizo adicto de un burdel en La Chopera ; después decidió convivir con una love doll, una muñeca sexual, llamada Tina; está contento con ella pues no envejece, no le amarga la vida con reproches, no tiene la regla, no finge orgasmos, ni experimenta cambio de humor.

Ha tomado la decisión de deshacerse poco a poco de sus pertenencias. Comienza por dejar en un banco de Valdemorillos los dos tomos de Historia de la Filosofía, de Johannes Hirschberger, que tanto le ayudó a dar sus clases. Después dejó El manifiesto comunista, que su padre le había regalado cuarenta años atrás, en el pedestal del parque Eva Duarte, unas niñas lo vieron y se lo devolvieron y terminó en una papelera. También va dejando otras pertenencias y así una botella de Chivas Regal 25 se la dio a un mendigo en la calle.

La vida, sus ecos, está también detrás de esa especie de coro griego que Toni escribe cada noche para contar la situación política y social del país: los desahucios, la violencia machista, los nuevos partidos, la degradación de la enseñanza, la mediocridad de la clase política, el hartazgo del ‘procés’ de Cataluña...

Toda la vida pasa como una cuenta atrás por esta novela de Aramburu. Un texto poderoso y ambicioso que denota su larga y sabia maestría en el quehacer narrativo y que supone la plenitud de su trayectoria. Más que ‘Patria’, esta debe ser su gran novela, la novela que perdure y que, como los vencejos, vuele alto y por mucho tiempo.

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