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Arte&letras

Chuck Palahniuk: «Me gusta escribir sobre lo que está temblando en el horizonte»

El autor de ‘El club de la lucha’ habla de su última maquinación oscura, ‘El día del ajuste’ (Random House)

«Me gusta escribir sobre lo que está temblando en el horizonte»

«Me gusta escribir sobre lo que está temblando en el horizonte» Elena Hevia

El profeta del caos. El escritor que se divirtió imaginando la destrucción del mundo. El autor al que la crítica le gusta odiar por repetitivo y sensacionalista. Con ustedes, el autor de ‘El club de la lucha’: Chuck Palahniuk. Está pasando la pandemia en una cabaña con chimenea en las nevadas montañas de Oregón, pero se ha trasladado a casa de un amigo en Portland porque en su domicilio no tiene buena cobertura ni desea tenerla. Allí, vía Zoom, habla de su última maquinación oscura, ‘El día del ajuste’ (Random House).

¿Cuándo vio la toma del Capitolio, una escena que parece extraída de su novela, se sintió inquieto por su predicción?

La verdad es que no. No hay que ser muy listo para saber que algo parecido podía pasar. Tuvimos todo un año de protestas muy violentas en verano en contra de las prácticas policiales contra los negros. Fue una reacción pendular que comprendo.

En Europa no nos podíamos creer el asalto, con ese figurón con cuernos que podría definirse como palahniukiano.

En Estados Unidos ocurren estas cosas cada cierto tiempo. Cosas de las que no acabamos de tener todos los datos, como el 11-S o el asesinato de Kennedy y que, posiblemente, nunca entenderemos.

¿Entrevistó a gente de extrema derecha para comprenderlo y escribir su novela?

También lo hice con la extrema izquierda. Quería describir las quejas de ambas partes. Siempre hago lo mismo. En ‘El club de la lucha’ transmití las inquietudes de muchos amigos y conocidos de mi generación.

¿Percibía que Estados Unidos se estaba convirtiendo en una sociedad fracturada?

Sí, gracias a internet. Antes el conocimiento venía de los periódicos o de la iglesia del barrio. Ahora la información está fraccionada en diferentes fuentes sin cohesión.

¿Joe Biden no va a calmar las cosas?

Nooo, en absoluto, porque internet y las redes sociales van a mantener a todo el mundo cabreado. Además, como los medios tradicionales han perdido tanto dinero se han visto obligados a espectacularizar las noticias, lo que no ayuda a que los ánimos se serenen. La solución es que la gente cierre la tele y abandone las redes sociales.

No diga que Trump no podía haberse convertido en un personaje suyo.

Al principio me pareció interesante que una figura pop como la suya acabara convirtiéndose en un político, pero se reveló terriblemente aburrido.

No le voy a preguntar a quien votó, pero sí si lo hizo.

Lo hice, pero no por nadie que pueda imaginar.

Me parece curioso que alguien tan iconoclasta como usted pase por las urnas.

Digamos que tiré mi voto. Dejémoslo así.

¿Cree que ‘El día del ajuste’ es una respuesta a la era Trump como lo fue «El club de la lucha» respecto a los miedos milenaristas del final del siglo XX?

Hay mucha gente en Estados Unidos que cree que lo que debemos hacer es balcanizarnos, que la segregación nos va a convertir en un país más feliz . El libro concreta esa fantasía que empieza a resquebrajarse con las parejas mixtas o los hijos gays y acaba en catástrofe.

¿Cuál es su relación con la violencia?

Bueno, mi trasfondo familiar fue muy violento. Mi abuelo mató a mi abuela y mi padre fue asesinado por el ex de su novia. Mi intención es mostrar esa pulsión de una forma organizada, como si se tratara de un juego, para que el lector no se quede paralizado ante ella.

Por eso ‘El club de la lucha’, que entre otras cosas es una suerte de glorificación de la violencia, acabó convertido en un icono generacional de la cultura norteamericana.

Sí, pero creció muy poco a poco. Tardó como diez años, cuando la película de David Fincher, que fue un fracaso en taquilla, acabó como un título de culto. Pero si hubo lectores apasionados es porque la escribí con pasión.

Las críticas de entonces se dividían entre los que le consideraban un fascista y los que creían que era un nihilista.

(Ríe). Si yo fuera un nihilista verdadero, habría eliminado todas las connotaciones negativas del fascismo y no lo hice. Pongamos que soy una especie de nihilista que elige el amor, el romanticismo y el optimismo.

¿Romanticismo? ¿Me habla en serio? Quizá pueda decirme por qué sus escenas eróticas no resultan muy sexis.

Gracias por eso. Cuando escribo una escena de sexo suelo darle un ángulo cómico y absurdo para resolver la tensión. Pero cuando la escena erótica no es absurda entonces acaba rompiéndote el corazón de tristeza. En el cuento ‘Tripas’, ¿lo conoce?

Ese cuento que provocaba que en su lectura las audiencias se desmayaran o vomitaran, sobre un chico que se masturba en una piscina…

Sí, pero también hubo gente que acabó llorando con el resultado.

En muchas de sus novelas ha retratado una masculinidad tradicional y a menudo tóxica. ¿Cómo homosexual [el autor tardó muchos años en revelarse como tal] tiene un especial punto de vista?

Soy crítico respecto a todo. Veo a muchas mujeres que conciben el feminismo adoptando las reglas de los hombres y esto ha diluido mucho los roles. Pero en fin, siempre he sabido aislarme de mi entorno y he llegado incluso a escribir en medio de un entorno ruidoso.

¿Puedo preguntarle en qué anda ahora?

Me interesa escribir sobre lo que está temblando en el horizonte y todavía no puede verse. Me gusta mucho hablar con la gente y averiguar experiencias que habían escondido en su memoria. En mi clase de escritura con alumnos jóvenes pero también hombres maduros, descubrí que muchos de ellos de niños no habían encontrado bolsas o cajas con revistas pornográficas tiradas en la basura o en una pista de golf, algo que nunca habían contado a nadie. De eso irá mi próxima novela.

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