ROMA | OTR PRESS
La ausencia de los líderes de las principales economías del mundo así como la falta de concreción en los acuerdos alcanzados por los distintos países marcaron la primera jornada de la Cumbre Mundial sobre la Seguridad Alimentaria que se inició ayer en Roma, en la sede de la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO) de las Naciones Unidas.
A excepción del primer ministro de Italia, Silvio Berlusconi, la reunión estuvo caracterizada por la ausencia de los demás miembros del G-8, es decir, de las economías más potentes del mundo, hecho que fue subrayado por el director general de la FAO, Jacques Diouf, así como por los principales responsables de la sociedad civil y de las organizaciones no gubernamentales que participaron en el evento.
La cumbre contó, en cambio, con la presencia del Papa Benedicto XVI, que ayer por la mañana definió el hambre como «el signo más cruel y concreto de la pobreza» y lanzó un llamamiento contra «la opulencia y el derroche» en un mundo en el que pasan hambre más de 1.000 millones de personas.
La presencia del Pontífice fue muy aplaudida por Diouf quien, después de lamentar la ausencia de «los líderes de los países que tienen poder material», celebró la participación, no obstante, de Benedicto XVI, quien dio una «dimensión espiritual» a la reunión, aseguró.
Además del Papa estuvieron presentes el secretario general de la ONU, Ban Ki Moon; el presidente de Brasil, Luiz Ignacio Lula da Silva; la de Chile, Michelle Bachelet; el líder de Libia, Muamar Gadafi; y el presidente de Egipto, Mohamed Hosni Mubarak, entre otros.
Por parte española, participó una delegación presidida por la ministra de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, Elena Espinosa, y la Secretaria de Estado de Cooperación Internacional, Soraya Rodríguez Ramos.
Sin embargo, el borrador de la declaración aprobada por los representantes de los distintos países presentes fue criticado por su falta de concreción en cifras y fechas. Si bien los países acordaron trabajar para invertir la tendencia a la baja de los fondos para la agricultura y promover nuevas inversiones en el sector, Diouf lamentó el hecho de que no se hubiera hablado de una cantidad concreta de dinero ni tampoco de un plazo para estos objetivos.
«Si se fija una meta es necesario cuantificarla y decir cuándo se tiene que cumplir», explicó Diouf en el marco de una rueda de prensa, durante la que aprovechó para renovar una vez más su llamamiento para que la comunidad internacional invierta 44.000 millones de dólares cada año en inversiones para el desarrollo y la innovación agrícola de los países más desfavorecidos.
En realidad, «se trata de una cantidad pequeña si se compara con los 365.000 millones en subvenciones a los productores agrícolas en los países de la OCDE en 2007», destacó e insistió en la necesidad de producir alimentos en el lugar donde residen los pobres y hambrientos.