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Arte&letras

Dante Alighieri y la divina pandemia

Dante por Botticelli.

Dante por Botticelli.

La noche entre el 13 y el 14 de septiembre de 1321, con el fallecimiento del poeta Dante Alighieri, se apagó la luz que dio vida al prestigio literario inicial de la lengua italiana. En nuestra cotidianidad pandémica, diría infernal, parece casi irónico enfrentarnos a un aniversario tan importante como el de su muerte. Aun así, entre cuarentenas que se parecen al Purgatorio y demonios con forma de mascarilla, los italianos están organizando varios eventos para recordar a este extraordinario poeta, quien sentó las bases del idioma italiano. De entre todos estos, es preciso señalar los celebrados en la ciudad de Florencia, donde se ha inaugurado una exhibición virtual titulada A riveder le stelle, con los dibujos que ilustran al Dante Historiato, realizados por el pintor Federico Zuccari (1539-1609), o los conciertos que cerrarán este año conmemorativo en las tres ciudades claves en la vida de Dante: Florencia, Verona y Ravena, dirigidos por el maestro Riccardo Muti.

Los homenajes al poeta italiano, en realidad, ya habían empezado el año pasado, cuando el ministro de los bienes culturales Dario Franceschini proclamó el 25 de marzo como Dantedì, que en castellano sonaría como Día de Dante: un día completamente dedicado al poeta florentino, quien, supuestamente, elige esta fecha como el principio del viaje en el que cruzará Infierno, Purgatorio y Paraíso, dando vida a la ‘Divina Commedia’. Este largo poema, dividido en tres cantos, titulados justamente Infierno, Purgatorio y Paraíso, se escribe con el objetivo de entregar a la humanidad una lección de vida ejemplar: sólo entendiendo el infierno podrás alcanzar el paraíso.

Mensaje actual y necesario

Hoy en día, en esta realidad infernal que atenaza nuestras vidas, creo que el mensaje de Dante es más actual y necesario que nunca; si hay algo que el poeta florentino nos enseña es que no importa cuán horroroso sea el infierno, pues sigue siendo necesario para alcanzar una realidad de luz. De hecho, Dante ofrece una representación física del Averno, proporcionando descripciones detalladas sobre los sufrimientos de los pecadores: los cobardes, quienes nunca han tomado una posición, son condenados a correr en círculo durante toda la eternidad, persiguiendo una bandera blanca mientras unos gusanos destrozan sus cuerpos.

Es difícil no establecer un paralelismo entre el Infierno dantesco y el periodo que estamos viviendo

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Paolo y Francesca, a merced del viento de la pasión, que los estrella encima de rocas puntiagudas, demostrando así la magnitud del dolor provocado por la lujuria. Después de un viaje donde se mostrarán los pecados más abyectos, cuyos intérpretes son los mismos pecadores, Dante conseguirá salir del infierno, demostrando que es posible alcanzar el paraíso tras una purificación moral, que se concretará en el Purgatorio, representado por un cerro cuya ascensión es fatigosa y requiere un considerable esfuerzo físico. La llegada al Paraíso, sin embargo, compensa todos estos esfuerzos. En este lugar abstracto e inmaterial, el poeta florentino consigue vislumbrar el rostro de Dios, quien tiene los rasgos del ser humano.

En esta realidad pandémica que nos rodea, es difícil no establecer un paralelismo entre el Infierno dantesco y el periodo que estamos viviendo. La confusión generalizada me hace sentir como Dante en la «selva oscura», sin saber lo que pasará, y con la terrible sensación de que hay algo que no funciona. La situación parece aún más crítica porque carecemos de un guía, de un Virgilio, que esté a nuestro lado en este oscuro sendero lleno de incertidumbre. Sin embargo, si hay algo que nos enseñan los clásicos, es que sus temáticas son inmortales, pudiendo extraer distintas enseñanzas de su contenido. Entonces, se preguntará el lector, ¿cómo podemos aplicar el viaje de Dante a la realidad cotidiana de nuestras vidas? Hay que decirlo, en este periodo todos somos un poco Dante, a hombros de en una realidad que nos asusta, llena de horrores: el miedo a la enfermedad, a la muerte, a unos hospitales y a una sanidad próxima al colapso. Es en estas circunstancias, en las que solo parecen existir los efectos negativos del infierno humano, cuando tenemos que usar las lentes que Dante nos proporciona para enfocar el mundo terrenal. Emergen así las cosas negativas para que podamos verlas por lo que son y enfrentarnos a ellas. Así como sucede en la Commedia, esta Pandemia ha hecho aflorar multitud de problemas ignorados durante demasiado tiempo, como la necesidad urgente e inmediata de cuidar tanto el ambiente en el que vivimos como nuestra organización social. Es una Pandemia que provoca el surgimiento de una crisis del altruismo, cuando nos encontramos en la cola del supermercado con alguien que tose sin mascarilla, o, que tiene miedo al otro y decide blindarse contra todo contacto humano.

Esta es la verdadera actualidad de Dante que deberíamos festejar en el aniversario de los 700 años de su muerte: el infierno no solo es un lugar atroz, sino la posibilidad de sacar a la luz una crisis moral para que, como seres humanos, podamos examinar nuestros errores y enmendarlos. Por esta razón Boccaccio, años después de la muerte de Dante, definirá la Commedia como «Divina»: no solo porque el periplo dantesco concluye con la visión de Dios, sino por el profundo significado del poema, que permite al hombre salvarse.

Quizás sea demasiado pronto para aprender que «el amor mueve el sol y las otras estrellas», pero seguramente esta Divina Pandemia nos ayudará a salir de infierno para que «volvamos a ver las radiantes estrellas».

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