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Justicia

¿Qué hacemos cuando nuestros hij@s nos piden ayuda?

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Rossana González

Sant Antoni

Soy madre de una adolescente de Eivissa. Hace unos días mi hija me contó una situación vivida mientras entrenaba en el gimnasio que la hizo sentirse insegura e incómoda. Como madre, hice lo que creo que habría hecho cualquier familia: buscar explicaciones, pedir responsabilidades y tratar de entender qué había ocurrido.

Contacté con el centro donde sucedieron los hechos y también acudí a las autoridades para informarme de cuáles eran mis opciones.

Lo que encontré fueron respuestas centradas en las dificultades para actuar: que es complicado intervenir después de varios días, que es difícil identificar a una persona si no fue señalada en el momento, que existen limitaciones para investigar determinados hechos.

Comprendo todas esas explicaciones.

Lo que me cuesta comprender es otra cosa.

¿Qué mensaje reciben nuestros hijos cuando reúnen el valor para contar algo que les ha hecho sentir vulnerables y la conclusión final es que probablemente ya no se puede hacer nada?

Escribo estas líneas porque me preocupa que como sociedad estemos aceptando con demasiada facilidad determinadas situaciones simplemente porque son difíciles de demostrar o de resolver.

Los padres no esperamos un mundo perfecto.

Pero sí esperamos que cuando un menor expresa una preocupación, el debate no termine únicamente en los obstáculos que impiden actuar.

Quizá deberíamos preguntarnos menos por qué es tan difícil intervenir después y más por cómo podemos prevenir, escuchar y reaccionar mejor antes.

Porque nuestros hijos aprenden observándonos.

Y la forma en que respondemos cuando nos piden ayuda dice mucho de la sociedad que estamos construyendo.

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