Agradecimiento
Gracias a la residencia Colisée
Catalina Puiggros
El temido momento de mi ingreso en una residencia había llegado, dado que últimamente mi artritis reumática había empeorado y necesitaba ayuda. Mi matrimonio de 30 años había sido un fracaso, y las víctimas principales, mis hijos, con un padre irresponsable, sin principios ni valores, que con su violencia de alcoholizado los destrozó.
Yo tuve que ganarme la vida durante casi 50 años dando clases particulares de inglés, catalán y música. Pero al final la vida se había hecho imposible sin ayuda, y tuve que escribir al Govern balear diciendo que era injusto que con 91 años tuviese que morir dudando de la existencia de Dios y de la solidaridad humana.
Los del Govern me visitaron de inmediato, ayudándome a recoger mis pertenencias y lo imprescindible para Colisée. Había comido poco y mal y estaba muy desnutrida pero los cuidadores me sentaron de inmediato en un gran y espacioso comedor junto a los demás ancianos. Nos sirvieron una comida de dos platos, a cuál más rico, finalizada con un postre de tarta creada por las cocineras de la Casa, Magdalena Galán, Melody y Catalina, que por poco me desmayo de puro placer.
Es difícil, en estas circunstancias, poner a cada uno en el justo lugar que le corresponde. Los cuidadores son los primeros que lo tienen todo perfectamente controlado.
Doctores, enfermeros y gente especializada en medicina tratan tus achaques con tanta ternura que convierten su trabajo en placer para ti.
Entre los que merecen especial atención están las recepcionistas: Patricia, Lola y Nuria, de administración, perfectamente preparadas, hablan correctamente inglés, francés y alemán, pero lo más importante es su gran humanidad y bondad con todos. Y yo, que llegué desnutrida, he vuelto a vivir. Qué respiro en los jardines que rodean esta magnífica residencia. Olivos milenarios, palmeras y árboles exóticos.
Pero no sería justo dejar a los fundadores de esta gran obra sin felicitar. Se requieren gran inteligencia y formación para ello, y en una isla tan reducida como Ibiza es excepcionalmente ejemplar. Esta empresa magna está sobrada de los valores que tanto necesitamos los seres humanos al final de una vida de trabajo y de cuidar a los seres queridos.
El temor y la ansiedad de verme en una residencia, por obra y gracia de esta magnífica empresa, se han convertido en un soplo celestial de bienestar.
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