MADRID | EFE
Investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) señalaron ayer que no hay datos que indiquen el final de la erupción, por lo que «continuarán los efectos negativos sobre el espacio aéreo europeo, aunque con impacto desigual a lo largo del tiempo en función del aporte de magma, la intensidad explosiva y las condiciones meteorológicas»
Un grupo de investigadores han coordinado una expedición científica que, durante los ocho primeros días de mayo ha estudiado in situ la erupción del volcán islandés Eyjafjalla y han recogido muestras de ceniza para su posterior análisis, informó ayer el CSIC en un comunicado.
Los datos recogidos sobre temblores y pequeños terremotos evidencian el ascenso de nuevos pulsos de magma hacia la superficie y permiten predecir su continuidad, señalan los expertos.
«No hay datos que indiquen el final de la erupción, por lo que continuarán los efectos negativos sobre el espacio aéreo europeo, aunque con impacto desigual a lo largo del tiempo en función del aporte de magma, la intensidad explosiva y las condiciones meteorológicas», según el investigador José Luis Fernández Turiel.
El grupo de científicos destaca la continuada actividad explosiva del volcán, con columnas piroclásticas (compuestas de gases y cenizas) que alcanzan entre los 6 y los 7 kilómetros de altura, lo que ha ocasionado una amplia dispersión de cenizas hacia el este y el sureste del volcán.
Las sucesivas oleadas de cenizas han ido recubriendo paulatinamente todo el glaciar de la cumbre del volcán, de forma que casi toda su superficie presenta un color negro.