Arte&letras

Marsé reivindica su infancia como única patria

En ‘Notas para unas memorias que nunca escribiré’, mas allá de sus exabruptos, Marsé nos descubre los secretos de su mundo interno: la pérdida por el paso del tiempo, o su infancia

Juan Marsé.

Juan Marsé. / Nacho Gallego

Francisco Millet Alcoba

El fondo de armario de un escritor siempre suele ser hondo y almacenar un contingente de notas, reflexiones, vivencias, impresiones que de una u otra manera han servido para construir el andamiaje de sus escritos, novelas o relatos. Son su mundo interno, el nutriente del que se alimentan sus textos que luego ven la luz.

En el caso de Juan Marsé, del que aún no se ha cumplido un año de su fallecimiento, hemos asistido en estos meses posteriores a su muerte a la publicación de ‘Viaje al sur’, la crónica de un viaje por Andalucía que debió ver la luz en 1963, pero no lo hizo, luego se perdió hasta que unos meses antes de la muerte de Marsé fue descubierto en Holanda y publicado.

Y ahora nos llega ‘Notas para unas memorias que nunca escribiré’ que aunque ve la luz después de morir el escritor, contaron con el visto bueno del mismo, que dedicó los últimos meses de su vida a la revisión de esas notas.

El escritor nos revela que la literatura, el amor, la amistad y el sexo eran las cosas que más quería

A finales de 2003, a punto de cumplir los 71 años, una suma de aburrimiento, fastidio y fatiga llevó a Marsé a obligarse a la escritura de un diario, pese a su convencimiento de su inutilidad. Son frecuentes las citas sobre el desinterés del diario, pero «me he impuesto esta disciplina que me hace bien, me centra, me ata al bolígrafo y al papel». Junto al diario de 2004, se añade el contenido de tres libretas en las que Marsé realizaba anotaciones, capturas rápidas de recuerdos, de citas, de apuntes, observaciones criticas. Las notas van de 2006 a 2019. Describen sus ideas mas lucidas y humorísticas, las ilustras con dibujos propios y con recortes de periódicos y revistas.

Notas para unas memorias que nunca escribiré. Juan Marsé Editorial Lumen Precio 22,90€

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Tanto el diario como las notas contienen todo tipo de observaciones críticas de toda índole de personajes de la vida publica: políticos, periodistas, escritores, los obispos...

El interés de ello es relativo. No descubre nada. Todo aquel que ha conocido a Marsé a través de sus declaraciones públicas, de sus entrevistas en prensa, radio o televisión, de sus artículos periodísticos, está familiarizado con esa naturaleza indómita del escritor que decía lo que pensaba de quien fuese con descalificaciones que nunca tuvieron la condescendencia que otros aplican. Llamaba a Francisco Umbral «vanidoso gilipollas con prosa quincallera» y hacía un simple ejercicio de desahogo verbal.

Sus mundos interiores

Lo importante de este diario y sus notas es el descubrimiento del mundo interior de Marsé, mejor decir de sus mundos interiores. El escritor nos descubre así que «el amor, la amistad, el sexo, la escritura», son las cosas que más le importan y la preocupación por «preservar estos tesoros del moho del tiempo y de la vejez».

El paso del tiempo, el ingreso en la vejez le va infundiendo un agudo sentimiento de pérdida. «Así pues la vejez era esto, una atención persistente y fatigosa al cuerpo. Es el principio del fin».

Pero su mundo es sobre todo la literatura y en ese mundo no reconoce más patria que su infancia. «Me he cuidado siempre de cualquier contaminación identitaria. Mi pequeña patria es mi infancia, es una viña con un algarrobo y una balsa de regadío en el Penedés donde me bañaba desnudo cuando era niño». «Recuerdo a mi madre Berta sentada al borde de la cama cada noche, antes de acostarse, pinchando una naranja con una aguja hipodérmica, una y otra vez. Estaba aprendiendo a poner inyecciones para traer algún dinero extra a casa. Éramos muy pobres y mi padre estaba en la cárcel Modelo».

«Mi patria es mi infancia, una viña y una balsa de regadío donde me bañaba desnudo cuando era niño»

Finalmente, en sus últimos meses afloraba el sentimiento de sentirse ya «descatalogado y desconectado», como escritor y de encontrarse «en la antesala del olvido, respirando un venenoso silencio y un doloroso ninguneo», algo que fue una constante en su vida.

Por eso cree que el olvido llegará cuando mueran los recuerdos. «Y pienso en ese día en que ya no seré nadie. Ni siquiera un recuerdo. ¿Cómo será el olvido que me espera?».

SUS DARDOS

Camilo J. Cela. Era un buen prosista, un novelista palabroso y mediocre y un ciudadano detestable.

Periódico El Mundo. La lucha contra la estupidez en el mundo será larga, pero mucho me temo que la lucha contra la estupidez de El Mundo será eterna.

Monseñor Rouco. Leyendo las desvergonzadas declaraciones de monseñor Rouco (...) se me viene a la boca toda la pringue y a las narices toda la mugre de sacristía de los años cuarenta y cincuenta cuando estos miserables llevaban tan ufano a Franco bajo palio.

Franquismo. Nunca olvidaré quiénes fueron y son los verdaderos enemigos de la democracia y la libertad durante aquellos cuarenta años.

El Barça. El Barça es más que un club, por supuesto, es un antro, una mafia, presidida por Bartomeu.

Julia Navarro. Grado cero de escritura.

Juan Manuel de Prada. Los restos de Franco podrían estar enterrados dentro de Juan Manuel de Prada.

Pep Guardiola. Era un chico listo pero con su proclama independentista se ha revelado un tonto de solemnidad.

Catalunya independiente. No me gusta nada. Es la Catalunya ensimismada, victimista, hipócrita y carca que nos están fabricando una panda de políticos incompetentes y gorrones.

Rufian y Tardá. La famosa pareja cómica Rufián y Tardá, payasos volatineros y saltimbanquis en el Congreso.

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