LIMA | EFE
Existe en Lima uno de los museos más surrealistas del mundo. Lo construyó la policía con material incautado a los terroristas de Sendero Luminoso, y al mentor y jefe de Sendero, Abimael Guzmán, le gustó tanto que lo rebautizó como ´Museo de la Revolución´. No contiene armas o bombas caseras del grupo que aterrorizó al país en los años ochenta y noventa. Tampoco fotografías con imágenes de los sangrientos atentados u objetos que recuerden aquellos años en que Lima estaba prácticamente cercada por un país en llamas. No: los objetos que se exponen en las vitrinas son alfombras, bandejas de té, medallas, y hasta las lentes que usaba Abimael o sus medicamentos, en lo que aparenta ser un ingenuo homenaje al grupo maoísta que mató a cerca de 35.000 compatriotas por razones ideológicas.