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Atropello

Discotecas y funerarias

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Antonio Martínez Carrera

Ibiza

Son los negocios más lucrativos y con mayor proyección de futuro en la isla de Ibiza. Si no tienen acciones de ninguno de los dos rubros, les recomiendo que se hagan con alguna, porque esto va a más y más.

El pasado domingo una nueva noticia nos ha dejado a todos devastados. Si es que ahora ya no estamos a salvo ni caminando por la acera. Porque los hooligans que se atiborran de alcohol y sustancias, y se lanzan al vacío como lemmings sin control, en el fondo, y aunque sea duro afirmarlo, son los propios culpables de su desgracia. (No creo que les hayan puesto una pistola en la cabeza para que ingiriesen alcohol hasta la extenuación, o que se drogaran con la papelina cochambrosa que le venden en cualquier esquina). Pues seguramente fueron sus (erróneas) decisiones las que les llevaron a su triste final. Por el contrario, estas tres muchachas estaban caminando por la acera durante sus vacaciones en la luminosa Ibiza, sin embargo, la canícula de diversión y de color se ha tornado tenebrosa. Para una de ellas el telón ha bajado para siempre, y quienes sufren ahora el dolor y las consecuencias son sus amigos y familiares. Porque nadie les devolverá a su hija, hermana y amiga.

Y aunque los accidentes son accidentes, y quizá nos estamos precipitando al juzgar al tipo que iba (drogado, tal como se ha afirmado) al volante de ese Jeep Wrangler... de verdad, ¿es necesario? ¿Es necesaria tanta fiesta diurna, tantas salas con miles de personas abarrotadas, tanto subsahariano vendiendo drogas, tanto aparente lujo de cartón piedra, tanta botellita de champán con bengala, tanta oda al exceso? ¿Es necesario que los británicos perciban que esto es el “Far west”, una maldita isla sin ley, donde todo vale, y nada importa?

Demasiada gente que regresa a su país en una urna. Eso no nos lo planteábamos ni en nuestras peores pesadillas, y de pronto, se ha convertido en el pan de cada día en Ibiza. Pronto habrá que empezar a leer los periódicos por las esquelas, no sea que, la próxima vez (Dios no lo quiera), la locura de discotecas y vicios en que se ha convertido Ibiza, haya acabado segando la vida de uno de nuestros vecinos.

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