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Arte & letras

El libro más importante escrito en Mallorca

La novela autobiográfica de culto ‘El hombre de los dados’ cumple medio siglo y más de dos millones de ejemplares vendidos desde su creación en Deià, tras la muerte en noviembre de su autor estadounidense, Luke Rhinehart

El escritor, a la derecha, en 
Deià, cuando escribió ‘El 
hombre de los dados’. pd

El escritor, a la derecha, en Deià, cuando escribió ‘El hombre de los dados’. pd

El siglo XX literario mallorquín acoge a titanes como Camilo José Cela o Robert Graves. Otros colosos como Vargas Llosa o Bryce Echenique escribieron en la isla. Miguel Ángel Asturias, el tercer Nobel de este párrafo, se retiró en Palma. Sin embargo, es probable que el libro de mayor impacto salido íntegramente de Mallorca sea The Dice Man o El hombre de los dados, la obra de culto concebida y desarrollada en Deià por el presunto psiquiatra norteamericano Luke Rhinehart, que en realidad se llamaba George Powers Cockcroft y que probablemente no ejerció jamás la psiquiatría, en una galería infinita de sobreentendidos. La única certeza es que falleció el pasado noviembre a los 88 años, aunque ya antes fingió su defunción bajo el propósito de analizar las reacciones a su desaparición. Para entonces, el relato escrito en Mallorca había vendido más de dos millones de ejemplares en todos los idiomas imaginables.

El primer medio siglo de la novela surgida del encuentro fortuito con un editor en Sa Fonda de Deià, donde «el azar, siempre afanoso, creó una serie de accidentes», ha coincidido con el fallecimiento en las proximidades de Nueva York de Rhinehart. La esencia argumental de El hombre de los dados resalta por su simplicidad, una persona decide guiar sus actos a través de las instrucciones caprichosas que le suministren los poliedros de seis caras idénticas. El psiquiatra no tenía conocimiento, o nunca lo manifestó, de hallarse en la isla donde Ramon Llull desarrolló sus máquinas lógicas. Trabajaba «feliz» cada mañana en su estudio de ses Figueres, el nombre de la casa que alquiló en la localidad mallorquina.

Las cuestiones que se deciden lanzando los dados en la novela no son baladíes. Se trata de abandonar de inmediato el lecho conyugal para engañar a la esposa, o de traicionar al mejor amigo. Rhinehart decidía incluso al azar si debía trabajar en El hombre de los dados o en una novela policiaca que escribía al mismo tiempo, y en la que había depositado su esperanza de alcanzar la gloria literaria. La sordidez aparente de la trama de su homenaje a la fortuna se derrumbaba en labios del autor, que resumía a la perfección la atmósfera hippy de los sesenta. Viajó a Mallorca con su familia para dar clases de inglés. Describía con toda inocencia sus sesiones de marihuana con los alumnos, un detalle que por sí solo supondría hoy la excomunión del orbe pedagógico. Los dados han decidido que el mundo viaje en sentido contrario, hacia una protección tan visceral como infructuosa de los adolescentes.

Tras la estela de Graves

Según su autor, «es una novela que en la mayoría de los universos posibles nunca se hubiera escrito ni publicado». Mallorca aportó el clima concreto, el estado de necesidad. Rhinehart no era modesto, sino escéptico. Sintetizaba las dos virtudes de la larga procesión de vagabundos en busca de un destino que llegaron a Deià tras la estela de Graves. Un profundo distanciamiento de sí mismos y de cualquier logro humano, mezclado con una capacidad de seducción sobrenatural. De ahí que El hombre de los dados se convirtiera en una herramienta esencial para jóvenes que vivían a miles de kilómetros de la isla donde fue escrito.

Cabría sospechar una exageración del papel jugado por Mallorca en un libro icónico de la segunda mitad del siglo pasado. Por ejemplo, si Rhinehart hubiera gozado de un éxito homogéneo a través de las novelas escritas con posterioridad. Sin embargo, la réplica no existió. Jamás igualó el impacto de El hombre de los dados, con sus repetidas incursiones en la ciencia-ficción desenfadada en la estela de la contención satírica del extraordinario Kurt Vonnegut. Por ejemplo, en Invasión aborda una ocupación de la tierra por pelotas de playa peludas. Y en las portadas de sus sucesivas novelas se añadía el distintivo «por el autor de El hombre de los dados», enaltecimiento y humillación a la vez. Aunque el libro que define al psiquiatra alcanzó una dimensión mítica a gran distancia de la isla donde fue creado, no puede acusarse al escritor norteamericano de haber descuidado la geografía que le acogió. Logró que novelistas ingleses de la talla de Colin Wilson o Anthony Burgess viajaran a Palma para participar en sus cursos.

Rhinehart es el hombre de los dados, porque la novela abunda en autoficción y el protagonista comparte nombre con el autor. El norteamericano recientemente fallecido destila el optimismo salvaje e impenitente que caracteriza a la marca Deià, la filosofía que compartirían habitantes del pueblo como Kevin Ayers o Mati Klarwein, y que se vería sublimado en los diseños de Sybil·la. Cuando se piensa que el enclave está patroneado hoy por la todopoderosa familia Swarovski o por Andrew Lloyd Webber, se aprecia el cambio de rumbo hacia la bisutería que la villa mágica ha imprimido asimismo a toda Mallorca.

Hablando de autoficción y por si las pruebas aportadas hasta ahora resultaran insuficientes, nada menos que Emmanuel Carrère cae rendido ante el novelista del azar con la misma fascinación que le empujó a biografiar a Philip K. Dick. El futuro Nobel francés homenajeó al mallorquín ocasional en un artículo publicado en The Guardian, bajo el título de ‘¿Quién es el auténtico Hombre de los Dados?’ El misterioso escritor detrás de la perturbadora novela de culto. Las incógnitas siguen vigentes, el libro se vende a cada edición. La fascinación del pseudopsiquiatra por su isla de acogida le llevó a convertirla en la protagonista absoluta de una novela cómica que publicó a principios de este milenio, Desnudo frente al mundo: una amable historia de amor pornográfico.

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