A las doce del mediodía, los asistentes a la misa celebrada en es Canar con motivo de san Cristóbal ya pensaban en la suculenta paella que iban a comer más tarde. Una pequeña exposición de motos clásicas, como la elegante Bultaco Mercurio, y un desfile de carros payeses acompañaron una mañana de celebración.

La capilla de la localidad estaba llena de gente y contó por primera vez con la visita de Vicent Marí como presidente del Consell, acompañado de la alcaldesa del municipio, Carmen Ferrer. «Me trae muy buenos recuerdos después de haber asistido doce años seguidos como alcalde, y tengo muchas ganas de ir a probar las paellas», comentó Marí. El presidente explicó que se trata de «fiestas para compartir entre residentes y turistas, con un ambiente muy familiar que contribuye a que la gente de fuera conozca la zona y también Ibiza». «Si al volver a sus hogares conservan un buen recuerdo sobre su estancia, el servicio que han recibido y el cuidado del entorno, tendremos la mejor promoción turística: que se vayan felices del tiempo invertido aquí», concluyó.

Fiestas de es Canar (2019)

El obispo de Ibiza, Vicente Juan Segura, hizo lo propio y se desplazó a la capilla de es Canar a oficiar la misa del mediodía. Durante el sermón recordó a los asistentes quién fue san Cristóbal, patrón de los viajeros, y pidió extremar la precaución al volante. El obispo provechó para recordar la importancia de las normas: «Las autoridades elaboran normas que nosotros tenemos que cumplir. Si alguna vez se hiciese alguna que nos parece que no está bien, se puede hacer un recurso. Sin embargo, mientras las normas estén en rigor, debemos cumplirlas». «Desgraciadamente y por poner un ejemplo, en el camino al aeropuerto yo voy a 80 kilómetros por hora y me encuentro coches que van detrás de mí que me pitan para que acelere», añadió Juan Segura. Un pequeño coro participó en la ceremonia con sus cantos al son de un teclado. Fuera del lugar había un puesto que repartía comida tradicional.

Artesanía y motor

Artesanía y motor

Al terminar la misa, pasaron por delante los ocho carros tirados por caballos y el tirado por una mula montados por payeses, algunos de los cuales iban vestidos con los trajes tradicionales. El desfile dio una vuelta por la localidad con la ayuda del control de tráfico de la Policía, llamando la atención de los numerosos turistas. «¡No veo nada parecido desde que me fui de Harby!», exclamó Aaron Dudley, un visitante inglés residente en Birmingham que disfruta de unos días de descanso en Ibiza junto a su mujer, Marion. No sabían que iba a ocurrir nada de eso y confesaron que era «una sorpresa estupenda». «Vamos a ir corriendo, aunque no tengamos edad -explicaron al enterarse de que se iba a cocinar paella-. Estuvimos una vez en Valencia y nos encantó».

En una parte del paseo detrás de la playa se colocaron diez puestos de productos artesanales que ofrecían desde espardenyes a instrumentos típicos de Ibiza. Congregaron a decenas de transeúntes, residentes o turistas. Un poco más arriba, en el amplio terreno forestal de es Canar se colocaron numerosas mesas para recibir a las personas que querían disfrutar de una buena paella, además de una exposición de motos clásicas traídas desde el Club de la Moto Clàssica d'Eivissa i Formentera. Motocicletas españolas, italianas o incluso chinas eran presentadas a la gente, que podía acercarse y tomar fotos.Competición cervecera

Competición cervecera

A la sombra de los árboles había familias enteras sentadas con abundantes cantidades de bebida y comida. «Yo gano a mi hijo en cervezas: ya llevo cinco», bromeaba entre carcajadas un turista inglés, el señor Westwood. Su hijo, de unos veinte años, se quejaba de él: «¡No es justo! -repetía una y otra vez- ¡En Inglaterra te gano siempre!». La madre, mientras tanto, no paraba de reírse e insistir en que «el ganador será quien coma más paella». Cerca de ellos volvían los Dudley, que acababan de pasear por el mercadillo artesanal. «Me han gustado los zapatos, creo que serían mucho mejores que las chanclas. Además, me quedarían muy bien», comentó Marion.

Desde la organización explicaron que desde el año pasado no se hacen concursos de paellas porque son muy pocos los vecinos que se apuntan. «El año pasado hubo tres grupos cocinando, y uno de ellos era el municipal. Creemos que no tiene tanta gracia organizar un concurso con premio entre dos participantes, así que estos años hemos subvencionado a los paelleros». Camino de las tres de la tarde comenzaron a servirse los platos y cientos de personas pudieron disfrutar de una comida confeccionada para unas fiestas que se viven mejor en compañía.