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Acoso sexual a las camareras de piso en Baleares: «Huéspedes que están desnudos en la habitación te invitan a entrar»

El hostigamiento sexual a estas trabajadoras para intentos de encerrarse con ellas en la habitación, desnudarse frente a ellas, intentar tocarlas, hacerles proposiciones o incluso perseguirlas por el hotel

Una camarera de piso.

Una camarera de piso. / DAVID REVENGA

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Palma

El estudio sobre el acoso a las camareras de piso en Baleares recientemente publicado por el IB-Salut, la UIB y el IDISBA incluye una parte cuantitativa realizada a partir de encuestas y otra cualitativa, confeccionada a partir de grupos de discusión. Así, la investigación recoge algunas frases literales de las participantes que muestran qué tipo de situaciones indeseables se pueden llegar a encontrar en su trabajo y cómo las afrontan, incluyendo episodios de agresión sexual de mayor o menor gravedad.

Así, durante esas conversaciones puede verse de forma muy clara cómo las trabajadoras tienen casi asumidas determinadas conductas leves de acoso sexual por parte de los huéspedes. Solo el 5% de las camareras de piso dijo haber sufrido acoso sexual. Un 8% dijo haber recibido proposiciones.

Varias reportaron episodios relativamente frecuentes, como que el cliente permanezca en la habitación mientras ellas trabajan y que intenten cerrar la puerta. O que las reciban desnudos, algo que parecían tener normalizado.

«Me ha pasado, que el hombre está desnudo y dices ‘¡oh! Lo siento, volveré más tarde’ y ellos decirte ‘No, entra, entra’», confirmó una de las participantes en el estudio. Otra declaró: «Tenía un huésped que siempre esperaba hasta que su esposa se fuera a la piscina y que yo llamara a la puerta, entonces se desnudaba. Todos los días hacía lo mismo». Ante estas situaciones, la mayoría de las consultadas señaló que se lo toman con «humor» y en general muestran una «alta tolerancia».

Acorralada en el baño

Una participante narró una situación en que un huésped intentó tocarla: «Estaba limpiando el baño, entró y me tenía acorralada, intentó tocarme el trasero y empezó a hablarme en alemán, yo no lo entendía». Otra contó que un cliente borracho «intentó ir demasiado lejos» y le tocó el culo, una agresión que durante la conversación con los moderadores del grupo de discusión ella rechazó considerar acoso sexual.

Ante estos intentos de tocamientos y hostigamiento (una contó que un cliente la perseguía por el hotel, otra relató como un cliente le pidió a una compañera que le masturbara), las trabajadoras dicen sentirse solas (de hecho, una demanda recurrente del colectivo es poder trabajar en parejas) y temen explicar lo ocurrido «al ser su palabra contra la del cliente». Con todo, en general dijeron sentirse respaldadas por sus supervisores cuando reportan alguna situación así. La solución que suelen recibir, explicaron, es que se habla con el cliente, se le permite en este caso trabajar con una compañera o que deje de limpiar esa habitación hasta que este huésped se vaya.

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