COPENHAGUE | ANXO LAMELA / EFE
La presencia del presidente de EEUU, Barack Obama, en la recta final de la Cumbre Mundial sobre el Cambio Climático de Copenhague (COP15), ha llenado de optimismo al Gobierno danés, que afronta desde mañana una cita histórica para Dinamarca por el despliegue organizativo y de seguridad.
El anuncio de la Casa Blanca de que Obama estará en Copenhague el 18 de diciembre, junto con un centenar de jefes de Estado y de Gobierno, ha sido interpretado por los anfitriones daneses como una señal de que habrá un acuerdo político ambicioso.
El primer ministro danés, Lars Lokke Rasmussen , considera el cambio de fecha del viaje de Obama, que no será el 9 como estaba previsto, la expresión de «una dinámica política en crecimiento» y ha definido como crucial su liderazgo global y atención al cambio climático.
Más optimista aún ha sido la ex ministra danesa de Medio Ambiente y presidenta del COP 15, Connie Hedegaard, muy activa en los últimos dos años en las negociaciones para allanar el camino hacia un acuerdo mundial.
«Casi no se puede señalar de forma más clara que es ahora cuando hay que cerrar un acuerdo. Es difícil imaginarse que toda esta gente se vaya de Copenhague con las manos vacías», dijo ayer Hedegaard.
Aunque se ha esforzado en vender que la COP15 es de por sí un éxito, Hedegaard no ha ocultado las dificultades que plantean las negociaciones, en especial la cuestión de la financiación de los mecanismos de mitigación y adaptación para los países en desarrollo.
Desde que hace unas semanas se hizo evidente la imposibilidad de un tratado jurídico vinculante, los esfuerzos de Dinamarca han ido a defender la validez de su propuesta en dos pasos, apoyada por EEUU: alcanzar un acuerdo político con todos los puntos esenciales en Copenhague y plasmar su traducción jurídica para 2010.
En los últimos meses Rasmussen ha estado presente en todos los foros mundiales significativos, recabando apoyos y asegurando la presencia de los líderes mundiales en Copenhague.
El cambio de estrategia del Gobierno danés le ha valido críticas de países en desarrollo y de ONG por rebajar las ambiciones iniciales y reducir el criterio de éxito a la presencia de Obama.