En la inauguración del Gay Pride, que se celebró este miércoles en el puerto de Ibiza, no pude apreciar ninguna actuación que defina al colectivo. El grupo invitado, La Unión, fue el primero en actuar, aún no eran las 20 horas, con muy poca gente y bajo un sol abrasador. Después fue todo música electrónica hasta la medianoche. Lo que más me llamó la atención, y que a mí y al colectivo no nos hizo ninguna gracia, fue ver una zona VIP acotada por vigilantes de seguridad de una empresa privada, a la que solo podían pasar los que tenían credencial, como el actual alcalde, Rafa Ruiz; el exconseller Vicente Roig; su sustituta, la consellera socialista Marta Díaz, y algún enchufado/a más. Una zona VIP con todas sus comodidades y barra libre. De vez en cuando salían del ´privado´ para mezclarse con los ciudadanos que los han votado, y que con sus impuestos han restaurado el puerto y esa zona VIP inaccesible para muchos.

Nos sentimos ciudadanos de segunda, cuando precisamente el sentido de este acontecimiento es el respeto, la tolerancia y, sobre todo, la no discriminación. Crear una área VIP es totalmente discriminatorio. Me gustaría preguntarle al alcalde: ¿qué sintió cuando estaba en el VIP viéndose observado por los ciudadanos que no podían pasar?

De paso quisiera refrescarles la memoria a los organizadores, porque se dice que el colectivo LGTB es de reciente creación. Pues bien, los estatutos del verdadero colectivo LGTB de Ibiza y Formentera fueron registrados en Palma y Ibiza en 2004, pero, por falta de ayudas y soporte, en 2011 empezaron a tener problemas y tuvieron que cerrar su oficina, situada en la Plataforma Sociosanitaria que el Ayuntamiento tiene en la calle Madrid. Y tampoco es el primer Pride que se celebra en Ibiza: el primero fue en 2005.