BARCELONA | EFE
Cataluña va recuperando poco a poco la normalidad tras el colapso provocado por la histórica nevada de ayer, aunque se mantienen problemas en el suministro eléctrico y para acceder a Francia por carretera, y va en aumento la tormenta política sobre la gestión de la emergencia.
Tras la intensa nevada del lunes, que colapsó las carreteras y el tren y dejó sin luz a unos 220.000 abonados y sin colegio a más de 160.000 alumnos, Cataluña amaneció ayer con un sol espléndido, que vaticinaba que poco a poco se iría volviendo a la normalidad, como finalmente ocurrió.
Por ejemplo, casi el 70% de los abonados que estaban sin luz durante las últimas 24 horas estaban recuperando anoche el servicio, según Fecsa-Endesa, aunque aún quedan zonas oscuras, especialmente en la provincia de Girona, donde viven más de 60.000 personas.
El presidente del Gobierno catalán, José Montilla, que viajó a Sant Feliu de Guíxols (Girona) para conocer los problemas en estas comarcas, habló con los responsables de REE y Endesa, a quienes pidió que se coloquen los generadores necesarios para suplir la falta de energía en las zonas consideradas vulnerables, como los hospitales.
Además de la falta de electricidad, unos 50.000 usuarios seguían ayer sin teléfono fijo, sobre todo en Girona, donde también cayó el 80% de la red de telefonía móvil, de todas las compañías.
Por su parte, la red viaria estaba ya prácticamente normalizada, si bien aún persiste como punto muy conflictivo el paso fronterizo de La Jonquera, donde se acumulan colas de hasta 50 kilómetros, en la AP-7, y de 26 kilómetros, en la N-II, debido a la masiva presencia de los 9.000 camiones que el lunes quedaron atrapados.
El secretario general de Interior, Joan Boada, atribuyó este colapso al hecho de que las autoridades francesas mantienen abierto en su lado de la frontera un único carril por motivos de seguridad, por lo que están en negociaciones con Francia para que abran un nuevo carril.
Las máquinas quitanieves trabajaron duro para despejar las carreteras que, entre otros problemas, impidieron que la jornada escolar se desarrollara con normalidad.
Como ocurrió el lunes, unos 164.000 escolares –casi el 15% del alumnado– no pudieron asistir ayer a clase, especialmente en las comarcas de Girona y en la Cataluña central, a los que se han sumado unos 10.000 universitarios de la UB, la UAB y la Universitat de Vic.
Pero mientras los efectos del temporal languidecen, emerge con fuerza una tormenta política, con críticas cruzadas entre gobierno y oposición sobre quien gestiona mejor las situaciones de emergencias.