Arte&letras - Viñetas raras

"'Romeo muerto' no es una lectura, es un arrebato"

La monumental obra maldita del cómic español da comienzo la Semana de Pasión en la ciudad expresionista, decadente, libidinosa y mórbida de La Mala Pena

Arrebato

Arrebato / Álvaro Pons

Álvaro Pons

La Mala Pena podría ser un lugar donde se oyen viejas canciones de amores perdidos, un lugar recóndito y perdido en la literatura del realismo mágico que hablara de personajes que arrastran sus lamentos por los amores que no serán con melancólicas canciones. Lo hubiera sido si el alcohol no se hubiera presentado en la vida de Santiago Sequeiros, como compañero ineludible y refugio de las aflicciones reales, impregnando ese rincón mágico del fuerte olor a sudor revenido, a dolor que se pudre por las esquinas, a desesperanza que cree que las penas se encarcelan en una botella y desconoce que la prisión es su cuerpo muerto y en putrefacción.

Arrebato

Arrebato / Álvaro Pons

Romeo Muerto (Reservoir Books) es una incursión en ese mundo que le ha costado casi 25 años de vida a su autor. Un lugar que escondía sus miedos y terrores, su pasado cegado por los vapores etílicos, creado con ladrillos de viñetas y tinta como cemento. Ambigú, La mala pena, To apeirón o Nostromo Quebranto fueron recibidas en su día, allá por los 90, con la alegría de descubrir a un autor que absorbía influencias como una esponja para luego volcarlas en un torrente arrollador de personalidad, sin saber que cada libro era parte de una pared que aislaba al autor del mundo, recluido en las habitaciones imaginadas de un hotel mohoso y macilento. Pero quedaba un pequeño resquicio que atravesaba esa inmensa muralla y comunicaba al autor con la realidad, un hilo de Ariadna trazado a pincel que tomaba forma de ilustraciones, como las que hizo para los libros de José Luis Sampedro, que le permitieron salir del pozo.

Arrebato

Arrebato / Álvaro Pons

Hace 25 años, Romeo Muerto comenzó a gestarse como un gran libro maldito del cómic español que quizás nunca vería la luz. Sin embargo, hoy es realidad, un cómic de inmenso formato en el que Sequeiros se abre en canal con una obra de poesía angustiada y desesperada. No hay relato ya en Romeo Muerto: aceptamos entrar de la mano de la autor en un perturbado tour turístico que nos llevará a una catarata de sensaciones. La insistente lluvia de orujo removerá recuerdos que vienen con olor a pescado muerto y orina, mientras Sequeiros nos va presentando a los habitantes de la Mala Pena, viejos compañeros de correrías que nos dan su mano sudorosa mientras el olor a sexo torturado empapa la atmósfera. La mamá grande, Ambigú y Simónide, el inspector Jonás Job, Fanny Pelopaja nos enseñan sus máscaras mientras la voz del autor nos trae los versos de un poeta desesperado en su aflicción, resignado a que el hedor de la muerte sea un aroma que se haga atmósfera.

Sequeiros aprendió de Miguel Florián, ilustrando sus poemas en la sublime PrOblEMAS (Ediciones de Ruina, 2005) y abriendo el camino a conectar entre sus primeros cómics y este Romeo Muerto que se antoja no como final de un camino de destrucción, sino como un inicio, una fiesta de celebración y un exorcismo de un pasado que nunca desaparecerá, pero que se ha quedado atrapado definitivamente por las calles de la Mala Pena. Y Sequeiros, demiurgo máximo, sabe que ha pasado de penado condenado a descarado Virgilio que nos acompañará a esta inmersión en los infiernos que tan bien ha conocido. O quizás como el diablo Cojuelo, riéndose de ante el profundo espanto de sus lectores al reconocer que esas viñetas que escupen tinta, sangre, lágrimas, sudor y semen no nos producen rechazo y aversión, sino una mesmérica atracción que hace imposible retirar la mirada. Porque, aunque no lo queramos reconocer, todos hemos transitado alguna vez las calles de La Mala Pena.

Romeo muerto no es una lectura, es un arrebato.

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